Nº 7 — Corea del norte — «Un cañón de lápiz»

Empecemos fuerte. Corea del norte, como toda dictadura, invierte bastantes recursos en anuncios propagandísticos para mantener a la población sumisa y estupidizada. La utopía socialista del lejano oriente ha demostrado ser un régimen cerrado al mundo en el que rara vez entran productos del extranjero. Y a diferencia de la fantasiosa Wakanda de los cómics de Marvel, el país de la dinastía Kim es el vivo ejemplo de lo que conlleva vivir en la autarquía durante la época de la globalización: una idea terrible que congela un país entero en el tiempo, reprime a sus habitantes y solo una pequeña élite tiene una vida digna; y muy privilegiada por lo que se muestra en los documentales que hay sobre el país.

Lo que más me fascina de Corea del norte no es que el régimen consiga engañar a sus ciudadanos, sino que también consigue, sin saberlo, que personas del primer mundo vean a Corea la hambrienta como un país ejemplar. En serio, ese tipo de persona existe. Verlos defender al gordito mal peinado es desternillante. Qué ganas de que llegue el día en que Alejandro Cao de Benós deje de recibir la simpatía del régimen para que cuente las sombras de Corea la pobre que calla de forma sistemática.

 

Como no podría ser de otra manera, el corto es una fantasía comunista. En él, un niño que lleva un sombrero con una estrella roja persigue un animal salvaje, probablemente porque tiene hambre, ya que la cartilla de racionamiento es insuficiente para cubrir sus necesidades alimenticias.

El chico no quiere hacer sus deberes de matemáticas, se queda dormido y comienza a soñar. En el sueño, él es un militar vigilando el mar, por donde viene una suerte de barcos-tanque de la marina estadounidense que disparan balas de cañón infantilizadas, parecidas a las de Super Mario pero con aspecto de fiera marina. El chico, ni corto ni perezoso, dispara lápices gigantes con su cañón casero y efectivamente derrota a varios barcos-tanque americanos. Me pregunto si es así cómo los adoradores occidentales de Corea la cutre se imaginan una guerra entre ambos países.

El chico despierta tras una herida de bala de cañón americana y, en lugar de salir a jugar con su amigo, que lleva el mismo sombrero que todos los demás chicos, prefiere quedarse estudiando para algún día llegar a ser un militar que luche contra barcos-tanque del país de donde proviene la plataforma que nos permite disfrutar de este cortometraje.

¿Qué se puede decir del corto? Es la propaganda esperada de un régimen atrasado en casi todos los aspectos. Presenta a los niños de su país como modélicos y el enemigo queda caricaturizado de una forma tan simplista que resulta tonta y ridícula, por lo que es estupendo para echarse unas risas.

La animación no es gran cosa y en realidad no importa entender lo que dicen los personajes. Por lo menos la música es bonita, algo casi omnipresente en los dibujos animados asiáticos.

¿Listo para el siguiente puesto o ya te has sacado los ojos con el lápiz coreano que compraste por eBay? ¿O tal vez te compraste el sombrero con la estrella y la cara del dictador?

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