¿Me quedo con los libros largos o con los cortos?

Hago esta entrada porque hay un tema que me apetece tocar desde hace tiempo y debido al cual no suelo hablar mucho de libros ni de películas con la gente. No quiero parecer burdo ni hablar de manera agresiva contra nadie en concreto, pero es un hecho que hay personas con una mentalidad bastante limitada y con las que no se puede discutir. Y es que hay personas que rechazan leer un libro que les interesa solo por ser demasiado largo o corto según su punto de vista. Me pregunto cuánto habrán leído últimamente y si habrán reflexionado al respecto.

Haciendo un paralelismo con Einstein, ¿estás personas habrán oído hablar de la treeoría de la relatividad? En mi opinión, la extensión de una obra puede ser objetiva y medirse en páginas o minutos, pero el tiempo que se la va a dedicar no siempre se corresponde con su extensión. A veces me gusta volver a ver una escena en concreto de una película, o ver esa película dos veces, o pausarla para reanudarla unos días más tarde porque no la estoy disfrutando lo suficiente. Y del mismo modo, hay libros que pueden devorarse en una tarde y hay obras y sagas cuya lectura puede ocupar meses. Por ejemplo, la mayoría de historias de Mortadelo y Filemón son breves pero se me hacen eternas. En general, me resultan casposas por el lenguaje recargado, barroco, artificial, pseudoformal y deliberadamente extraño. Es solo una opinión de mierda, pero no les veo ningún encanto.

Del mismo modo, hay ciertos libros cortos que pueden ocupar mucho tiempo de lectura, por su complejidad o porque conviene leerlos despacio para degustarlos, o porque no son del gusto del lector. ¿O acaso os leísteis y entendisteis enseguida El lazarillo de Tormes cuando estabais en el colegio?

Y ya os digo, una de mis mayores decepciones literarias fue Las almas de Brandon, cuya crítica es la entrada más leída de este blog. Por otro lado, los libros de conocidos que he comprado, sobre todo de poesía, eran cortos y no me gustaron mucho. Vamos, que el que un libro sea corto no es sinónimo de disfrute textual. Encontraréis buenos ejemplos de libros cortos de gran calidad, como Alicia en el país de las maravillas, y libros prescindibles o flojos, como Alicia a través del espejo, probablemente la primera secuela decepcionante de la historia. Pero ese es otro tema.

Y sin embargo oyes por ahí que no leen libros largos porque les dan pereza. Oiga, ¿en qué año se estancó su mente, señoría? ¿No ha entendido que hay buenos libros y malos libros, o libros que serán de su gusto y otros que no, independientemente de la extensión de estos ya que no se trata de un factor determinante?

Luego están los del caso contrario, los que solo leen libros gordos. En parte entiendo su postura, puesto que doy fe de que hace falta incluir muchas descripciones o tramas para dar profundidad a la obra. Pero pienso: ¿nunca se han aburrido con un tocho insufrible? ¿Con un recopilatorio de historias de relleno al más puro estilo de un Ken Follet o ciertas obras de Anne Rice o Stephen King, o los mangas que nunca terminan?

De hecho, una escritora que conozco me contó que tenía un libro cortito, unas 150 páginas, y lo presentó a una editorial. Le respondieron que les interesaba la historia pero desde un punto de vista empresarial no funcionaría por ser demasiado breve. Le sugirieron que lo extendiera hasta rozar las 500 páginas, pero ella contestó que no le parecía bien, que la historia era simple y con 150 páginas era suficiente. Al final, después de mucho esfuerzo consiguió forzar la historia y alcanzar las páginas requeridas por la editorial. ¿La respuesta de la editorial? Pues, obviamente, que la historia se resentía y que se hizo muy larga. Exactamente lo mismo que les dijo la escritora. Pero por desgracia sí hay historias con un relleno innecesario que entorpece el ritmo de la lectura.

¿A qué viene todo esto? Pues a que me apetecía exponer ciertas ideas sobre quejicas insignificantes. Últimamente veo mucha gente preocupada por detalles insustanciales como la extensión de un libro o que un personaje de su infancia saldrá en una nueva película y le han cambiado el color de la piel, del pelo o la procedencia, y se siente raro que le cambien el aspecto a un personaje de la infancia. Ay, almas de cántaro, ¿qué edad mental tenéis? ¿Tanto os importa ese remake? Pues no lo veáis, que en poco tiempo nadie se acordará del tema. Si es que os quejáis de vicio.

Me encuentro con comentarios que suenan así: «Uy, que ese libro que me llama muchísimo la atención es demasiado largo/corto, voy a autocensurarme y no lo leeré. Y me quejaré mucho por internet para creerme interesante. Como no tengo problemas reales ni nada en qué ocupar mi tiempo, buscaré algo de atención».

En definitiva, se ha vuelto muy difícil discutir tanto sobre temas serios como sobre nimiedades por culpa de ideas sin profundidad ni matices. Se nota que a los humanos nos gustan las explicaciones o las no explicaciones simplonas. Por el contrario, la cultura del descubrimiento y de no creerse todo lo que dicen por ahí está desapareciendo. Incluso aquellos que dicen ser radicales y de ir en contra del sistema solo buscan llamar la atención, puesto que están conformes con la opinión pública y con el sistema en casi todo.

Lo cierto es que hace años, cuando vi las películas de El señor de los anillos al principio no quería verlas porque eran demasiado largas. No obstante se me hicieron bastante cortas porque tenían muy buen ritmo narrativo, no como ciertas pelis de Marvel que, a pesar de tener la misma duración, estaban forzosamente ejecutadas porque había que explotar la misma fórmula una y otra vez. Desde entonces traté de no juzgar una película por su extensión.

Recientemente empecé a leer esa saga de libros de Tolkien. Serán largos, pero se me están haciendo cortos por ese mismo motivo. Como en la teoría de la relatividad, puede que el tiempo sea relativo pero la capacidad del autor para captar al lector era magistral. No fue así en los libros cortos y largos que dejé a medias.

En fin, que leas lo que te dé la gana, tenga mil páginas o solo cincuenta, pero no te recomiendo caer en dogmatismos de mierda, valga la redundancia. Gracias a estos ejemplos y otros más duros, como conocer extremistas y entablar largas conversaciones con ellos, he ido librándome de personas dogmáticas y volviéndome más liberal y librepensador. Ya hay muchos problemas en el mundo, ¿para qué crear más?

Es triste, pero las personas exageradamente pesimistas tienen un problema para cada solución, y a largo plazo acaban cansando, y mucho.

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