Viaje a la nostalgia 3: «El libro de la selva» — Cuando se dieron cuenta de que Shere Khan era cojo, cobarde y un mal cazador tuvieron que cambiarle la personalidad

(Esta entrada está llena de spoilers. Quien avisa no es traidor, así que tuya es la decisión de aventurarte a que te destrocen la infancia o te muestren una historia que ya conocías con un toque distinto)

Para este viaje a la nostalgia he leído por fin la obra de Rudyard Kipling y mi sentido común me dice que he hecho bien en haber esperado. Si lo hubiera hecho unos años atrás no me cabe duda que mi desprecio por las adaptaciones que poco o nada tienen que ver con el material original se habría lanzado sobre todas las adaptaciones por no ser fieles al texto del autor premiado con el Nobel. O tal vez me habría enfadado con el libro por haberme «destrozado la infancia». La obstinación del bebé gordo y chillón que habita en el corazón de todo nostálgico o ser inseguro no es la parte más bonita de la personalidad de un friki de mierda, se ve a leguas. No obstante, los tiempos cambian, los gustos también y he podido disfrutar de una de las obras que le dio el galardón a un escritor joven, el primero en escribir en lengua inglesa y lograrlo, y que da la casualidad que vino de oriente para darnos a occidente una lección de respeto hacia los animales y de cómo un mini Tarzán tampoco se adaptaría a una vida civilizada con otros seres humanos. Sí, todo lo contrario de lo que nos dijo Disney con aquella maravillosa película.

Recuerdo con mucho cariño aquellos días, pegado a la tele con mi preciada cinta en VHS. Mientras la mayoría de los críos de mi generación prefería las películas de los 90 (Aladdín, El Rey León, La Bella y la Bestia, Hércules…), mis clásicos de Disney favoritos eran títulos de los 50-60 como La Cenicienta, 101 Dálmatas o, la que era mi favorita, El libro de la selva. No hace mucho tiempo volví a verla con una persona tan fan o más que yo y fue muy raro vernos a los dos cantando Lo más vital y otros temas. Ojo, repetiría la experiencia todos los años. Pocas amistades hay más bonitas que la de dos frikis de mierda. Tal vez una entre dos idiotas, pero de eso hablaremos otro día.

Bien, olvidaos de la película si pretendéis leer a Kipling. El libro original ni es infantil ni tiene un final feliz. En su lugar hay crudeza, maldad y la segunda mitad del libro no tiene nada que ver con la historia que todos conocemos. Quien no lo sepa, que tenga en cuenta lo siguiente antes de ponerse a ello: El libro de la selva es una recopilación de cuentos. Y los cuatro últimos nada tienen que ver con Mowgli y compañía. En su lugar son historias sobre otras criaturas, como los camellos, las focas, las serpientes y las mangostas o los elefantes, en los que se pone de manifiesto que el mayor peligro para ellos es la maldad del hombre. No me parecieron interesantes, la verdad sea dicha. Entiendo que en la época, finales del siglo XIX, serían revolucionarios y rememorarían a San Francisco de Asís, pero a día de hoy no son más que un puñado de historias anecdóticas anticuadas. Algo así como ver Emmanuelle buscando erotismo y sentir picores.

Volviendo al cachorro humano, sus cuentos muestran un niño criado por lobos a quien un tigre pretende cazar por miedo a que este lo mate a él cuando crezca. Hasta que lo leí no me di cuenta de un hecho que de pequeño pasó desapercibido ante mis ojos: Shere Khan es un cobarde. Y no solo eso. En los cuentos también es cojo de nacimiento y un mal cazador. Los lobos, organizados, lo podrían matar en un santiamén. Pero los caninos se rigen por la ley de la selva y no atacan si no es para comer o defenderse. Y es raro ver a Shere Khan suplicar a los lobos que le dejen comerse al niño, dar argumentos para que se lo den a él, tener amigos como chacales que lo ayuden o caminar con torpeza. El tío solo caza el ganado custodiado por los hombres, razón por la cual los humanos se la tienen jurada y un cazador pretende matarlo y colgarse una medalla, y tal vez extender su piel en el suelo del salón y colgar la cabeza en la pared.

También es raro que en esta historia Baloo sea un personaje bastante civilizado, serio y amigo de los lobos. Todos recordamos al oso bailón, cantarín e incluso representante de ciertas características del anarquismo de la película de Disney. No obstante, aquí ejerce de maestro para el chiquillo, como en la película, pero sin canciones ni diversión, solo mano dura. En su lugar, es Bagheera quien vive solitario en la selva y le da otras lecciones que no consisten en luchar, sino en ver el lado bueno de los hombres.

Pero para cambio significativo, la escena del fuego. En el cuento es mucho más corta, no hay buitres que parodien a los Beatles y definitivamente me quedo con la lucha de la película, la cual sigo considerando una genialidad muy bien ejecutada. Aunque peor decepción fue darme cuenta de lo que pasó después del secuestro de los monos. Ahí el chico también disfruta hasta cierto punto de la locura que desatan los simios, que en el cuento supera y por mucho a la de cualquier adaptación. Lo que le falta es el rey Louie y sus andares paródicos de la cultura del jazz, que en la actualidad se han interpretado como un estereotipo racista. Quién sabe. Walt tuvo sus flaquezas en cuanto a opiniones sobre otras razas. Ay, si hoy levantara la cabeza y descubriera que la compañía que lleva su nombre la dirigen judíos.

Es lo que tiene la vida, que te da sorpresas. ¿Queréis otra sorpresa? Pues en los cuentos la serpiente Ka es buena y ayuda en el rescate de Mowgli. Lo cierto es que sin ella y con Shere Khan como un gatito incapaz de capturar un niño pequeño, me quedo con el cazador como mejor villano de esta historia. Si recordáis, la película terminaba con el chiquillo volviendo con los humanos. Esto también ocurre en uno de los últimos cuentos, pero todavía queda un giro. El protagonista es como un lobato asilvestrado sobre dos patas que no soporta vivir en comunidad y huye de nuevo a la jungla, tal como Disney plasmó en la secuela de la película animada en los años 2000 (no la recomiendo, es bastante sosa).

La diferencia está en que el niño rana y el cazador se retan a ver quién captura antes al tigre. Gracias a una manada de búfalos, Mowgli derrota a su enemigo felino. Pero cuando el cazador trata de adjudicarse el mérito, Mowgli por poco no envía a un lobo con el que se crió, hermano Gris, a que lo despedace. El cazador cuenta en el pueblo que Mowgli es un brujo capaz de controlar la voluntad de los búfalos, los humanos le tiran piedras al niño y el asilvestrado envía a la manada a destrozar la aldea. Y fin. Hale, a otra cosa.

Existe por ahí una segunda parte, pero no fue muy popular y diría que ni siquiera está traducida. ¿Pero qué digo? Si lo leí en inglés. Lo que me lleva a admitir que pese a que es de otra época y que tiene ciertos modismos propios de India, se puede leer sin ningún problema. En PlanetPDF lo tenéis gratis.

Recapitulando que es gerundio, si hubiera leído estos cuentos de joven estoy seguro de que los habría odiado con toda mi alma pueril. Con el paso de los años y de las decepciones he aprendido a canalizar esta postura hacia aguas más puras. No dejo de adorar la vieja película de Disney, sigue siendo una de mis cintas favoritas de la factoría. Incluso he escrito esta entrada con la banda sonora puesta. Es maravillosa, es la infancia de uno.

Respecto al libro, tampoco dejo de recomendarlo si aún no lo has hecho y te encantó la película de los años 60. Bien es cierto que va dirigido a un público adulto, que es mordaz en algunos puntos y que podría destrozar la infancia de muchos. ¿Y? ¿Qué ocurre con los que necesitan saciar su curiosidad?

Hablando de curiosidad, según he consultado, hay otras adaptaciones por ahí que no sé hasta qué punto pueden considerarse adaptaciones. Ya sabéis, series y películas educativas o meramente pasables dirigidas a niños pequeños. Incluso existe una película india anterior a la de Disney en la que ya utilizaron actores y animales reales. No obstante, parece alejarse demasiado del original y no la he visto. Pero era obvio que filmar una historia así, en cualquier época, sin recurrir a la animación es un reto ambicioso que no se justifica.

Antes de ponerme a escribir la entrada decidí ver el remake de Disney de hace un par de años. Ahora que la productora ha decidido rescatar sus mejores clásicos para sacar más dinero (seamos claros), le eché un vistazo. Honestamente, me la esperaba peor. A riesgo de ser repetitivo, no me habría gustado de haberla visto hace muchos años. Pero no es más que eso, una pieza más de entretenimiento para matar el tiempo.

Entiendo que en la vieja tuvieran que rellenar el argumento con elefantes, una niña recogiendo agua y una serpiente retorcida. Tenían que llegar a la hora y veinte minutos, se dirigían a un público infantil y algo había que hacer. Sin embargo, no está claro a qué público va dirigido el remake. Por ejemplo, hay un momento en que se vuelve algo oscura al contar el pasado de Mowgli, y muestra cómo matan a los padres. Pero más adelante se vuelve una comedia en la que Baloo trata de utilizar a Mowgli para que le ayude a conseguir miel para el invierno. Sí, sí, un oso hablando de invernar, del mismo modo que hay un Shere Khan mucho más inteligente que trata de manipular a los lobatos. Por no hablar de un rey Louie nada divertido o de momentos en los que el niño demuestra su capacidad de manipular objetos para recoger agua con un cubo improvisado o sacar a una cría de elefante de las arenas movedizas.

Tras tantas decepciones con las adaptaciones, esto ya no me afecta. Es una película entretenida, perfecta para un domingo con mantita, y los efectos especiales están muy bien. Coño, si les dieron un Óscar. Desde luego, son mejores que la idea del fuego como hilo conductor de la historia. A fin de cuentas, si vas a verla, no creo que te arrepientas. Y sí, esta vez el niño no regresa con los humanos.

Desde luego, es muchísimo mejor que otro intento que hizo Disney hace unos años al intentar adaptar a imagen real sus clásicos. ¿Recordáis los 101 dálmatas con Glenn Close? Pues imagínate unos animales salvajes reales que a duras penas mueven la mandíbula con voces humanas de fondo. Me da igual que eligieran a Constantino Romero para poner la voz a Shere Khan, decisión que también se tomó con la secuela en dibujos animados, porque da mucha grima. Es una película aburrida hasta decir basta.

¿Y ahora qué? ¿Habrá nuevas versiones? Estoy seguro de que sí. Y si son realmente buenas o increíblemente decepcionantes es posible que caiga una reedición de esta entrada. Ya veremos.

Hablando del futuro, tengo por ahí unos cuantos libros a los que les debo una reseña. Puede que dentro de poco escriba una de un libro que me regaló su autora (en formato digital pero es un regalo al fin y al cabo). Lo que me echa hacia atrás es que tiene colaboraciones de amigos suyos, amigos cuyo estilo conozco y detesto. Tiene todos los números para que no me guste. Si no hay una entrada con esas características en los próximos meses, es que ha sido una decepción más gorda que el rey Louie. Tanto que si lo tuviera en papel, no me gustase y tuviera más seguidores haría un concurso y el ganador o ganadora se llevaría el libro como premio. ¿Qué clase de concurso? Uno de sujetarme la polla a pulso.

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