«The Revelation», de Bentley Little. ¿Habré saldado ya mi deuda con él?

Como ya comenté hace tiempo en este blog, utilicé una novela de este autor norteamericano desconocido, o quizás olvidado, para mi trabajo de fin de grado. Ha pasado el tiempo y no estoy descontento con el resultado. Podría haber mejorado ciertas partes del trabajo, haber sacado mejor nota, haber mantenido un contacto más cercano con mis profesores, pero creo que un notable es una calificación aceptable. Después de todo, si no lo hice mejor fue responsabilidad mía y está en mis manos presentar mejores trabajos en el futuro. Lo único que me provocaba incomodidad al respecto fue no haber podido contactar con ese ermitaño que vive escondido en algún punto del oeste de Estados Unidos y que escribió aquel libro que tango me gustó que es His Father’s Son. Tras darle vueltas, decidí que un buen homenaje sería leer su ópera prima, The Revelation, y hacerme con un ejemplar de su única novela publicada en castellano, El almacén.

He empezado por la primera idea y, con la mano en el corazón, no tengo ganas de llevar a cabo la segunda ni leer nada más de este hombre durante un tiempo. Estoy un poco decepcionado, y trataré de explicar por qué.

No es que The Revelation sea una novela horrible, tal como afirman varios de sus lectores en Goodreads. En lo personal me parece una novela de género, una historia de suspense, que está muy bien para ser la obra con la que el escritor se dio a conocer. Es entretenida, a ratos es asquerosa, y presenta un tema interesante, sobre todo para los fans de la subcultura friki: satanismo y bebés prematuros que vuelven a la vida para aterrorizar a la gente. El problema, diría yo, es que no va mucho más allá. Por mucho Premio Bram Stoker a la mejor primera novela que llegase a ganar, me da igual, mi opinión es la que es.

Aparte de los asesinatos y las escenas traumáticas de la infancia, lo que más me gustó de His Father’s Son fue la personalidad bien desarrollada de sus personajes, en especial de Steve, en su papel de hombre normal que se convierte en un demente asesino en serie. He encontrado paralelismos entre ambas obras, como le personaje del escritor frustrado atrapado en un trabajo que no le gusta, la mujer que desea ser madre pero no dejan de surgirle impedimentos, la falsa idea de que un hijo soluciona los problemas de pareja y la presencia tenebrosa de la iglesia. No obstante, el desarrollo de esas ideas no está bien llevado. Es demasiado simple, casi digno de una comedia de terror de serie B.

Imagino que este libro no pretendía destacar por sus aspiraciones artísticas. Es solo entretenimiento. Puedo confesar sin esconderme que me ha gustado, pero no me caben dudas de que podría haber sido algo mucho mejor. A estas alturas no me conformo con la mediocridad que envuelve estos títulos que da la impresión que son malos porque son de determinado género, y no porque no se hayan escrito con el cariño y talento necesarios.

Estoy convencido de que Bentley Little es un buen escritor a día de hoy, y que sus últimos libros no deben de estar tan mal. Sin embargo, mirando sus críticas empiezo a notar cierto patrón: la crítica profesional es muy buena, Stephen King lo alaba, pero los lectores tienen opiniones mixtas que coinciden en un aspecto: no es para tanto. En otras palabras, que mi vida no va a cambiar por leerle más.

Si tuviera más tiempo libre o menos libros pendientes sí que me leería más. Pero el contexto en el que me encuentro no está para lecturas mediocres, sino para grandes descubrimientos o para devolver favores. De hecho, esto era casi un favor, que consideraré saldado. No voy a leer más novelas de Little, por ahora.

Deduzco que le otorgué valor de más a este escritor en mi TFG. Pero así somos los humanos. Cambiamos de opinión y tenemos puntos de vista diferentes entre nosotros. Muchos consideran a Fargo como una película excepcional, pero a mí me pareció demasiado lenta como para ser disfrutable. Creo que es buena, pero no me gusta tanto como a la crítica.

Esto me recuerda a un tiempo en el que apoyaba demasiado a músicos underground de mi entorno solo porque me caían bien o me gustaba su música, hasta que me cansé de lo uno y de lo otro, y esas amistades superficiales desaparecieron. Es como si sobrevalorásemos lo que tenemos cerca o aquello a lo que estamos acostumbrados, o algo que pasa desapercibido, más por las circunstancia que nos han llevado a conocerlo que por la obra y el contenido en sí, e ignorásemos tesoros que pueden estar ahí, esperando a que arrasemos con ellos.

La semana que viene quiero empezar una nueva serie en el blog que no sé cuánto durará, pero me hace mucha ilusión. Es sobre novelas gráficas.

Gracias por leerme y hasta otra entrada.

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