Sobre «Joker» y «Taxi Driver»…

(Si no has visto ambas películas, no sigas leyendo)

 

¿Quién nos iba a decir que el director de las películas de Resacón iba a dirigir una película de superhéroes tan exitosa y que además fuese una buena película?

Poco queda por decir de Joker que no se haya dicho ya. Desde antes de que se estrenara, la crítica, los «entendidos», en los medios, en todos los canales sobre cine se decía que esta película iba a ser muy buena.

En mi opinión, de forma sucinta, es una película bien hecha, disfrutable, interesante y que más que de superhéroes, es una película sobre un personaje, sobre Joker. De empezar siendo un hombre con algunos problemas mentales y víctima de maleantes, con una carrera de comediante poco agraciada; Arthur Fleck pasa a ser un demente, un sociópata, un asesino al que todo le da igual y que solo quiere ver el mundo arder. A quien el caos le parece gracioso y no teme hacer daño. Se lo toma todo a broma a tantos niveles que se convierte en «El bromas», o en «El guasón». Id a verla, vale la pena.

Sin embargo, otro mensaje, prácticamente un dogma, se perpetró por todas partes. Joker no era otra cosa que una actualización de Taxi driver pero menos interesante.

Aunque me gusta mucho el cine, las películas de Martin Scorsese no son mis favoritas. De hecho, apenas he visto películas suyas. Recuerdo que Infiltrados no me gustó nada, por más Óscares que haya recibido, pero que El cabo del miedo me encantó. No había visto Taxi driver, hasta el puente en el que he escrito esta entrada.

Sobre esta conocidísima película del italoamericano, tengo algo que decir. Me ha gustado tanto o más que Joker. Sin embargo… comprendamos que han pasado 40 años entre una película y otra. Creo que Joker funciona mejor hoy en día, es más ágil y en parte ha gustado gracias a que está muy bien rodada.

Por otro lado, Taxi driver es, en una palabra, cruda. Muestra la peor cara de la noche neoyorkina, a través de un protagonista amargo, una realidad a menudo silenciada y sin reparos a la hora de mostrar salas de cine X, de diferentes modelos de taxistas, la defensa de llevar armas para la autodefensa y un sacrificio heroico que no encaja con lo más manido del cine comercial, ya que el protagonista sobrevive a su sacrificio y sigue su vida de siempre, solo que ahora es un héroe.

En mi opinión, Taxi driver es mejor. Pero, creo también, que Joker tiene mérito. En una cartelera copada de remakes, reboots, secuelas, precuelas, spin-offs, es de agradecer que se siga haciendo cine de calidad para aquellos que buscamos crudeza, acción, suciedad, mugre y catarsis. Aunque tenga que ajustarse a criterios de censura modernos ligados a que más personas puedan ver, que no disfrutar, esa película en las salas o que no enfade a los voceros de lo políticamente correcto, los Jokers son bienvenidos. Pero si no se centrar en agradar a personas que no forman parte del público objetivo de le producto, mucho mejor. Esperemos que hagan lo mismo con Harley Quinn y Aves de presa.

Para rizar el rizo, opino que las similitudes entre ambas películas son más sutiles o menos numerosas de lo que se ha dicho. De algún modo, podrían haberse dejado caer solo para poner a la gente a hablar, sobre todo hablar sin saber, para obtener como resultado más publicidad gratuita para la cinta. Hay algunas similitudes, como que Robert De Niro aparezca en ambas o que el protagonista es un antihéroe en un ambiente hostil, pero poco más. A menos que seas muy sibarita o que quieras ver el ovni donde solo hay un avión, son dos películas distintas. O quizá me habré quedado ciego de tanto estar frente a la pantalla.

En cualquier caso, celebremos que se sigue haciendo buen cine y apoyemos estas producciones. Tal vez así las productores recuerden que darle al público lo que quiere, también funciona.

Cierro con un agradecimiento a personas como Arsenio Corsellas y Eva Garcés. Con su talento podemos disfrutar de estas cintas con un valor agregado. Gracias, chicos.

Hasta otra entrada.

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—¿Hablas conmigo?

—Como un beso furtivo en mitad de la noche.

Good bye, Lenin! Прощай навсегда!

Hace poco, a raíz de varias recomendaciones de esta película que me encontré por internet, vi la película del director alemán Wolfgang Becker en la que una mujer de la antigua RDA cae en un coma poco antes de la caída del muro de Berlín.

Cuando la mujer despierta del coma, todavía existe la URSS pero el marco está cambiando. Es 1990, el muro ha caído, han aparecido marcas americanas en Alemania Oriental, han desaparecido muchos empleos pero también se han creado muchos otros nuevos. Las personas comienzan a diseñar el interior de sus propias casas, a comprarse coches nuevos y en definitiva a abrazar el capitalismo.

Sin embargo, esta mujer es una ferviente defensora de los ideales comunistas. Es por ello que sus hijos van a hacerle creer que nada ha cambiado en el mundo para que no se deprima. Algo similar a lo que hizo Stanley Kubrick con Danny Lloyd, intérprete del niño de El resplandor, para que no se enterase de que la película era de miedo y no sufriera ningún trauma.

En este momento iba a decir que sería una buena idea que todo el mundo desechase de una vez por todas las ideas leninistas, pero no es momento de lanzar puyas a los pensamientos totalitarios, por mucho que me guste decir lo que pienso.

Esta película, aunque no lo parezca, no tiene una temática política. Es un drama familiar sobre la vejez, el cambio de los tiempos y el amor de unos hijos hacia su madre. Sobre todo por parte de Alex, el personaje que más se preocupa por el bienestar de su progenitora. En pocas palabras, entra dentro de lo que conoceríamos como pelis para llorar. Hacia el final se pone muy emotiva, desde luego.

Si tú, querido lector, has visto algo del cine alemán sabrás que la industria cinematográfica alemana no es especialmente destacable, pero tiene pequeñas joyas imprescindibles para todo amante del cine, como Nosferatu, La ola, o la película que hoy nos ocupa. No es algo que suela ver con mucha frecuencia y está a años luz de los telefilms del domingo por la tarde.

Pese a todo, la película está grabada con bastante mimo. No destaca por nada en especial, pero por lo menos cumple si quieres ver algo distinto. Por no mencionar que a medida que avanza, se suceden sorpresas y giros de trama. Merece la pena verla si te gusta el cine de autor europeo.

Es una película sin pretensiones, a diferencia de las que subvenciona el gobierno de mi país. (No me iba a ir sin un tirón de orejas más, je je.)

Por último, recomiendo verla en alemán subtitulada. No por una cuestión de esnobismo antidoblajil, sino porque me gusta mucho como suena ese idioma.

Gracias por quedarte hasta el final y hasta otra entrada.

«El hombre elefante» – Una reseña irracional

Hace unos días, una lectora del blog me dijo por Twitter (puedes seguirme si quieres: @pistoladeozono) me comentó que le gustaban mis reseñas porque en ellas trataba de ser tan racional como pudiera. Por lo general, intento alejarme de esa clase de reseñas que giran en torno a las emociones que ha sentido el autor de la crítica sin tener en cuenta ningún otro aspecto del objeto a comentar.

Hasta ahora, no me había percatado, pero es un hecho que detesto esas recomendaciones anónimas que pululan por ahí o que te hace algún fanático, que igual ni conoces, y no comenta nada del producto reseñado. Solo dice «Míratela, tienes que verla, está muy chula» y se queda ahí. Si conoces a alguien así, dile que ni se le ocurra ganarse la vida como comercial, que mejor se dedique a otra cosa. Claro que hay quien a base de insistir acaba convenciendo a los demás con tal de que se calle.

Pero no nos desviemos. Hoy traigo una reseña de una película que vi hace poco y que soy incapaz de comentar de forma objetiva, como intento hacer. Me apetece variar un poco y vamos a ver qué sale.

Por cierto, un saludo, Bekcer. Dejaré un enlace a su blog por aquí.

La película que quiero recomendar es El hombre elefante, dirigida por David Lynch. Se trata de un film de 1980. Lo produce Mel Brooks, conocido por su humor absurdo y demencial gracias a películas como Sillas de montar calientes, La loca historia del mundo o El jovencito Frankenstein, cuya adaptación a musical fui a ver hace poco tiempo y recomiendo a todo el mundo que adore la película tanto como yo.

Teniendo en cuenta estos antecedentes, cabría esperar que se trataría de una comedia loca con la partirse el culo y verla entre amigos, con palomitas y entre miles de carcajadas. Sin embargo, se trata de un drama, inspirado en hechos reales, sobre John Merrick, un hombre inglés que nació con múltiples deformaciones y que murió de forma prematura en 1890, a los 27 años.

La película se toma sus licencias sobre el hecho real para contar una historia muy dramática, dura, triste; a la vez que bella, agridulce y esperanzadora. En otros tiempos me habría enfadado porque no se relatasen los hechos reales tal cual sucedieron. Pero como dice Scarlew Harzac (aquí os dejo su canal de YouTube), no tiene mucho sentido que una película, un producto de ficción, sea cien por cien fiel a un libro, cómic o hecho real, porque para eso ya está el libro, cómic o libros y documentales sobre el hecho real. Una película es para entretener, y que haya cierta alteración de los hechos en pro de hacer una película amena, no es un problema per se. Al contrario, en casos como el que nos ocupa, puede convertirse en un ejercicio de imaginación. No hay más que ver la escena inicial.

Tratando de dejar a un lado los cambios que se hicieron, creo que los detractores podrían fijarse en las similitudes con el hecho real, según las biografías del señor Merrick. Por ejemplo, la máscara con la que oculta su cara, los tratamientos que le hicieron, el carácter afable del protagonista o el hecho de haber estado en un circo de fenómenos, tras el cual se convirtió en artista y en una celebridad con un éxito muy envidiable para la época.

La película me recuerda a un corto, también muy bueno, llamado El circo de la mariposa, también ambientada en los circos. Pero a diferencia de esta historia, colorida y bohemia, El hombre elefante es una película mucho más gris de principio a fin. Esto puede notarse en el color. Sí, es en blanco y negro, en los años 80, a propósito, para representar un mundo antiguo.

Desde el principio, hay escenas escalofriantes, muy habituales en la filmografía de Lynch. Las violentas escenas del circo se hacen muy difíciles de ver, ya que es fácil empatizar con la víctima. Me recuerda un poco a Dumbo, que a día de hoy sigue siendo una película bastante oscura para estar dentro de lo que se entiende como cine infantil.

Tenemos la suerte de que ya casi no hay circos de este tipo, donde se utiliza a humanos y animales para entretener a otras personas, donde los tratan como basura, los humillan día tras día; y en una sociedad en la que se persigue al bicho raro para echarle agua bendita o alguna gilipollez por el estilo. Hoy en día lo acosarían para hacerse selfis. No me cabe la menor duda.

No obstante, en mitad de todo ese dolor, hay cierto matiz de belleza muy difícil de explicar con palabras. El lenguaje cinematográfico es capaz de reflejar estas emociones de una forma muy propia. Y aunque no deje de ser cine americano bastante comercial, lo cual tampoco es malo, el caso es que esta película ha sabido transmitir ese torbellino de emociones, se ha convertido en una obra de culto y la recomiendo ampliamente.

Casi nunca lloro viendo cine. Este tampoco ha sido el caso, pero estuve a punto.

Feliz Halloween y dulces chucherías

Sé que con el último puesto me he dejado llevar un poco por las ideas que defiende y he estado de acuerdo con que el «Ism» es muy perjudicial allá donde se aplican sus ideas.

Por mucho que suponga un estímulo inicial y sus promesas resulten muy atractivas, el «Ism» recuerda más a una religión que a un marco económico y social, donde el culto eterno a figuras históricas y gobiernos socialistas es el eje que mantiene en pie sus ideas, y no los hechos ni tampoco los deshechos fruto de la planificación completa de la vida de personas ajenas, como si algún gobernante nos tuviera que controlar todos los estímulos que recibimos para que no vayan en contra de sus ideales. Eso sí que da miedo. Es el monstruo de la censura que creíamos haber esquivado con la aparición de internet, medio gracias al cual estos cortos han vuelto a ver la luz, pero que se está censurando cada vez más y más.

Es en estos momentos me pregunto si no estaremos dejándonos llevar demasiado por la política e introduciendo ideas políticas de corte de servidumbre estatal en la ficción de manera excesiva con tal de proteger a las personas de un peligro irreal, como si poseer información fuera un acto ilícito.

Como persona a la que le gusta hablar de política, sobre todo contra nuestros representantes, a veces es fácil que las reseñas o cualquier redacción exprese las ideas del autor. Ni me censuro ni me callo. Si algo tan horrible como la idea de realizar propaganda mediante dibujos animados me gusta, en un sentido artístico y de interés para entender el contexto histórico, lo digo.

No obstante, pese a que alabe la autocrítica del corto del primer puesto, el detalle que me animó a publicar este top en Halloween es precisamente que se pueden ver todos estos cortos desde una perspectiva terrorífica.

Por ejemplo, algo que puede dar miedo es vivir en una sociedad cada vez más dividida y estupidizada, donde diferentes personas se enzarzan por cuestiones triviales como en qué trabaja cada uno o cuáles son sus gustos, qué estudió o que los estereotipos sobrepasen la identidad de cada individuo.

Como consecuencia, el único beneficiado es el político que hace lo que se le antoja. Mientras tanto, los medios de comunicación darán cobertura a cualquier hecho insustancial en lugar de a una noticia relevante, y la gente se malacostumbra a prensa basura, con toda razón. El espacio de las noticias lo ocupa la trifulca de turno, mientras los datos terribles que nos retrasan como sociedad se pasan por alto. Es puro pan y circo, solo que en este caso el circo ya nos encargamos de montarlo nosotros.

Se dice que los tiempos difíciles engendran personas fuertes. Ojalá sea cierto, porque las necesitamos desesperadamente. Personas críticas que no se dejen engañar por charlatanes baratos ni acepten dogmas impregnados de palabrería emocional como que votando a fulano o a mengano todo se solucionará, o que ser responsable de tus propias decisiones y actos está mal, porque te convierte en una persona libre y adulta que no necesita un gobierno que le proteja del mismo.

Ahora que la política es la nueva religión, nos están polarizando más y más como sociedad. En consecuencia, el pensamiento crítico se desvanece. Para más inri, hay quien dice tener pensamiento crítico o ser antisistema, y está más de acuerdo con lo que hace el sistema que nadie. A la vez, las minorías se utilizan a menudo como vía para imponer leyes disparatadas en nombre de la correccción política y la discriminación positiva. En mi opinión, si hay que defender a alguna minoría, esta es el individuo.

Y un futuro en el que la identidad del individuo sea destruida a favor de los gobernantes de turno, o cualquier eufemismo como la masa o el pueblo (a quienes esa gente le importa tres pepinos), da mucho más miedo que cualquier corto o mensaje provocador.

Feliz Halloween, Samhain, como lo queráis llamar y viva la libertad individual.

Nº 1 — Hanna Barbera — «Make Mine Freedom»

Contra todo pronóstico, el número 1 de este top ha sido el corto más fácil de escoger para esta lista. Es posible que no sea el dibujo animado más propagandístico ni tampoco el más satírico de los que han aparecido en el top. A decir verdad, creo que es el más serio de todos.

Si lo he colocado en el primer lugar es porque considero que sigue siendo vigente hoy en día y porque los maestros de la animación Hanna y Barbera, creadores de Tom y Jerry, acertaron de lleno con las ideas presentadas en este corto. Hay quien lo considera profético incluso. Estoy seguro de que si hoy en día vivieran, los grandes animadores de la Metro-Goldwyn-Mayer no podrían creer que su crítica social pudiera seguir vigente setenta años después.

No me entendáis mal. Es una muestra de propaganda procapitalista hecha a comienzos de la Guerra Fría para mostrar a la gente la mejor cara de Estados Unidos y potenciar las ideas de la libertad. En ningún momento deja de ser un dibujo criticable y bastante exagerado. Vedlo y tal vez lo entendáis un poco mejor. Y esta vez sí que lo comparto con subtítulos, puesto que los diálogos son muy importantes para entender qué ideas se intentan defender.

 

Imagino que varias personas no aguantarían ni un minuto y medio, puesto que hay una exposición de los piropos, o más bien silbidos, hacia una mujer atractiva. Hoy en día, en ciertos sectores, los piropos están muy mal vistos, incluso si estos son bien recibidos por la mujer a la que van dirigidos, ya que hoy en día cualquier halago se percibe como una invitación al sexo por pequeños grupos de personas muy irritantes. ¿Se puede ser más ridículo? Siempre se puede ser más ridículo. También habrá quien diga que eso de tener una religión es anticuado y retrógrado, ni que hoy en día se les obligase a tener una… En fin, prosigamos.

Me encanta el personaje del Dr. Utopía, pues su nombre no puede estar mejor escogido. El doctor intenta vender la idea de que con su producto todo se solucionará milagrosamente. Me recuerda a ciertos estafadores que ponen en riesgo la salud y las carreras profesionales de las personas gracias a la manipulación emocional. Pero este es un tema diferente, ya que el «Ism» es la clara representación de la utopía socialista. El sonriente vendedor trata de vender una fantasía que, por desgracia, no se puede pagar sola, y como forma de pago les sugiere que les entregue su libertad y la de sus hijos, así como todos sus bienes, a cambio de que papá y mamá Estado se encarguen de todo. ¿Confiarías en alguien que no sabes quién es ni quién hay detrás de él para que controlase tu vida a cambio de una supuesta tranquilidad y prosperidad, después de conocer los desastres ocurridos en todos los lugares en los que se han intentado imponer esas ideas?

En este punto me gustaría hacer una pausa y animar a todo aquel que lea esto a escuchar a nuestros mayores, los que han vivido mucho tiempo y han acumulado experiencias, y aprender de ellos para no repetir los errores del pasado. Es aquí que aparece el personaje de John, un ciudadano común muy sabio. Me recuerda al filósofo Antonio Escohotado: tan calmado, tan abierto, tan amigable y simpático, y tan firme al momento de hablar con claridad sobre los peligros de dejarse engañar por embaucadores y tiranos disfrazados de supuestos revolucionarios.

Me encanta que durante el relato del inventor del automóvil se muestre cómo las personas a veces se avergüenzan al oír palabras que se han vuelto malsonantes. Palabras como «capitalista». Ocurría entonces, ocurre hoy en día. Por cierto, los coches eran eléctricos en aquella época. Lo subrayo como dato curioso que los ecologistas rara vez recuerdan.

Pero maticemos un poco. El automóvil es un invento que se desarrolló primero en Europa, principalmente en Francia, y la historia de Joe es claramente ficticia. Sin embargo, fue en Estados Unidos donde los coches dejaron de ser un lujo para pasar a convertirse en un producto medianamente asequible, gracias a la producción en cadena, la cadena de montaje y Henry Ford, el fundador de la Ford. Así que podríamos considerar que Joe es una caricatura de Henry. Recordemos que estamos viendo propaganda y no íbamos a dejar de encontrarnos con mentiras, medias verdades y manipulación de la información presentada. De hecho, utilizar a Henry habría sido contraproducente, pues el señor Ford era antisemita y colaboró con el transporte de prisioneros judíos a los campos de concentración. Eso podría darle una lectura antisemita a un corto en el que se dice literalmente que todas las religiones tienen cabida en Estados Unidos, ya que el hater ignora todo lo que no le conviene a su argumento dogmático.

Además, tengamos en cuenta la época y el propósito de este corto. Es por la motivación de defender el sistema capitalista que, para defender el estilo de vida americano, se hace una defensa de lo mejor que Estados Unidos ha aportado a sus habitantes y al mundo. Habría que ver si los demás datos presentados eran ciertos. Y tan buenos tiempos no serían si existía la segregación racial y otras formas de discriminación.

Formas de discriminación que, convengamos, provienen de las autoridades, puesto que a pie de calle, cada persona es un mundo y, en términos generales, el individuo es mucho más tolerante que el gobierno que lo controla y este rara vez representa sus ideas; más en un país de abstencionistas como lo es mi natal España/Cataluña.

Es posible que el Franquismo no viese con buenos ojos la homosexualidad, por ejemplo, pero desde su desaparición en España se aceptó la existencia de homosexuales y sigue siendo uno de los países más tolerantes con las personas LGTBI+. Es sencillo: mientras los políticos tratan de separarnos a las personas, la gente crea vínculos por gustos en común como pueden ser los deportes, la música, la gastronomía, el afán por viajar y de más. Si tan solo diéramos pocas competencias a los Estados, mejoraríamos bastante como sociedad, puesto que los civiles demostramos a menudo que no nos dejamos engañar por los gobernantes. Aunque siempre habrá perros falderos que se traguen sus mentiras y ladren a los que no se tragan el discurso de aplauso fácil.

Y aquí tiene lugar la visión de vivir en una dictadura donde el Estado lo controla todo. Los obreros no pueden ir a la huelga, los empresarios no pueden emprender, los granjeros se ven obligados a cosechar lo que les diga el planificador de turno, y los representantes públicos no importan, porque todos piensan igual. Si tuviera más seguidores alguno diría que todos esos fracasos del control total del Estado son culpa de que no estaban ellos gobernando esos países, de que eso no era socialismo real o de que Estados Unidos tiene la culpa por bloqueos, a menudo inexistentes, por no mencionar que estas personas ignoran que se puede comerciar con otros 190 países. Y bien que cuando los habitantes de países hiperregulados emigran en busca de una vida mejor, se mudan a países capitalistas, donde la propiedad privada se defiende a capa y espada y el mercado es mucho más libre que en sus países de origen. Eh, españolitos progres míos.

Volvamos a Make Mine Freedom. Al principio del corto, los cuatro ciudadanos estadounidenses estereotipados tenían discusiones y expresaban comentarios que se siguen oyendo hoy en día. Lo cierto es que sus quejas resultan bastante estúpidas y mal fundamentadas. ¿Qué más da que la gente de ciudad no sepa de cultivos, mientras sean profesionales en su respectivo campo? ¿Qué va a conseguir que los obreros y sus jefes lleguen a las manos, en lugar de negociar cambios o que el trabajador se marche a la competencia, o que emprenda su propio negocio? Esto es más complicado de llevar a cabo, pero si no existen muchas regulaciones ni trabas burocráticas, habrá más emprendedores. ¿Habéis intentado abrir un negocio? ¿Qué os piden? ¿Cuánto tenéis que gastar en permisos y licencias? ¿Cuántos impuestos se os imponen? Y sin embargo, necesitamos todo ese emprendimiento para no estancarnos y crear puestos de trabajo.

En cambio, lo que no necesitamos son políticos como el que aparece en el corto, que aparenta ser neutral y pretende caer bien a todo el mundo, pero a la hora de la verdad es un peón que vive de dar órdenes sobre temas de los que no tiene mucha idea.

Ay, si fuera tan fácil hacer lo que dice el sabio del corto: que cada cual trabaje en lo que le gusta, sea profesional, y nos dejemos de enfrentamientos que nos conducen a una sociedad dividida en la que un charlatán convence con sus atractivos cuentos chinos a ciudadanos desinformados o jetas intolerantes de que confiar ciegamente en un Estado totalitario similar al presentado en 1984 de Orwell sería una buena idea. Con unas reglas de juego justas y una población instruida, los doctores Utopía no tendrían éxito en ningún lado.

Sí, nada es perfecto en esta vida. De hecho, el mismo ciudadano sabio lo reconoce. Ahora bien, el enfrentamiento por el enfrentamiento tampoco conduce a nada bueno. ¿Qué queréis que os diga? Entre la libertad y la utopía falaz, valga la redundancia, a la que nos encamina el anticapitalismo y el estatismo, yo prefiero la libertad.

Insisto, el estilo de vida americano presentado aquí está muy maquillado. De hecho, no tiene nada que ver con cómo se vive hoy en día en ese país. Tampoco hay que confiar ciegamente en unos monigotes muy bien animados. No hay una sola forma de hacer funcionar una sociedad libre, abierta y próspera. En cambio, la receta para el caos es mucho más sencilla: imitar a aquellos países donde no hay libertad.

Tal vez, y solo tal vez, países como el mío tangamos lo que nos merecemos. Necesitamos una dosis inmensa de libertad, de conocimientos históricos recientes, de finanzas y políticas libertarias.

Añadiré una entrada más a este especial de Halloween solo para los más curiosos. ¡Salud y Don’t tread on me!

Nº 2 — Warner — «Ducktators»

Tal vez el siguiente corto no sea tan conocido como el anterior. No obstante, es una muestra todavía más impresionante de lo que era capaz de hacer el gobierno de Estados Unidos durante la gran guerra para convencer a sus conciudadanos de pagar más impuestos para financiar la guerra. Puede parecer increíble que un país donde la fiscalidad es relativamente reducida a día de hoy y donde el gobierno tiene esa apariencia de no inmiscuirse en la vida de la gente, en realidad esconde un gasto en defensa bastante desproporcionado en mi opinión. Y en tiempos de guerra, los políticos no iban a invertir solo en Disney para que creasen propaganda atractiva al ojo americano, sino que también contactaron con los geniales Warner Brothers.

Es curioso, porque a pesar de que podrían haber utilizado a Bugs Bunny, para este corto decidieron volver a utilizar patos, pero no a Lucas sino que los animadores se pusieron creativos.

Solo por el juego de palabras del título, es menester reconocer que sabían llamar la atención. Además, es en blanco y negro, lo que le da una apariencia de representar una época antigua, y las burlas a los fascistas son bastante más sangrantes que en el corto de Donald, como ya he dicho. Por no mencionar que las metáforas están muy bien buscadas. Vedlo y luego me contáis.

 

Me encanta el nacimiento de Hitler como un pato nazi y con bigote desde el momento en el que nace. Esa es la primera burla de muchas más que están por venir.

Es posible que haya algunas incongruencias históricas, pero se hacen en pro de mofarse de los dictadores. No hay más que oír la voz chillona de Hitler o contemplar la apariencia del ganso Mussolini y su marcado acento italiano. Desde las rupturas de la cuarta pared hasta los detalles como un soldado negro en las filas de Hitler que cumple sus estándares de raza pura, aunque no fuese la aria, y también de un enfermo que sería ejecutado en favor de la eugenesia y de no dejar descendencia enferma en Alemania; todo es una constante burla a los fascistas. Algunos soldados ni siquiera llevan armas, sino que blanden escobas o palos de madera.

Además, existe el personaje de la paloma de la paz, que en el imaginario americano es una tórtola, la cual se lamenta por el incumplimiento del tratado de paz tras la primera gran guerra.

Otro personaje que se satiriza con mucha más virulencia que en el corto de Disney es Tojo, el general japonés, probablemente el más ridículo de los tres patos. A partir de aquí el corto se vuelve mucho más confuso. Después de un desfile de los tres dictadores, un patito los imita, zapatea y se oye música de zarzuela. ¿Es acaso una referencia a Francisco Franco? Si lo es, bravo. Lo han escondido de forma que pase desapercibido, o no tanto.

El mejor momento, sin duda alguna, es ver como la tórtola, que representa a los aliados americanos, se harta y les da una buena paliza a los tres patos dictadores. Cada vez que veo esta parte se me pone la piel de gallina. Lo único que me desconcierta de esta escena es el conejo que ayuda con discreta timidez y después se golpea a sí mismo. ¿Quién es? ¿Stalin? Desde luego era capaz de dañarse a sí mismo con las invasiones a otros países, pero su participación en la gran guerra fue mucho más relevante para derrotar a Hitler que la de los americanos. En fin, así funciona la propaganda. De hecho, no tarda en aparecer el anuncio del gobierno de bonos de guerra.

Al final, la tórtola es un veterano que odia las guerras, pero que luchó para que los fascistas no se salieran con la suya. Un final dulce y brutal al mismo tiempo, con las cabezas de los patos dictadores enmarcadas, si no fuera porque a continuación ocurre el auténtico anuncio de los bonos y los sellos.

Cabe tener en cuenta el contexto, como siempre. Era el año 1942 y Estados Unidos se estaba preparando para el desembarco de Normandía, Hiroshima y otras acciones de guerra. El gobierno de Roosevelt necesitaba dinero para lograr su propósito y la estrategia para recaudar fondos del contribuyente fue tratar de convencerlo de que debía invertir en materia de guerra para que su país saliera victorioso. Un triunfo de la propaganda belicista, sin duda alguna.

Por ello y por estar cargado de simbolismos, metáforas, mensajes ocultos, decenas de burlas sobre estereotipos y la fantasía final de matar a los tres fascistas, se queda con el segundo puesto. Observad los comentarios, hay verdaderas joyas entre ellos.

La verdad, en caso de que la guerra hubiera acabado de forma muy diferente, este corto sería visto desde otras perspectivas, tal como le ocurre a la propaganda nazi hoy en día, que por fortuna es denostada y recordada como otro triunfo de lavado de cerebros con consecuencias nefastas. Es más, las dictaduras también financiaron la guerra mediante el gasto público. Es decir, con el dinero requisado al contribuyente, incluso de personas en contra de todo el derramamiento de sangre, para poder pagar todo el material que se requiere para la guerra. Al menos en Estados Unidos trataron de financiar una parte del gasto militar mediante donaciones de personas a favor de la guerra, lo cual no deja de suponer un gasto con fines terribles.

Quédate con este último dato para entender por qué el ganador de este top es un corto muy especial, único en su especie, y no otro.

Nº 3 — Disney — «Der Fuehrer’s face»

Dejemos las chiquilladas atrás. Es hora de un plato fuerte no apto para todos los estómagos.

Es un secreto a voces que Walt Disney colaboró con el gobierno de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial en forma de cortos plagados de propaganda antinacionalsocialista y anticomunista.

En uno de los más legendarios, Education for death, se muestra cómo supuestamente se educaban a los chicos en la dictadura alemana para crear competentes soldados dispuestos a dar su vida por la patria. No cabe duda de que es un trabajo tremendo.

Aquí se repite el escenario de la propaganda de la URSS. Disney produjo tantos que es difícil escoger el más demagógico. Es más, siendo Hitler un admirador de las Silly Symphonies de la empresa del ratón, me habría encantado ver su cara al descubrir que uno de los animadores más importantes de la historia se burlase de él sin sutilezas.

Si tuviera que elegir el más propagandístico, diría que Spirit of ‘43 se lleva la palma, pues iba dirigido a los estadounidenses que no querían pagar impuestos elevados para financiar la guerra.

De hecho, ciñéndome a los cortos del Pato Donald, hay mucho material para comentar. Donald Gets Drafted es otro ejemplo de cómo no representar la guerra a un público sediento de sangre enemiga. Commando Duck es incluso peor, pues esta vez son los americanos los que se burlan de los japoneses de una forma muy irrespetuosa. Pero si hay que elegir un favorito, uno que me vuele la cabeza, no podía ser otro que Der Fuehrer’s face.

 

¿Qué más se puede decir que no se haya dicho mil veces ya? Es un corto excelente, no por nada ganó un Oscar. En él vemos una representación muy retorcida de los alemanes. Los habitantes de «Naziland» son personas deformes, feas, amaneradas, y hay mofas directas al general Hideki Tojo y al líder fascista Benito Mussolini. ¿Y qué es más legendario que eso? Pues la colección de esvásticas más grande en dibujo animado alguno. Las canciones, las tonterías que dicen, los acentos exagerados, los personajes gritando «¡Heil Hitler!» todo el tiempo, la violencia con la que tratan al pato; todo está ahí y todo tiene su simbolismo, ya sea una crítica a la escasez de productos para obtener un desayuno nutritivo, como una simple burla más a los nazis, presentándolos como monigotes ridículos infantiloides.

Tras una secuencia de comedia física de Donald en una cadena de montaje e imágenes un tanto perturbadoras, resulta que todo era un sueño, que ser americano es una gozada y para terminar con broche de oro, un tomatazo al careto del Führer. ¿Se os ocurre un final mejor?

Desde mi perspectiva, el corto ha envejecido la mar de bien. Tiene buena animación, excelente música, burlas a los nazis que se cuentan por decenas y hoy en día resulta más gracioso que otra cosa. Trasladándonos a la época, el hecho es que debió de ser mucho más impactante. Y en caso de llegar a los ojos de los nazis, les debió de sentar muy mal. Si la propaganda hace daño al que es objeto de burla, algo se ha hecho bien.

En definitiva, por seguir siendo disfrutable a día de hoy, por resultar tan gracioso y por el valor de caricaturizar a Hitler con tal maestría, se queda con el tercer puesto.

Sin embargo, hubo otro corto de propaganda estadounidense durante la gran guerra mucho más sangrante contra los fascistas. Lo tendréis en el segundo puesto.