Gracias por fumar – Una lección sobre responsabilidad

Esta noche me apetece hablar de una película que vi hace unos cuantos días y que me ha arañado las neuronas, me ha sorprendido y cuyo mensaje sigue siendo fresco, pues incluso si el contexto que presenta quedase obsoleto y anacrónico en el futuro, el hecho de tratar sobre uno de los valores que nos hace humanos, la responsabilidad, la convierte en una película atemporal.

Os hablo de Gracias por fumar, una cinta de 2005 con apariencia documental sobre el trabajo de Nick Naylor, el responsable de prensa de la Academia de Estudios Tabacaleros, un organismo que busca defender los intereses de las compañías tabacaleras.

Como dice el propio Nick Naylor: «Pocas personas en este planeta saben lo que es que te desprecien de verdad». No es para menos, el tabaco es un producto cuyo consumo es perjudicial tanto para los fumadores como para quienes les rodean. Lo sé, no he descubierto la rueda. Yo mismo detesto el humo del tabaco, hasta tal punto que si hay gente fumando cerca de mí, me aparto o me tapo la boca y la nariz con un pañuelo. Es por eso que en invierno uso un buf. Me quita el frío y me protege de un problema que me da mucho asco. No es por falta de educación, no puedo evitar que me piquen los ojos si hay mucho humo cerca o si el fumador de turno es incapaz de expulsar el humo hacia otra parte. No he fumado en mi vida ni pienso empezar. La verdad es que me alegro de que prohibieran fumar en espacios cerrados. Así que esta película tenía todos los números para no gustarme.

El protagonista es el estereotipo del triunfador que siempre sabe dar una buena imagen de sí mismo. Él mira por su negocio y por su familia. En su trabajo habla mucho, algo que le encanta, y además se reúne con otros jefes de prensa y miembros de grupos de presión que defienden otros elementos dañinos para la sociedad: comida basura, alcohol y demás.

No obstante, Nick Naylor sabe ver las cosas de otra manera. Él apela a la responsabilidad de las personas. Si se les enseña en casa y el colegio que el tabaco es malo, de mayores podrán decidir no probarlo. Si lo prohíben, lo hacen más atractivo para los jóvenes, que son rebeldes por naturaleza. A fin de cuentas, hasta los fumadores más empedernidos reconocen que su vicio es perjudicial.

Recuerdo que cuando era pequeño y le preguntaba a un familiar que fumaba o que era exfumador por qué fumaban, siempre me decían que ni se me ocurriera probarlo, que era horrible y que me haría daño. Me han ofrecido tabaco y porros muchas veces, porque la primera siempre es gratis. Qué poco cuesta ser irresponsable, ¿no creéis?

¿Tú fumas? No te juzgo si lo haces. Ni te diré que lo dejes. Eres una persona adulta. Tú sabrás si merece la pena. Tú sabes que fumar es malo, igual que Nick Naylor, quien, por cierto, sufrirá un percance del que no puedo decir nada para no destriparos la experiencia.

La cuestión es que queda claro que Nick Naylor tiene muchos enemigos. Entre ellos destacaríamos las asociaciones en contra del tabaco, en pro de personas con cáncer, y en definitiva personas que tienen empleo indirectamente gracias al tabaco. Ellos tienen motivos para estar en contra de los cigarrillos y querer que se prohíban en más sitios. De hecho, ya han prohibido que salgan en el cine de mayor alcance, o que al menos solo fumen los villanos, como medida para defender la idea de que el tabaco está relacionado con el mal y que representa algo malo. Sin embargo, no todos los adalides de la lucha antitabaco tienen buenas intenciones. Los hay oportunistas.

Pensadlo. Si nadie fumase, ¿qué motivos tendrían esas personas para pedir a la administración pública fondos para luchar contra el tabaco? Exacto, perderían el empleo. Tendrían que buscarse otro enemigo contra el que luchar, no con el fin de combatirlo, sino con el fin de vivir del estado sin pasar por un examen de funcionariado. ¿Les interesa realmente que no fumes?

De este modo, existen múltiples asociaciones contra productos dañinos y sin embargo el número de consumidores no decae. ¿Por qué será que no se dan cuenta de que sus métodos no funcionan? Pensando mal, podríamos concluir que las personas que viven del antitabaquismo saben que con su lucha no consiguen que se reduzca el número de fumadores, pero callan para seguir chupando del bote. No digo que sea así, pero es una posibilidad interesante.

Gracias por fumar es una película que merece la pena ver al menos una vez en la vida. Una excelente lección de cómo no luchar contra lo que daña la salud de la sociedad, sobre saber responder a quienes afirman sin pruebas ni escrúpulos que tal o cual cosa es mala, por mucha razón que lleven, y que además muestra que hay muchos peligros más ahí fuera, algunos incluso peores, pero como no son un tema tabú, no hay lobbies viviendo de defenderlos y atacarlos.

Nick Naylor no es perfecto, pero al menos intenta ser coherente y enseñarle valores a su hijo, como el valor de poder decidir si quieres o no empezar o dejar de fumar. Tal vez no sea el mejor ejemplo, pero trata de prohibir el tabaco y la próxima generación sabrá lo que es un pulmón sano porque lo ha visto en fotos.

Gracias por leerme, hasta otra entrada y te recomiendo mucho Gracias por fumar, pero no te recomiendo fumar. Es asqueroso.

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No reseña de «Escribir se escribe con “M” de musa» de Silvia M Díaz

Antes de nada, feliz año. No sé hasta cuándo se puede seguir felicitando el año nuevo, pero qué más da. Sé que a la gente que me lee esto le hace gracia. No me preguntéis por qué.

No hace mucho, tampoco recuerdo cómo, conocí unas cuantas personas por Twitter. En su mayoría eran personas que escribían, que estaban intentando publicar, que ya estaban empezando a publicar o que incluso contaban con varios libros publicados. Una de esas personas es Silvia M Díaz.

Es una joven autora de Mallorca (hola, bebé) con un libro publicado, de momento, y algunos más en camino. Acaba de empezar a publicar y su carrera tiene un futuro brillante. Sabe escribir muy bien, domina la prosa poética y el verso con maestría, sabe tocar la fibra a los lectores y aunque sus argumentos, el del primer libro al menos, no es el más enrevesado de la historia de la literatura, está bien llevado y sintetizado en apenas 100 páginas, dentro de una edición preciosa publicada la editorial Niña Loba.

Esto no va a ser una reseña. Ya le hice una en su página web, que podéis leer aquí.

Esto tampoco es una reflexión sobre si deberíamos leer más libros de autores desconocidos y emergentes. Ya he comentado alguna vez que en materia de literatura underground me he encontrado libros buenos, malos y pasables, así como personas que quieren que les compres su libro diez veces pero no apoyan a ningún otro autor en su misma situación.

Sin rencores, he dejado de idolatrar o despreciar a los autores emergentes. Mejor dicho, los he dejado de colectivizar y estigmatizar. Entendiendo que hay de todo y que tratar de encasillar a tantos libros y autores en una premisa vacía («son todos buenos» o «son todos mierda») es perder el tiempo.

Cada persona es un mundo, incluso dos, cantaba Phil Collins en la banda sonora de Tarzán. A mí el mundo de Silvia me encanta. Ha conseguido lo que tantos otros no: emocionarme. Y por eso, lo recomiendo. Lejos de hacer reseñas o de repetir hasta la saciedad que lo compréis, dejare unas cuantas frases del libro que me han llamado la atención. De este modo, dejaré de hacerle la pelota a Silvia por fin, que soy más pesado que una vaca en brazos. Perdóname, Silvia… Si sé que en el fondo te gusta que sea un cansino pomposo.

En fin, os las dejo a continuación y me voy a escuchar la bso de Tarzán.

Con amor, Sati.

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Y ahora sí, las frasecitas:

  • «Yo no iba a retenerla. No. Yo la quería suya, feliz. Como todos los amores que valen la pena»
  • «Los ovillos de mi mente desaparecerían o, cuando menos, se deshacían sus nudos. Se ordenaban las madejas»
  • «Que hay que hay que caerse cientos de veces para volver a levantarse. Y que duele muchísimo ver cómo alguien a quien necesitas más que nunca se aleja mientras observas los pasos que hacía escaso tiempo veías llegar»
  • «Fue por eso que traté a la desesperada de buscarla en historias ajenas, por si se había podido perder sin darse cuenta. Tal vez había visitado a otra persona y se había visitado a otra persona y se había colado en algún sueño que no era mío. Tal vez había sido un error. Eso, en parte, podía tener arreglo. Siempre y cuando no hubiera sido adrede… Porque ¿y si ese error le gustaba? ¿Y si se enamoraba de él? ¿Y si pasábamos de ser nosotras a ser yo, o ella a ser parte de otro plural? Esa idea me aterrorizaba»
  • «Dejé de escribirle cartas que no llegaban a ningún lado»
  • «Porque Mie, como las demás, llevaba dentro de nosotras toda la vida. Solo teníamos que encontrarla»
  • «Empecé a saber qué era estar acompañada. Aunque en la habitación, a veces, no hubiera nadie más que yo»
  • «La banda sonora de nuestros recuerdos»
  • «A mis curvas y rectas reales y a las suyas imaginarias pero tan de verdad. Y todo continuaba fluyendo en cualquier lugar…»
  • «Anthya podía ganar o perder —o eso pensábamos al principio—, pero lo haría, en todo caso, contra ella misma»
  • «Puede que ella no estuviera de acuerdo, puede que ninguna de ellas dos lo estuviera […] ella era María, pero podía convertirse en Anthya cuando le placiera»
  • «Fueron, aquellos, días de necesaria recuperación. […] Como una bicicleta bien inflada debía surcar una carretera»
  • «De poco dormir y mucho soñar. Han sido cuarenta y ocho horas de mordisquearnos el labio y las uñas y descubrir cómo, después, de un tiempo, la mejor sensación del mundo es volver a los inicios»
  • «Porque el hogar siempre será el hogar. Y porque el mío se construyó contigo esa primera vez que, y como me corregiste tú a mí en una ocasión, y en dos, y en tantas por mi bien, hago yo contigo: fuimos. Porque tú también fuiste mi primera vez. Esa que me soltó al mundo. Que me dio forma. Que me dio la vida»
  • «Pienso en Anthya y me descubro sabiendo que pronto será, de nuevo, su momento de salir a bailar. Mañana, tal vez, toque desempolvar sus recuerdos. Darles otro color»
  • «Si has podido recordar desde cero estos mundos, ¿cómo no vas a poder con esa tontería?»
  • «Con una llamada. O un mensaje. O una carta de esas que, ahora, se escriben sin pluma ni papel»
  • «Porque saben que, después de enviar, soy feliz. Feliz como nunca he sido. Y al poco vuelvo a estar en la misma situación, respirando con fuerza, apretando los párpados más. Soñando con que, un día, alguien disfrute de mis recuerdos tanto como yo disfruto recordándolos la primera, la segunda y la vigesimocuarta vez»
  • «Ese frío e introducía dentro de mí como un mosquito se cuela en casa. Cauteloso y terriblemente molesto. Ese frío me envolvía los huesos y me decía que “no, que ese día no iba a recordar”. Porque, ese día, ella no vendría»
  • «Y así, sin darme cuenta, es como ella me presenta a Valentina. Que lleva dentro de mí toda la vida»
  • «Habíamos crecido tanto, juntas…, habíamos conocido tantos nombres dignos de recordar, de plasmar, de conocer, de añadir al repertorio…, habíamos escuchado tantas canciones…, habíamos olvidado tantas otras cosas…, habíamos llorado tanto la una al lado de la otra»
  • «Te quiero a ti porque tienes ese algo. Ese que necesito yo. Ese algo que es capaz de hacer que solo existamos nosotras cuando te pones a recordar conmigo; ese que consigue que María, Alba o Mie sean algo más que recuerdos. Ese que hace que esto sea vida y no una historia más. Tienes algo que me convierte en alguien. Aunque no seas perfecta. Porque tú, siendo así, haces perfecto a tu alrededor»
  • «Porque ese recuerdo jamás existió»

Me han publicado un relato — «Hada de biblioteca» en el I certamen Salial

Hace aproximadamente un año envié uno de mis viejos relatos a un concurso.

No me lo esperaba, pero estas fiestas la editorial Suseya, un sello pequeño pero nada despreciable de la ciudad de Valladolid, me ha hecho un regalo de Navidades adelantado.

Aunque hace tiempo que vi mi relato como uno de los finalistas en una publicación de Facebook, la espera de recibir la antología en mi domicilio no me ha importado tanto como imaginaba. Esta sorpresa es toda una alegría que le da un empujón de ánimos a mi carrera de escritor aficionado. Es un paso pequeño, pero es un paso.

Recuerdo esos días con cierta nostalgia, cuando vi que entre los finalistas figuraba Hada de biblioteca. Por ese entonces pasaba por un momento de poca estabilidad mental, varias ideas me rondaban la cabeza, pero después de mucho pensarlo y de valorar varias opciones, terminé enviando el que es uno de mis mejores cuentos, sino el mejor, a un concurso que había descubierto por internet. Ese y muchos otros concursos de los que no he recibido una respuesta positiva, una novela que detesto afortunadamente no se llegó a publicar, estaba empezando un proyecto que es de lo mejor que he escrito en lo que respecta a historias largas y unas cuantas historias más.

Es curioso, detrás de este modesto logro, que no poca ilusión me ha hecho, me van viniendo recuerdos. Los dejaré aquí para los más curiosos. Gracias, Suseya ediciones, por confiar en mí y… ¿qué es esto? ¿Un doble espacio justo en mi relato en el índice?

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¿Y esto? ¿Un espacio entre la última palabra del párrafo y el punto y final?

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Hay que poner un poquito de atención a las ediciones, compañeros.

En fin, vamos con las curiosidades.

  • Antes que nada: ¿Cómo nació la idea?

Yo tendría unos 20 años. Me estaba planteando si escribir o no una novela romántica. Mientras la escribía, tuve otras ideas nada románticas, así que tomé la decisión de escribir esas ideas y plasmarlas en forma de cuentos. Fue entonces cuando en una fecha de San Valentín conocí una chica que se interesó por cierto chico que escribía. El romance no surgió, pero me sirvió para inspirarme. La chica en cuestión se llamaba Ada, un homófono de un ser de fantasía. Era menester hacer un juego de palabras e inventarse una historia. Se me ocurrió fue un relato en el que una niña quedaba encerrada en una biblioteca en un país en guerra, una bomba destrozaba la biblioteca, la niña moría y en el futuro la ciudad era reconstruida. En la nueva biblioteca, el fantasma de la niña muerta rondaba por ahí.

  • ¿La opinión de Ada?

No le sorprendió. Así de triste.

  • ¿La opinión del resto?

Recuerdo que se lo dejé a las bibliotecarias de la biblioteca de mi ciudad. No hubo respuesta.

También se lo hice llegar a mi librería de confianza. También he dejado de esperar una respuesta.

Por lo demás, lo he compartido por internet con personas que también escriben. Por lo general chicas. Parece que los tíos somos poco activos en este sentido. Además…

Lo he releído varias veces. Es una cursilería que hoy en día sería incapaz de reproducir. Sigo pensando que es un cuento decente, pero el caso es que me da un poquito de repelús.

  • ¿Y ahora qué?

Pues a seguir avanzando. No hay perspectivas de seguir escribiendo ñoñerías. Soy incapaz de generar pastelosidad sin estar enamorado.

  • Un último recuerdo

Por aquella época gané un modesto concurso de traducción literaria en mi facultad, lo comenté dos veces contadas en un grupo de gente que escribía en el que me había metido y me llovieron mensajes de envidia cochina por parte de gente que ni siquiera lo intentaba. ¿Cómo estarán esos tíos?

Hace justo un año volví a reencontrarme con uno. No me reconoció. Tampoco le dije quién era. Y casi mejor, porque si quisiera aguantar tonterías no habría cerrado mis puertas a gente que ni necesito ni espero.

Queridos lectores, no os juntéis con aquellos que no os respetan, como si fuerais el Premio Alfaguara 2019.

Y después de esta última pullita, cerramos el blog por vacaciones.

Enhorabuena al resto de ganadores, agradecimientos a la editorial Suseya ediciones y un abrazo al resto.

Gracias por leerme y hasta otra entrada.

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Sobre «Joker» y «Taxi Driver»…

(Si no has visto ambas películas, no sigas leyendo)

 

¿Quién nos iba a decir que el director de las películas de Resacón iba a dirigir una película de superhéroes tan exitosa y que además fuese una buena película?

Poco queda por decir de Joker que no se haya dicho ya. Desde antes de que se estrenara, la crítica, los «entendidos», en los medios, en todos los canales sobre cine se decía que esta película iba a ser muy buena.

En mi opinión, de forma sucinta, es una película bien hecha, disfrutable, interesante y que más que de superhéroes, es una película sobre un personaje, sobre Joker. De empezar siendo un hombre con algunos problemas mentales y víctima de maleantes, con una carrera de comediante poco agraciada; Arthur Fleck pasa a ser un demente, un sociópata, un asesino al que todo le da igual y que solo quiere ver el mundo arder. A quien el caos le parece gracioso y no teme hacer daño. Se lo toma todo a broma a tantos niveles que se convierte en «El bromas», o en «El guasón». Id a verla, vale la pena.

Sin embargo, otro mensaje, prácticamente un dogma, se perpetró por todas partes. Joker no era otra cosa que una actualización de Taxi driver pero menos interesante.

Aunque me gusta mucho el cine, las películas de Martin Scorsese no son mis favoritas. De hecho, apenas he visto películas suyas. Recuerdo que Infiltrados no me gustó nada, por más Óscares que haya recibido, pero que El cabo del miedo me encantó. No había visto Taxi driver, hasta el puente en el que he escrito esta entrada.

Sobre esta conocidísima película del italoamericano, tengo algo que decir. Me ha gustado tanto o más que Joker. Sin embargo… comprendamos que han pasado 40 años entre una película y otra. Creo que Joker funciona mejor hoy en día, es más ágil y en parte ha gustado gracias a que está muy bien rodada.

Por otro lado, Taxi driver es, en una palabra, cruda. Muestra la peor cara de la noche neoyorkina, a través de un protagonista amargo, una realidad a menudo silenciada y sin reparos a la hora de mostrar salas de cine X, de diferentes modelos de taxistas, la defensa de llevar armas para la autodefensa y un sacrificio heroico que no encaja con lo más manido del cine comercial, ya que el protagonista sobrevive a su sacrificio y sigue su vida de siempre, solo que ahora es un héroe.

En mi opinión, Taxi driver es mejor. Pero, creo también, que Joker tiene mérito. En una cartelera copada de remakes, reboots, secuelas, precuelas, spin-offs, es de agradecer que se siga haciendo cine de calidad para aquellos que buscamos crudeza, acción, suciedad, mugre y catarsis. Aunque tenga que ajustarse a criterios de censura modernos ligados a que más personas puedan ver, que no disfrutar, esa película en las salas o que no enfade a los voceros de lo políticamente correcto, los Jokers son bienvenidos. Pero si no se centrar en agradar a personas que no forman parte del público objetivo de le producto, mucho mejor. Esperemos que hagan lo mismo con Harley Quinn y Aves de presa.

Para rizar el rizo, opino que las similitudes entre ambas películas son más sutiles o menos numerosas de lo que se ha dicho. De algún modo, podrían haberse dejado caer solo para poner a la gente a hablar, sobre todo hablar sin saber, para obtener como resultado más publicidad gratuita para la cinta. Hay algunas similitudes, como que Robert De Niro aparezca en ambas o que el protagonista es un antihéroe en un ambiente hostil, pero poco más. A menos que seas muy sibarita o que quieras ver el ovni donde solo hay un avión, son dos películas distintas. O quizá me habré quedado ciego de tanto estar frente a la pantalla.

En cualquier caso, celebremos que se sigue haciendo buen cine y apoyemos estas producciones. Tal vez así las productores recuerden que darle al público lo que quiere, también funciona.

Cierro con un agradecimiento a personas como Arsenio Corsellas y Eva Garcés. Con su talento podemos disfrutar de estas cintas con un valor agregado. Gracias, chicos.

Hasta otra entrada.

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—¿Hablas conmigo?

—Como un beso furtivo en mitad de la noche.

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Good bye, Lenin! Прощай навсегда!

Hace poco, a raíz de varias recomendaciones de esta película que me encontré por internet, vi la película del director alemán Wolfgang Becker en la que una mujer de la antigua RDA cae en un coma poco antes de la caída del muro de Berlín.

Cuando la mujer despierta del coma, todavía existe la URSS pero el marco está cambiando. Es 1990, el muro ha caído, han aparecido marcas americanas en Alemania Oriental, han desaparecido muchos empleos pero también se han creado muchos otros nuevos. Las personas comienzan a diseñar el interior de sus propias casas, a comprarse coches nuevos y en definitiva a abrazar el capitalismo.

Sin embargo, esta mujer es una ferviente defensora de los ideales comunistas. Es por ello que sus hijos van a hacerle creer que nada ha cambiado en el mundo para que no se deprima. Algo similar a lo que hizo Stanley Kubrick con Danny Lloyd, intérprete del niño de El resplandor, para que no se enterase de que la película era de miedo y no sufriera ningún trauma.

En este momento iba a decir que sería una buena idea que todo el mundo desechase de una vez por todas las ideas leninistas, pero no es momento de lanzar puyas a los pensamientos totalitarios, por mucho que me guste decir lo que pienso.

Esta película, aunque no lo parezca, no tiene una temática política. Es un drama familiar sobre la vejez, el cambio de los tiempos y el amor de unos hijos hacia su madre. Sobre todo por parte de Alex, el personaje que más se preocupa por el bienestar de su progenitora. En pocas palabras, entra dentro de lo que conoceríamos como pelis para llorar. Hacia el final se pone muy emotiva, desde luego.

Si tú, querido lector, has visto algo del cine alemán sabrás que la industria cinematográfica alemana no es especialmente destacable, pero tiene pequeñas joyas imprescindibles para todo amante del cine, como Nosferatu, La ola, o la película que hoy nos ocupa. No es algo que suela ver con mucha frecuencia y está a años luz de los telefilms del domingo por la tarde.

Pese a todo, la película está grabada con bastante mimo. No destaca por nada en especial, pero por lo menos cumple si quieres ver algo distinto. Por no mencionar que a medida que avanza, se suceden sorpresas y giros de trama. Merece la pena verla si te gusta el cine de autor europeo.

Es una película sin pretensiones, a diferencia de las que subvenciona el gobierno de mi país. (No me iba a ir sin un tirón de orejas más, je je.)

Por último, recomiendo verla en alemán subtitulada. No por una cuestión de esnobismo antidoblajil, sino porque me gusta mucho como suena ese idioma.

Gracias por quedarte hasta el final y hasta otra entrada.

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«El hombre elefante» – Una reseña irracional

Hace unos días, una lectora del blog me dijo por Twitter (puedes seguirme si quieres: @pistoladeozono) me comentó que le gustaban mis reseñas porque en ellas trataba de ser tan racional como pudiera. Por lo general, intento alejarme de esa clase de reseñas que giran en torno a las emociones que ha sentido el autor de la crítica sin tener en cuenta ningún otro aspecto del objeto a comentar.

Hasta ahora, no me había percatado, pero es un hecho que detesto esas recomendaciones anónimas que pululan por ahí o que te hace algún fanático, que igual ni conoces, y no comenta nada del producto reseñado. Solo dice «Míratela, tienes que verla, está muy chula» y se queda ahí. Si conoces a alguien así, dile que ni se le ocurra ganarse la vida como comercial, que mejor se dedique a otra cosa. Claro que hay quien a base de insistir acaba convenciendo a los demás con tal de que se calle.

Pero no nos desviemos. Hoy traigo una reseña de una película que vi hace poco y que soy incapaz de comentar de forma objetiva, como intento hacer. Me apetece variar un poco y vamos a ver qué sale.

Por cierto, un saludo, Bekcer. Dejaré un enlace a su blog por aquí.

La película que quiero recomendar es El hombre elefante, dirigida por David Lynch. Se trata de un film de 1980. Lo produce Mel Brooks, conocido por su humor absurdo y demencial gracias a películas como Sillas de montar calientes, La loca historia del mundo o El jovencito Frankenstein, cuya adaptación a musical fui a ver hace poco tiempo y recomiendo a todo el mundo que adore la película tanto como yo.

Teniendo en cuenta estos antecedentes, cabría esperar que se trataría de una comedia loca con la partirse el culo y verla entre amigos, con palomitas y entre miles de carcajadas. Sin embargo, se trata de un drama, inspirado en hechos reales, sobre John Merrick, un hombre inglés que nació con múltiples deformaciones y que murió de forma prematura en 1890, a los 27 años.

La película se toma sus licencias sobre el hecho real para contar una historia muy dramática, dura, triste; a la vez que bella, agridulce y esperanzadora. En otros tiempos me habría enfadado porque no se relatasen los hechos reales tal cual sucedieron. Pero como dice Scarlew Harzac (aquí os dejo su canal de YouTube), no tiene mucho sentido que una película, un producto de ficción, sea cien por cien fiel a un libro, cómic o hecho real, porque para eso ya está el libro, cómic o libros y documentales sobre el hecho real. Una película es para entretener, y que haya cierta alteración de los hechos en pro de hacer una película amena, no es un problema per se. Al contrario, en casos como el que nos ocupa, puede convertirse en un ejercicio de imaginación. No hay más que ver la escena inicial.

Tratando de dejar a un lado los cambios que se hicieron, creo que los detractores podrían fijarse en las similitudes con el hecho real, según las biografías del señor Merrick. Por ejemplo, la máscara con la que oculta su cara, los tratamientos que le hicieron, el carácter afable del protagonista o el hecho de haber estado en un circo de fenómenos, tras el cual se convirtió en artista y en una celebridad con un éxito muy envidiable para la época.

La película me recuerda a un corto, también muy bueno, llamado El circo de la mariposa, también ambientada en los circos. Pero a diferencia de esta historia, colorida y bohemia, El hombre elefante es una película mucho más gris de principio a fin. Esto puede notarse en el color. Sí, es en blanco y negro, en los años 80, a propósito, para representar un mundo antiguo.

Desde el principio, hay escenas escalofriantes, muy habituales en la filmografía de Lynch. Las violentas escenas del circo se hacen muy difíciles de ver, ya que es fácil empatizar con la víctima. Me recuerda un poco a Dumbo, que a día de hoy sigue siendo una película bastante oscura para estar dentro de lo que se entiende como cine infantil.

Tenemos la suerte de que ya casi no hay circos de este tipo, donde se utiliza a humanos y animales para entretener a otras personas, donde los tratan como basura, los humillan día tras día; y en una sociedad en la que se persigue al bicho raro para echarle agua bendita o alguna gilipollez por el estilo. Hoy en día lo acosarían para hacerse selfis. No me cabe la menor duda.

No obstante, en mitad de todo ese dolor, hay cierto matiz de belleza muy difícil de explicar con palabras. El lenguaje cinematográfico es capaz de reflejar estas emociones de una forma muy propia. Y aunque no deje de ser cine americano bastante comercial, lo cual tampoco es malo, el caso es que esta película ha sabido transmitir ese torbellino de emociones, se ha convertido en una obra de culto y la recomiendo ampliamente.

Casi nunca lloro viendo cine. Este tampoco ha sido el caso, pero estuve a punto.

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Feliz Halloween y dulces chucherías

Sé que con el último puesto me he dejado llevar un poco por las ideas que defiende y he estado de acuerdo con que el «Ism» es muy perjudicial allá donde se aplican sus ideas.

Por mucho que suponga un estímulo inicial y sus promesas resulten muy atractivas, el «Ism» recuerda más a una religión que a un marco económico y social, donde el culto eterno a figuras históricas y gobiernos socialistas es el eje que mantiene en pie sus ideas, y no los hechos ni tampoco los deshechos fruto de la planificación completa de la vida de personas ajenas, como si algún gobernante nos tuviera que controlar todos los estímulos que recibimos para que no vayan en contra de sus ideales. Eso sí que da miedo. Es el monstruo de la censura que creíamos haber esquivado con la aparición de internet, medio gracias al cual estos cortos han vuelto a ver la luz, pero que se está censurando cada vez más y más.

Es en estos momentos me pregunto si no estaremos dejándonos llevar demasiado por la política e introduciendo ideas políticas de corte de servidumbre estatal en la ficción de manera excesiva con tal de proteger a las personas de un peligro irreal, como si poseer información fuera un acto ilícito.

Como persona a la que le gusta hablar de política, sobre todo contra nuestros representantes, a veces es fácil que las reseñas o cualquier redacción exprese las ideas del autor. Ni me censuro ni me callo. Si algo tan horrible como la idea de realizar propaganda mediante dibujos animados me gusta, en un sentido artístico y de interés para entender el contexto histórico, lo digo.

No obstante, pese a que alabe la autocrítica del corto del primer puesto, el detalle que me animó a publicar este top en Halloween es precisamente que se pueden ver todos estos cortos desde una perspectiva terrorífica.

Por ejemplo, algo que puede dar miedo es vivir en una sociedad cada vez más dividida y estupidizada, donde diferentes personas se enzarzan por cuestiones triviales como en qué trabaja cada uno o cuáles son sus gustos, qué estudió o que los estereotipos sobrepasen la identidad de cada individuo.

Como consecuencia, el único beneficiado es el político que hace lo que se le antoja. Mientras tanto, los medios de comunicación darán cobertura a cualquier hecho insustancial en lugar de a una noticia relevante, y la gente se malacostumbra a prensa basura, con toda razón. El espacio de las noticias lo ocupa la trifulca de turno, mientras los datos terribles que nos retrasan como sociedad se pasan por alto. Es puro pan y circo, solo que en este caso el circo ya nos encargamos de montarlo nosotros.

Se dice que los tiempos difíciles engendran personas fuertes. Ojalá sea cierto, porque las necesitamos desesperadamente. Personas críticas que no se dejen engañar por charlatanes baratos ni acepten dogmas impregnados de palabrería emocional como que votando a fulano o a mengano todo se solucionará, o que ser responsable de tus propias decisiones y actos está mal, porque te convierte en una persona libre y adulta que no necesita un gobierno que le proteja del mismo.

Ahora que la política es la nueva religión, nos están polarizando más y más como sociedad. En consecuencia, el pensamiento crítico se desvanece. Para más inri, hay quien dice tener pensamiento crítico o ser antisistema, y está más de acuerdo con lo que hace el sistema que nadie. A la vez, las minorías se utilizan a menudo como vía para imponer leyes disparatadas en nombre de la correccción política y la discriminación positiva. En mi opinión, si hay que defender a alguna minoría, esta es el individuo.

Y un futuro en el que la identidad del individuo sea destruida a favor de los gobernantes de turno, o cualquier eufemismo como la masa o el pueblo (a quienes esa gente le importa tres pepinos), da mucho más miedo que cualquier corto o mensaje provocador.

Feliz Halloween, Samhain, como lo queráis llamar y viva la libertad individual.

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