El problema de que tu protagonista sea una mierda seca

No hace muchos meses comenté sin ahondar mucho en el tema que consideraba un error que el protagonista de una obra sea un personaje despreciable, tenga una personalidad insulsa o lleve al lector o espectador por el camino de la amargura. Después de todo, no quería herir a una escritora que conozco. Y el hecho de que me confesara que quería que la recordaran como a ese personaje, tan vergonzoso y patético desde mi punto de vista, me hizo pensar que debería terminar de leerlo para llevarme una grata sorpresa, un giro radical que redimiera los fallos del principio, pero a día de hoy sigo sin estar interesado en ese libro ni en personas con una actitud chulesca para con su comportamiento inmaduro.

Soy consciente de que los humanos somos imperfectos. Es posible que mi posicionamiento sea algo brusco hacia esa escritora, y de hecho otro libro suyo que leí me pareció bastante bueno. Por lo tanto, no dije nada más. No quería hacerle daño, ni tampoco pretendía sacar lo mejor de una persona que me podría dar muchas lecciones de escritura creativa a mí, que soy un mindundi. En su lugar, redirigí la mirada hacia mis relatos y proyectos no lanzados, y de hecho mis protagonistas en la vida real merecerían todo el desprecio de sus semejantes. He tenido que ir corrigiendo ese error y crear personajes más interesantes con el tiempo.

Por ejemplo, mientras escribía una historia sobre el amor a distancia entre una treintañera con un novio que también le era infiel y un veinteañero virginal y asocial, mis frustraciones sobre los fracasos amorosos se veían reflejadas. Para más inri, Apolo, el veinteañero asocial y mi alter ego, era un personaje despreciable, inmaduro e irascible, entre otros defectos. Lo interesante fue que mi intención principal al crear un personaje con nombre de dios del amor, del cual no tenía ni idea, era criticarme a mí mismo y tratar de convencerme de que había cambiado a mejor. Craso error. Había mejorado un poco, pero de igual manera que cualquier país que ha vivido una dictadura represiva y, tras el fin de esta, una época de libertad y prosperidad, necesitaba un tiempo para estabilizarme, aclarar mis ideas y descubrir si de verdad había cambiado tanto.

El resultado no fue muy bueno. Perdí amistades, oportunidades, tuve broncas que se podrían haber evitado, y tardé bastante en saber qué quería. Y cuando supe y tuve lo que siempre había deseado, volví a caer reiteradamente. Al final, tras adoptar diversos cambios de actitud, creo que cuanto menos me parezca a mis primeros personajes, mejor.

Supongo que, ejerciendo de abogado del diablo, le puedo sacar algunas virtudes a Apolo. Por lo menos me ayudó a darme cuenta de que me estaba convirtiendo en él. Es más, estoy seguro de haberme encontrado con más Apolos por ahí.

Por eso, cada vez que me encuentro con un personaje despreciable, me distancio. Por supuesto, esto no quiere decir que esté en contra de villanos protagónicos, antihéroes o perdedores que aprenden algo o son ridiculizados a lo largo de la obra, en especial si es una comedia estúpida para pasar un rato ameno y punto. Mi problema está en los protagonistas de mierda con más ego que la mayoría de los influencers medios. Porque, llámame raro, pero no me gusta leer sobre un idiota al que se le premia por su estupidez.

Intentaré explicarlo: Imagínate por un momento que trabajas muchas horas, que tienes que desplazarte durante más de una hora en transporte público hasta tu lugar de trabajo y otra hora más para volver a casa, y al volver te toca hacerte de comer para el día siguiente. Sales de casa con sueño y vuelves a casa con mucho cansancio. Para entretenerte por el camino y deshacerte de algo de estrés, decides leer una novela, antes y después de encontrarte con un cliente que te hace perder tiempo y te desespera con su escaso sentido común, que quizá decida romper algo de tu lugar de trabajo porque le apetece, que fumará en un local o que hará retrasar un proyecto, pero que desde tu posición no puedes hacer nada para expulsar a esa persona del lugar, y a tus superiores les parece genial que esa persona de mierda esté allí, tocándote lo que no suena. O un compañero que no da un palo al agua y te toca cargar con más trabajo por su comportamiento rastrero. ¿Te gustaría que el protagonista de esa novela fuese ese cliente o compañero con encefalograma plano y maldad estúpida, que sus fechorías le saliesen bien y se le felicitara por ello? Que ese carterista protegido por el poder judicial, ese niño de papá que ha okupado tu casa durante las vacaciones, ese borracho que te ha reventado los retrovisores del coche, o esa mujer que te ha acusado en falso de varios delitos y que estará sobreprotegida por la política femiloca de turno y una asociación devoradora de tus impuestos vivan una historia ficticia, y te tenga que entretener y gustar me parece de enajenados mentales.

De manera similar al Apolo que fui, estos personajes bochornosos tienen sus contrapartes reales multiplicadas por decenas. Y por desgracia no somos Harry, el Sucio para darles su merecido a ladrones, asesinos y violadores o carteristas, okupas, alborotadores y perpetuadoras de crímenes morados. Solo somos puntitos en un mapa gigante. Puntitos con poco tiempo libre, el cual es más valioso que el oro, y que no deberíamos derrochar con historias cuyos protagonistas viven como reyes debiendo llegado a ser como mucho latas de comida para el doctor Lecter.

Después de estas muestras de lengua viperina, me gustaría acabar con una matización más sobre personas de la vida real que pueden servir de ejemplo para no crear personajes basura. ¿Alguna vez habéis conocido a esa clase de personas tan negativas que deberían tener la piel roja, como los números del banco? Bromas aparte, hablo de personas que tienen un problema para cada solución, una pega para queda regalo que reciben, una excusa para cada muestra de mal comportamiento, una sonrisa falsa para cada muestra de buena fe o diversión que se les presenta, y una cabeza de turco a quien culpar de cada una de sus estupideces. Si la conocéis, ni os acerquéis. Mi consejo es que cortéis toda relación cuanto antes. Y cuanto más miedo tengáis de perder a es apersona, más os urge alejaros. Porque son personas tóxicas. Son envidiosos que nunca han movido un dedo por nada, que valoran la mediocridad y la chabacanería por encima de todas las cosas, y que extrapolan sus percepciones paupérrimas y sesgadas a toda la sociedad, a quien culpan de sus frustraciones personales. No os juntéis con Apolos ni Amapolas. Y, por favor, si lo sois, cambiad. O por lo menos tened la decencia de preguntaros si vale la pena. Si creéis que sí, recordad que siempre podéis mejorar gracias a que el trabajo dignifica, y nunca faltan personas para limpiar el hábitat de los animales del zoo, de protectoras de animales y demás.

Es por eso que opino que crear protagonistas de mierda es una práctica a evitar, porque aunque no quieras, proyectas una imagen bochornosa. Si vas a hacer que reciba un cruel castigo, adelante. Pero no te recomiendo gorificar a un protagonista que permitirías entrar en tu casa.

Gracias por aguantar mi mala baba, pensad si vale la pena ser un personaje despreciable y hasta otra entrada.

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La película «Las ventajas de ser un marginado» me parece demasiado optimista, pero no deja gustarme

He visto la película Las ventajas de ser un marginado unas horas antes de escribir esta entrada y siento que tengo que hacer una crítica, a pesar de que no sé cómo explicar lo que he sentido al verla.

Mi opinión resumida de la adaptación que el escritor Stephen Chbosky realizó de su propia novela y pudo estrenar en 2012 es que es una buena película para quienes crecieron durante los 90 y que no fueron precisamente populares en el instituto.

Mis recuerdos de esa década son muy vagos. Después de todo era un niño enganchado a los VHS, tenía un yo-yo y poco después llegaron los 2000. El caso es que incluso habiendo ido al instituto durante los años 2000, lo cierto es que he sentido algo de nostalgia al ver las cintas de casete o las ediciones de libros que aún se hacían en imprenta. Definitivamente era otra época. En algunas cosas mejor, en otras peor, pero diferente al fin y al cabo a hoy la actual. Lejos de hacerme sentir viejo, he sentido envidia sana por algunos de los protagonistas.

Como marginado durante del instituto hubiera dado lo que hiciera falta por tener compañías como las de Charlie Kelmeckis. No obstante, al ponerme en su situación, creo que en esa época más que a Charlie yo me habría acercado a un antihéroe, que no lo hay en esta cinta. Un marginado que renegaría de la lectura, no bebería, no fumaría, no tendría sexo, a duras penas tendría amigos y en definitiva tendría algo de culpa en ser un marginado, lo cual no le importaría en absoluto a ese chaval, quien para más inri se jactaría como un estúpido de ser solitario y maleducado (y estúpido también). Lo cierto es que me ha hecho reflexionar. Eso lo valoro mucho en la película. He conseguido recordar experiencias en las que al tratar de socializar con otros marginados que eran incluso más infelices que yo.

Por otra parte la película tiene bastantes fallos, a mi parecer. A los que la habéis visto: ¿No os parece que todo sucede de manera muy oportuna? Los personajes se encuentran justo cuando va a suceder algo interesante, si hay algún problema lo solucionan en un momento, los abusones, los «malos», se marchan justo después de una pelea, o dos protagonistas se acaban enamorando y todo sale como en un libro de autoayuda, o que el protagonista parece perfecto y que no comete errores, como si fuera un Gary Stu. De hecho, considero que Charlie lo es y a los muy fans les parece bien.

De algún modo, no es una película que se caracterice por sorprender al espectador. En ese sentido creo que está un poco sobreestimada por otros marginados. En lo que sí que les debo dar la razón es en que tiene sus partes graciosas, no se corta en darle un tono muy natural (punto para los traductores y ajustadores María José Aguirre de Cárcer y Juan Logan Jr., respectivamente), por no hablar de mostrar sin tabúes problemas como la soledad, el desamor, la salida del armario, la primera vez y demás situaciones a las que se puede enfrentar un adolescente. Ni los mitifica ni los dramatiza, simplemente los enmarca.

Por sacarle otra virtud, me gusta la actitud del protagonista. Le cae bien un profesor y se lo hace saber. No le gusta su chica y hace una cosa delante de todos para cortar con ella sin tapujos. Tiene una mala experiencia con la droga y las deja. Tiene que defender a un compañero y se arma de valor. Todo ello sin que a nadie le importe. Quizá esa sea una de las ventajas de ser un marginado, que a nadie le importe tu personalidad y sin embargo puedas juntarte con otros raritos. Creo que le falta un poco de mala baba, pero eso ya es más cuestión de opiniones.

Sigo pensando que tiene fallos, pero en absoluto es una película indie pretenciosa ni tampoco es nada que los que tuvieron una buena adolescencia no puedan ver. La recomiendo para una tarde de esas en las que no saber qué ver. Como marginado que tuvo que aprender varias veces y por las malas a no ser un capullo incluso con quienes merecían la indiferencia, os recomiendo esta película. No creía que me fuera a gustar. Me alegro de haberme equivocado. Si me equivoco tanto, tal vez debería volver a Instagram… No, de eso nada.

En fin, gracias por leerme, como siempre y hasta otra entrada.

«Los niños tontos» de Ana María Matute — Educación y transgresión medio siglo antes de la moda del microrrelato

Hace pocos días me tomé un descanso de mi lectura de El señor de los anillos tras terminar La comunidad del anillo porque me apetecía disfrutar de una lectura más ligera antes de lanzarme a degustar la segunda parte. El caso es que llegó a mis manos una edición de Los niños tontos de Ana María Matute. Lo primero en lo que pensé fue «el nombre de esta mujer me suena, ¿pero de qué?».

Si has estudiado secundaria y bachillerato durante los últimos, no sé, veinte o treinta años en España seguramente habrás oído el nombre de Ana María Matute en clases de lengua castellana. Es una de las autoras cuya trayectoria se desarrolló durante el franquismo y que ha llegado hasta nuestros días. Tal como Miguel Delibes, Juan Marsé o Francisco Ibáñez, pertenece a ese grupo de autores que empezaron a escribir en los años 50, o quizá unos años atrás, y que por circunstancias personales permanecieron en el país, en contraposición a los artistas exiliados como Mercè Rodoreda, Pere Calders o Max Aub que tuvieron que huir por ideales políticos. Ello no quiere decir que estos autores que no huyeron del país estuviesen de acuerdo con las políticas del régimen, pero al menos sus obras no fueron censuradas.

Sin embargo, si hay que comparar a Ana María Matute con algún otro autor, yo asimilaría su trayectoria con la de Manuel Vázquez Montalbán. Más que nada, son autores recomendados para estudiantes de instituto. No desmiento que fuesen autores de calidad, pero sus historias pueden aburrir a los niños actuales. Como adolescente que no leía casi nunca que fui, recomendaría a los institutos que dejasen elegir a los alumnos qué leer o que directamente les mandasen lecturas adictivas ideales para ellos tipo Harry Potter. ¿No creéis que funcionaría y los adolescentes leerían más que la generación de sus padres?

Volviendo al tema, me lo leí en dos viajes en transporte público de una hora cada uno. Son unos cincuenta relatos de dos o tres páginas, y algunos de solo una, regidos por una misma premisa: que hay niños que simple y llanamente son tontos. O más bien malvados, según se da a entender el prólogo. Es un libro interesante que recomiendo como entretenimiento ligero, pero si no lo has leído no te estarás perdiendo nada. A pesar de todo quisiera hacer un par de reflexiones: una que me ha hecho pensar y otra que me hace reír.

Una de las ideas que difundía la autora, según me comentó quien me lo prestó, fue que los niños son malvados por naturaleza. Que es la madurez lo que nos hace humanos. Es posible que ciertos lectores no estén de acuerdo y repitan su discurso sobre que los niños son folios en blanco que tenemos que educar para que se rellenen de buenos valores. No obstante, cada vez que le pregunto a alguien con alguna discapacidad, que sea extranjero, de otra cultura, religión o etnia, que sea homosexual o que simplemente se enfade con facilidad cómo lo pasó en el colegio, en general, me cuentan que lo pasaban muy mal por culpa de clases enteras de niños que se aprovechaban de poder hacerles sufrir por simple diversión, y a los profesores todo ello les daba igual. Qué casualidad que esos hechos no se tienen en cuenta al momento de hablar sobre sufrimiento en la infancia, al menos no en boca de esas personas incapaces de ver maldad en los niños y que prefieren echarle la culpa a algún agente externo como la falta de religión, los cómics, las películas, los videojuegos, la pornografía o la masculinidad tóxica. Sí, según parece las niñas son incapaces de cometer fechorías.

Estoy bastante de acuerdo en que hay mucha maldad en los colegios y parvularios. Pero también quisiera mencionar algo más. Pensando en esos alumnos marginados, me viene a la memoria una frase que solía oír en boca de gente adulta en mi opinión muy indigna: «son tontos». Sí, refiriéndose a los marginados. Que seguro que entre los marginados también había tontacos, no nos vamos a engañar. Pero yo noté en algunos relatos cierta inocencia o severos problemas mentales, los cuales requerirían de atención psicológica para solucionarse. Quizá sobreanalizo los cuentos, pero me encontré con aptitudes repletas de inocencia, despistes con el vuelo de una mosca o deseos de estar en soledad, de vengarse… esas situaciones que les suceden a los niños incomprendidos o que sufren por culpa de malas compañías de las que no pueden escapar por tener que ir al colegio. Quizás sea solo una interpretación fruto de locuras de mi cabeza, pero veo algo más que niños tontos y malvados en los cuentos. Veo niños incomprendidos, marginados y deliberadamente ignorados por compañeros y adultos. Chicos con potencial que han nacido en el lugar y el momento equivocados. Veo una realidad triste que hay que mejorar. Tal vez si se apoyase demás a los raritos marginados pero con potencial en lugar de centrarse en payasos que llaman la atención o cosechan visitas en sus redes sociales, las cuales no deberían utilizar hasta que fuesen más conscientes a base de hacer el subnormal, este mundo tendría mejores referentes y no necesitaría tantos ideólogos, los voceros subvencionados serían ampliamente rechazados y los influencers idiotas no existirían. Y no se admiraría a una poligonera que canta flamenco como si fuera una diosa. No cabe duda de que nos falta mucho por aprender.

Como traca tonta para el colofón diría que si este libro se hubiera escrito ayer, en lugar de haberse publicado en los años 50 del siglo XX, (pido disculpas por adelantado) ciertas personas lo alabarían de forma ridícula. Me imagino comentarios en los que lo habrían considerado «un colectivo chupiguay de microrrelatos tope de buenos y supermolones sobre niñxs genial para aumentar nuestra superioridad moral que llevará nuestra soberbia al máximo nivel». Y poco después caería en el olvido por no ser lo suficiente coeducativo para los parámetros del año siguiente ni incluir lo que sea que haya que incluir para seguir tratando de llamar la atención de forma patética con el fin de… ¿trasformar la sociedad? Supongo que pretenden transformarla en un rebaño de llorones de pensamiento único, porque sino no me lo explico.

En una palabra: innecesario. En otra: insustancial. Tal vez si se deja de marear a la gente y se les ofrece un contenido interesante sin pretensiones se consiga que la gente no se harte de la corrección política tan superficial que tiene la progresía, que no tengan que introducir a la fuerza ideas mediante campañas políticas y cansinez asociativa. Me resulta muy curioso que, para autodenominarse antisistema, las ideas que manejan los progres están muy integradas en la sociedad y en los gobiernos actuales. Si de veras quieren ser antisistema, deberían ser procapitalistas, prosionistas, prociencia e ir en busca de una igualdad real entre individuos.

Sé que me he ido por las ramas, pero eso activa las glándulas sudoríparas de mi miembro viril. Gracias por llegar hasta el final si lo has hecho y gracias por pensar por ti mismo o misma. Yo seré un bocazas, pero intento ser coherente.

Hasta otra entrada.

Estimado seguidor, estimada seguidora: necesito tu apoyo y lo necesito pronto

Estimado seguidor, estimada seguidora, vengo a contarte algo muy importante para mí.

Por si no queda claro en la url de mi blog, soy Rubén y me gustaría de ser escritor.

Hace unos meses envié una novela negra a varios concursos y una de las editoriales me contactó porque mi novela les había llamado la atención. Al final llegamos a un acuerdo: si la gente apoyaba mi proyecto, me la publicarían.

En lugar de pedirme dinero para autopublicarla, me sugirieron iniciar una campaña de crowdfounding para financiar la publicación de la novela. Las personas que pujen recibirán la novela una vez se publique, en caso de que se alcance el objetivo, con los gastos de envío incluidos. Insisto, el dinero no es para mí, es para que la editorial pague los gastos de la publicación.

Es por eso, estimado seguidor o seguidora, que te traslado este mensaje:

Si quieres apoyarme, si quieres ayudarme a cumplir mi sueño de ser escritor, te pido por favor que hagas clic en el enlace, leas la sinopsis y el fragmento que comparto. Y si te interesa, participes en la campaña en la medida de lo posible.

Además, me gustaría que lo compartieras con tu entorno para poder llegar a más gente. Quizá de este modo logre alcanzar las 55 copias que necesito reservar para finales de este mes.

Muchas gracias por leerme, como siempre, y está en tus manos que pueda llegar a las suficientes personas para cumplir este pequeño sueño. Gracias por tu ayuda.

Enlace: Haz clic aquí o en la imagen

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¿Me quedo con los libros largos o con los cortos?

Hago esta entrada porque hay un tema que me apetece tocar desde hace tiempo y debido al cual no suelo hablar mucho de libros ni de películas con la gente. No quiero parecer burdo ni hablar de manera agresiva contra nadie en concreto, pero es un hecho que hay personas con una mentalidad bastante limitada y con las que no se puede discutir. Y es que hay personas que rechazan leer un libro que les interesa solo por ser demasiado largo o corto según su punto de vista. Me pregunto cuánto habrán leído últimamente y si habrán reflexionado al respecto.

Haciendo un paralelismo con Einstein, ¿estás personas habrán oído hablar de la treeoría de la relatividad? En mi opinión, la extensión de una obra puede ser objetiva y medirse en páginas o minutos, pero el tiempo que se la va a dedicar no siempre se corresponde con su extensión. A veces me gusta volver a ver una escena en concreto de una película, o ver esa película dos veces, o pausarla para reanudarla unos días más tarde porque no la estoy disfrutando lo suficiente. Y del mismo modo, hay libros que pueden devorarse en una tarde y hay obras y sagas cuya lectura puede ocupar meses. Por ejemplo, la mayoría de historias de Mortadelo y Filemón son breves pero se me hacen eternas. En general, me resultan casposas por el lenguaje recargado, barroco, artificial, pseudoformal y deliberadamente extraño. Es solo una opinión de mierda, pero no les veo ningún encanto.

Del mismo modo, hay ciertos libros cortos que pueden ocupar mucho tiempo de lectura, por su complejidad o porque conviene leerlos despacio para degustarlos, o porque no son del gusto del lector. ¿O acaso os leísteis y entendisteis enseguida El lazarillo de Tormes cuando estabais en el colegio?

Y ya os digo, una de mis mayores decepciones literarias fue Las almas de Brandon, cuya crítica es la entrada más leída de este blog. Por otro lado, los libros de conocidos que he comprado, sobre todo de poesía, eran cortos y no me gustaron mucho. Vamos, que el que un libro sea corto no es sinónimo de disfrute textual. Encontraréis buenos ejemplos de libros cortos de gran calidad, como Alicia en el país de las maravillas, y libros prescindibles o flojos, como Alicia a través del espejo, probablemente la primera secuela decepcionante de la historia. Pero ese es otro tema.

Y sin embargo oyes por ahí que no leen libros largos porque les dan pereza. Oiga, ¿en qué año se estancó su mente, señoría? ¿No ha entendido que hay buenos libros y malos libros, o libros que serán de su gusto y otros que no, independientemente de la extensión de estos ya que no se trata de un factor determinante?

Luego están los del caso contrario, los que solo leen libros gordos. En parte entiendo su postura, puesto que doy fe de que hace falta incluir muchas descripciones o tramas para dar profundidad a la obra. Pero pienso: ¿nunca se han aburrido con un tocho insufrible? ¿Con un recopilatorio de historias de relleno al más puro estilo de un Ken Follet o ciertas obras de Anne Rice o Stephen King, o los mangas que nunca terminan?

De hecho, una escritora que conozco me contó que tenía un libro cortito, unas 150 páginas, y lo presentó a una editorial. Le respondieron que les interesaba la historia pero desde un punto de vista empresarial no funcionaría por ser demasiado breve. Le sugirieron que lo extendiera hasta rozar las 500 páginas, pero ella contestó que no le parecía bien, que la historia era simple y con 150 páginas era suficiente. Al final, después de mucho esfuerzo consiguió forzar la historia y alcanzar las páginas requeridas por la editorial. ¿La respuesta de la editorial? Pues, obviamente, que la historia se resentía y que se hizo muy larga. Exactamente lo mismo que les dijo la escritora. Pero por desgracia sí hay historias con un relleno innecesario que entorpece el ritmo de la lectura.

¿A qué viene todo esto? Pues a que me apetecía exponer ciertas ideas sobre quejicas insignificantes. Últimamente veo mucha gente preocupada por detalles insustanciales como la extensión de un libro o que un personaje de su infancia saldrá en una nueva película y le han cambiado el color de la piel, del pelo o la procedencia, y se siente raro que le cambien el aspecto a un personaje de la infancia. Ay, almas de cántaro, ¿qué edad mental tenéis? ¿Tanto os importa ese remake? Pues no lo veáis, que en poco tiempo nadie se acordará del tema. Si es que os quejáis de vicio.

Me encuentro con comentarios que suenan así: «Uy, que ese libro que me llama muchísimo la atención es demasiado largo/corto, voy a autocensurarme y no lo leeré. Y me quejaré mucho por internet para creerme interesante. Como no tengo problemas reales ni nada en qué ocupar mi tiempo, buscaré algo de atención».

En definitiva, se ha vuelto muy difícil discutir tanto sobre temas serios como sobre nimiedades por culpa de ideas sin profundidad ni matices. Se nota que a los humanos nos gustan las explicaciones o las no explicaciones simplonas. Por el contrario, la cultura del descubrimiento y de no creerse todo lo que dicen por ahí está desapareciendo. Incluso aquellos que dicen ser radicales y de ir en contra del sistema solo buscan llamar la atención, puesto que están conformes con la opinión pública y con el sistema en casi todo.

Lo cierto es que hace años, cuando vi las películas de El señor de los anillos al principio no quería verlas porque eran demasiado largas. No obstante se me hicieron bastante cortas porque tenían muy buen ritmo narrativo, no como ciertas pelis de Marvel que, a pesar de tener la misma duración, estaban forzosamente ejecutadas porque había que explotar la misma fórmula una y otra vez. Desde entonces traté de no juzgar una película por su extensión.

Recientemente empecé a leer esa saga de libros de Tolkien. Serán largos, pero se me están haciendo cortos por ese mismo motivo. Como en la teoría de la relatividad, puede que el tiempo sea relativo pero la capacidad del autor para captar al lector era magistral. No fue así en los libros cortos y largos que dejé a medias.

En fin, que leas lo que te dé la gana, tenga mil páginas o solo cincuenta, pero no te recomiendo caer en dogmatismos de mierda, valga la redundancia. Gracias a estos ejemplos y otros más duros, como conocer extremistas y entablar largas conversaciones con ellos, he ido librándome de personas dogmáticas y volviéndome más liberal y librepensador. Ya hay muchos problemas en el mundo, ¿para qué crear más?

Es triste, pero las personas exageradamente pesimistas tienen un problema para cada solución, y a largo plazo acaban cansando, y mucho.

Pésame Street (el libro de la webserie) — Risas, emociones y nostalgia caliquera

Si eres como yo y en la segunda mitad de la década de los 2000 y durante toda la siguiente disfrutaste las animaciones de Niko, el creador de Cálico Electrónico, y todavía no has leído ese libro, ¿a qué esperas? Está repleto de buenos dibujos, ese humor tan característico que se mueve entre lo absurdo, lo vulgar y lo satírico, y bastantes sorpresas gratas.

No sabría qué más decir al respecto sin destriparlo. Claro que si estás viendo Pésame Street (estrí), la última creación de Niko, el libro para ti no será más que una extensión de lo que ves en los vídeos: anécdotas tras la creación de los capítulos, presentación de colaboradores y aportes de expertos en distintas materias.

Los temas que trata, como puede intuirse, están relacionados con el animalismo, el veganismo, el medio ambiente, y en cualquier caso contienen bastante humor. El autor comenta que es una de las mejores herramientas para decirle a la gente que no te parece bien lo que están haciendo sin que quieran matarte. Teniendo en cuenta que Berlanga pudo saltarse la censura franquista gracias a su humor, y sus películas sobre la posguerra son geniales, el argumento está bien cimentado.

Por lo demás, considero que es un libro al que es mejor llegar sin saber mucho más, así que podríamos dejar la entrada aquí, amigüito o amigüita. No obstante, para ser vago ya hay muchos otros momentos y la comedia es un tema muy serio, de modo que lo que sigue no son más que anécdotas relacionadas con el libro o con Cálico Electrónico. ¿Te vas a quedar?

Para empezar, lo adquirí en Sant Jordi. Salí del trabajo y pude caminar un ratejo por Barcelona, ver puestos de libros y reencontrarme con antiguos compañeros de la universidad. Sabía que Niko estaba cerca, en la parada del PACMA. Así que me dirigí allí, le pedí el libro firmado y he perdido la cuenta de las veces que le dije que me gustaron bastante los capítulos como «Cuento de Navidad», «7 vidas tiene un gato» o «Querido omnívoro». Y unas cámaras me grabaron, pero no he encontrado imágenes mías en la página web del partido. Lo más parecido que hay es una foto que he sacado de la cuenta de Twitter de Niko, firmándome el libro:

Screenshot_2019-06-17 Tweets con contenido multimedia de Nikotxan ( Nikotxan) Twitter

No era la primera vez que lo iba a ver. Hace años en el Salón del Manga de 2013 (creo) le compré un póster de Cálico Electrónico que aún conservo. Pero esta vez era distinto, y podría haber ido mejor. No es que me quiera quejar, ni voy a culpar a nadie, pero me dieron el ejemplar más castigado de todos xD. Tiene marcas de golpes en la solapa y está algo rayado. Debía de estar en un extremo de la caja y debió de haber un golpe durante el transporte o vete a saber. El caso es que no tiene la menor importancia para lo que quiero tratar. Y aparte lo tengo firmado y dedicado, que es lo que quería.

Por cuestiones varias he tardado en empezarlo, pero leerlo se puede leer en una tarde. Sin embargo he ido lento para disfrutarlo y absorber toda la información posible. Es una lectura amena que incluso si no tienes costumbre de leer lo vas a poder seguir sin ningún problema. No deja de ser un producto accesible, como cualquier objeto de divulgación que se precie, y si quieres saber más sobre cualquier tema de los que se tratan, hay referencias dentro para los más curiosos y sedientos de sabiduría.

Si tuviera que sacarle algún fallo, diría que ciertos divulgadores que participan han expuesto unas opiniones con la que no concuerdo del todo en lo referente a economía y sociedad. Y es normal, un amigo me decía que cada persona tiene una opinión y que si todos tuviéramos los mismos pensamientos no solo todo sería mucho más aburrido, sino que estaríamos adoctrinados y alguien o alguna entidad pensaría por nosotros. Por otro lado, me gustaría puntualizar que en algunas partes se utiliza el llamado lenguaje inclusivo, pero de una forma curiosa: se utilizan los nombres, adjetivos y demás en femenino (con la «a»), en lugar de arrobas, equis y con la «e», como si utilizaran el bable o asturiano 😉 Personalmente, utilizado de esta forma y en este contexto, no me molesta. Y, para acabar, algunos párrafos no acaban en un punto sino que este está ausente. Espero que la editorial lo corrija en las siguientes ediciones. Que uno es de letras y, quieras que no, se fija en estas cosas.

Por lo demás, el libro es muy disfrutable gracias al factor nostalgia. Recuerdo aquellas tardes y noches, hastiado por el instituto, por problemas con los estudios, la familia, por el bullying que sufría o cualquier otro problema, y viendo Cálico Electrónico o cualquiera de sus vertientes (Huérfanos Electrónicos, capítulos sobre personajes secundarios, Cápsulas, Entremeses, etc.) se me pasaba la tristeza por unos minutos, no pensaba en los problemas y me meaba de risa. Con la edad aprendes a canalizar las emociones y adoptas una postura para que no te afecten las mierdas que el mundo te echa encima, como si fuera el personaje del Pollo. Es interesante recordar esa época que no querría revivir y alegrarme que de algún modo no haya dolor en recordar escenas bochornosas, innecesarias y angustiantes. No hace mucho volví a mi antiguo instituto y no me dolió estar allí. Esas cosas se superan.

Quisiera alargarme más pero todo lo que diría no sería más que paja; estaría cayendo en una mala costumbre que me propuse reducir en lo propósitos de año nuevo, el non plus turra, como diría Miguel de Lys. Si queréis paja… mejor me callo, je, je, marranotes.

Gracias a por leerme. Me hubiera gustado ser más gracioso, pero a esto me ha llevado pensar en qué poner en la reseña.

¿Qué creo que nos dirían los animales si pudieran hablar? Pues que están decepcionados con la especie humana, que somos despreciables y que somos una plaga que no mata por necesidad sino por placer, y eso es devastador para ellos.

¿Qué les contestaría? Que tienen razón, que necesitamos aprender más de ellos, que hemos perdido la esencia animal más sana, que nos enseñen a ser un poco más naturales, pero sin perder las cosas buenas que ha traído la humanidad, como el frikismo.

Poco más tengo que añadir. Gracias por leerme y hasta otra entrada. Os dejo con un café solo y sin azúcar, no vayan a sufrir las vacas y también nuestro organismo.

«El club de los ángeles», de Luís Fernando Veríssimo — cuando la ruleta rusa es divertida e incluso invita a la reflexión

(Spoilers inside – todo el argumento se incluye en la entrada)

Desde que, por circunstancias casuales, acabé en una clase de lengua portuguesa en la universidad, me he ido encontrado con autores lusófonos que desconocía y que se han hecho un hueco en mis estanterías. Gracias a aquella casualidad, que quizá fue providencia, he podido descubrir y disfrutar a Antunes, uno de los eternos nominados al premio Nobel; a Mia Couto, el autor mozambicano que recomiendo a cualquiera que desee dejarse embelesar por una historia de emociones duras; o a Peixoto, de quien ya hablé una vez y cuyo libro Te me moriste me encantó, así como Saramago, uno de mis grandes favoritos.

No obstante, cuando toca hablar de buena comedia, de esa del día a día, surrealista, absurda, algo mordaz y que, irónicamente, hay que tomarse muy en serio, el nombre que debe retumbar en las paredes es Veríssimo. Este periodista que escribe su columna diaria en un periódico y ciertos relatos cortos de vez en cuando, aprovecha para publicar recopilaciones de sus escritos en libros impresos. Recuerdo irme a la biblioteca y tratar de contener la risa mientras leía sus cuentos allí. Desde una versión modernizada de la historia del príncipe en cuerpo de rana que acaba siendo cocinado hasta una narración de una princesa mentirosa, Veríssimo consigue hacerme reír como muy pocos lo logran. No por nada, es uno de los autores más vendidos en su país natal. Por desgracia, a pesar de que sus obras están disponibles en diversas lenguas, no es muy conocido en estas tierras. Por contraparte, el autor brasileño que triunfa es el fabricante de libros de autoayuda Paulo Coelho, cuya calidad como escritor deja bastante que desear en mi opinión.

Hace unos años, cuando me dedicaba a buscar libros que me interesaban para conseguirlos de segunda mano y encontré uno de Veríssimo llamado El club de los ángeles. Hablé con el propietario y… resultó que lo había perdido. No me hizo ni pizca de gracia, pero por fortuna este título en concreto no se encuentra descatalogado en España y pude hacerme con una copia en portugués no hace mucho.

Es una novela muy corta, de a duras penas 150 páginas, sobre un club de cocina de las altas esferas, en el cual unos cuantos chefs, de los mejores del mundo, de los más experimentales y sofisticados, se reúnen una vez al mes para hacer una cena y en cada una de ellas la toca a un cocinero diferente preparar el refrigerio. Tras años de salir en las portadas de las revistas, en programas de televisión y de tener restaurantes exclusivos que recaudan muchísimo dinero, todos coinciden en algo: no son felices.

Este es el contexto que utiliza Veríssimo para reflexionar sobre el papel del placer de la buena comida, porque es un placer que nunca se sacia del todo, en el caso de sus personajes al menos. Ellos siempre quieren comer más, siempre quieren comer mejor y están hartos de la vida que llevan y de lo que les rodea. Es entonces cuando se deciden a incluir en estas cenas un nuevo ingrediente: veneno.

En uno de los platos habrá veneno, el cual matará a uno de ellos, luego habrá un funeral, y poco después otra cena. Y así sucesivamente hasta que quede uno, como en la ruleta rusa. ¿Recordáis la escena inicial de la película Airbag? Es parecido, pero a escala repetitiva durante todo el libro. Y al final todo resulta en un modelo de negocio nuevo para los que quedan vivos, el cual puede devolverles la felicidad. Y durante el libro se hacen diversos chistes, bromas irónicas, reflexiones con toques macabros y demás demencias de esas que tanto gustan a sus lectores.

Sí, sé que he contado todo el argumento. No obstante, lo cierto es que no es lo mismo leerlo que leer una reseña, puesto que el fuerte de este autor son las bromas internas y el contexto en el que se integran. Así que, si te apetece una lectura ligera, entretenida y demente, te recomiendo que le des una oportunidad a uno de mis maestros de comedia absurda escrita.

Muchas gracias por leerme. Ahora tengo algo de margen para dedicar tiempo al blog, de modo que podré publicar más a menudo durante algunas semanas.

¡Hasta otra entrada!

PD: Documentándome he visto que este señor tiene 82 añazos. Es posible que nos deje pronto, y ya me veo coleccionando toda su obra escrita. ¿Alguna alma caritativa que me quiera hacer un regalito?