Ensayo narrativo sobre las peleas modernas de traducción: Una cruz por una media luna

Advertencia: El siguiente relato pretende presentar cuan ridículas son las discusiones acerca de aspectos de la traducción, en especial la traducción audiovisual, e invita a las personas a informarse y conocer ese mundo que tanto les entusiasma, aparentemente, antes de dar una opinión fundamentada sobre la desinformación e ideas sin sustento que resultan ridículas. El autor es consciente que no va a cambiar el mundo con el relato, solo fue un ejercicio para desahogarse y tomarse esas peleas bobas con un poco de humor. A veces la ficción funciona mejor para entretener que para enseñar.

De forma similar a muchos pintores, Raquel comenzó su carrera artística calcando cuadros consagrados en la historia del arte. En sus ratos libres, en su pequeño escritorio, a sus apenas quince años, Raquel buscaba imágenes en internet de obras de Da Vinci, de Rembrandt, de Goya, de Kahlo, de Delacroix, y en definitiva de cualquier pintura que le gustase o le atrajera. Cada día, en cuanto tenía un rato libre, sacaba sus témperas, sus folios y una vieja camisa de su madre y se ponía a pintar. Observaba los cuadros, memorizaba las formas y colores, empatizaba con los sentimientos que los artistas habían volcado sobre los lienzos y los copiaba.

No hacía añadidos, más allá de su firma en una esquina. Simplemente calcaba. Pensaba que estaba haciendo un buen trabajo y que con eso bastaba, y se abstuvo de darle vueltas a si podía hacer algo distinto.

Una vez secas, escaneaba las pinturas y las colgaba en su perfil en una red social dedicada al arte, antes de enmarcarlas o regalarlas. Mientras la mayoría de usuarios dibujaba directamente en el ordenador o experimentaba con el retoque de imágenes mediante programas de edición, Raquel pintaba a la no tan antigua usanza. De todos modos, sus trabajos obtenían visitas y buenos comentarios, en especial por parte de los extranjeros.

A medida que sus creaciones cosechaban visitas, también comenzó a recibir críticas negativas y odio por parte de otros internautas, así como algún baboso que le pedía que mostrase sus pechos. Pero ella los ignoraba.

Por supuesto, nunca le faltaron elogios por parte de sus seres queridos, quienes la consideraban toda una gran artista. Sin embargo, su propia opinión sobre sí misma era mucho más modesta. Ella no se consideraba una pintora, sino más bien una copiona. Así era como firmaba sus dibujos en folios: Raquel copiona.

En una ocasión, un seguidor le sugirió que cambiase su nombre de usuario por otro más comercial y vistoso, como «Rachel Copycat». Pero Raquel no vio el mensaje hasta mucho más tarde. Para aquel entonces habían pasado dos años y ya se había cansado de hacer lo mismo una y otra vez.

Estaba harta de recibir encargos por parte de su familia o amigos, que la felicitaban por lo bien que dibujaba pero nunca le preguntaban cómo estaba o si quería estudiar arte. Del mismo modo, no quería recibir más encargos para amigos de amigos. No le apetecía, incluso si le pagaban, calcar la foto de las vacaciones de Fulanito para regalarle la pintura a Menganito.

La familia de Raquel no era rica y lo poco que podía ahorrar lo invertía en practicar su pasatiempo favorito. Al final, tras decenas de encargos demasiado idénticos, dejó los folios y las acuarelas guardados en un cajón. También quitó los cuadros de su habitación que ella misma había pintado. A fin de cuentas, todo lo que quería era que se terminase el verano, buscar algún curso de pintura y que le enseñasen técnicas nuevas que rompiesen con su tedio.

Incluso, cuando entraba en internet y veía sus pinturas, pensaba que había estado tirando el tiempo a la basura haciendo decenas de copias. De hecho, tampoco le gustaba mirar otras versiones de cuadros famosos que hacían otros usuarios. A ella le gustaban las pinturas cuanto más originales mejor, sin hacerle ascos a las parodias y las obras críticas.

Por muchos dibujos interesantes que viese, seguía sin ganas de pintar. Hasta que leyó un mensaje privado que no se esperaba.

Entre mensajes llenos de peticiones que no le despertaban la vena artística, ese correo electrónico le hizo merecer quedarse trasnochando hasta tarde frente al ordenador. El mensaje decía:

Estimada Raquel, permítame que me presente.

Le escribo en nombre del grupo de la iglesia de la ciudad. Yo soy el padre Cruz y soy seguidor de su trabajo en DeviantArt. Si se lo pregunta, mi nombre de usuario es INRI_12 y he tenido una idea que le puede interesar.

Queremos añadir una nueva imagen para usar como fondo para nuestra página web y yo he propuesto ante el grupo de la iglesia contratarla a usted para que realice un dibujo que le encargaremos, usted nos lo ceda y de este modo nuestro portal en internet, que cada día recibe más visitas, será todavía más bello.

El grupo ha aceptado al ver la calidad de sus dibujos, aunque a algunos hermanos casi se les cambia el color de la piel al ver su última subida. Desde luego, El Cristo crucificado de Velázquez no resultaba tan tétrico comparado a su obscura versión con caras de demonios en las esquinas y sangre a borbotones fluyendo de los agujeros.

Teníamos la idea de imitar una pintura que el imam con quien suelo conversar sobre fe en nuestras reuniones mensuales me mostró el mes pasado. Se la adjunto en este correo.

Sufrí tal flechazo al verla que deseo algo similar para mi iglesia. Pero le pediré que realice ciertas modificaciones bastante obvias. La vestimenta de los personajes debe ser la típica combinación occidental de camiseta y pantalón vaquero, en lugar de media luna queremos una estrella fugaz en el firmamento, una catedral donde se encuentra la mezquita y una cruz romana en lo alto de la montaña arenosa y pelada del sector izquierdo de la pintura. El resto lo puede dejar tal como se encuentra.

Si le interesa el encargo, por favor, contésteme a la mayor brevedad posible. No podemos pagar mucho, pero abonaremos la cantidad que podamos reunir.

Muchas gracias por su interés, tenga un buen día, reciba cordiales saludos y muchas bendiciones.

Atentamente, el padre Cruz.

Raquel no pudo evitar emitir un leve grito de emoción, seguido de una sonrisa infantilizada. Por primera vez había recibido un encargo serio, y al mismo tiempo tenía frente a sus manos un reto curioso. Había pasado tantos días sin pintar que no lograba recordar la versión del Cristo que citaba el padre Cruz. Al buscarla en su perfil de DeviantArt, se tomó los cumplidos del cura con modestia. Pintó dicho dibujo sin motivación, solo para matar el tiempo en una aburrida tarde de domingo.

No obstante, esto era distinto. Se trataba de un encargo que recibiría una pintora o diseñadora gráfica profesional. Podría ser la primera vez que le pagasen por hacer un trabajo que le gustaba sin sentir que lo hacía desmotivada por una obligación moral. Pero antes de contestar decidió abrir el archivo adjuntado.

Tenía las expectativas de encontrarse con un dibujo superficial o mal encuadrado hecho por una persona poco diestra con unas acuarelas, pero para su asombro la realidad era totalmente opuesta. Aquel dibujo, aunque modesto, escondía capas y capas de trabajo y tenía un acabado profesional. En primer lugar, habían pintado el fondo de un azul tirando a negro que formaba con las estrellas un buen soporte bajo el cual se localizaba la parte central de la pintura. Un poco más abajo, se hallaba un barrio de la ciudad de Jerusalén donde los musulmanes eran la mayoría, lejos de sus vecinos judíos. Y, yendo a los detalles, las figuras humanas parecían sacadas de Lawrence de Arabia y la montaña del fondo podría tratarse del Monte de los Olivos libre de edificaciones. A pesar de los anacronismos, Raquel llegó a la conclusión de que la pintura era muy bella y contestó al cura que haría una versión cristianizada con sumo gusto.

En la iglesia celebraron que por fin habían encontrado quien les crease el fondo que tanto deseaban. Querían distinguirse todo lo posible de páginas web religiosas hechas por creyentes fanáticos que contenían imágenes robadas, publicaciones con pésima ortografía y que dejaban en mal lugar a una institución con cada vez menos adeptos. De hecho, Raquel les confesó en su respuesta que ella no creía en ningún dios y no profesaba ninguna religión, a lo que al padre Cruz no le vio nada de malo, pero de todas formas mantuvo esa información en secreto para prevenir que el grupo de la iglesia rechazase un trabajo providente de una adolescente atea.

En unos días, Raquel había terminado la pintura. Y, a diferencia de la ocasión anterior, disfrutó durante el proceso como toda una niña pequeña a la que le encantaba dibujar cada día, cuya foto estaba en el monedero de su madre. Durante aquellos días estuvo dibujando hasta tarde, incluso durante la noche, pese a la insistencia de sus padres de que se acostase. A altas horas de la mañana aprovechó para reflexionar, ya que no podía dormir. Y gracias a que se tomó unos minutos para buscar en internet información acerca del cristianismo y el islam, descubrió que tienen más similitudes de lo que la gente seguía imaginando después de más de mil años. En ambas creencias estaban los profetas de Moisés y Jesús, en ambas hay un cielo solo para los seguidores de su religión, en ambas hay prácticamente el mismo dios con sus ángeles y Satanás con sus demonios, en ambos casos hay una virgen con un hijo y a lo largo de la historia se habían utilizado ambos sistemas de creencias para la guerra.

A Raquel le habría gustado incluir en su pintura alguna imagen en la que personas de distintos credos dejasen de pelear por trivialidades en lugar de centrarse en sus semejanzas, pero eso se saldría drásticamente de su encargo. De modo que apuntó esas ideas en su libreta y dejó reposar el folio con su versión cristianizada de aquella pintura musulmana en un cajón.

Tal como le encargaron, en el cielo de la pintura había una estrella fugaz rodeada de otros tantos cuerpos celestes. Se reemplazaron las mezquitas por iglesias y sobre el monte no había una cruz sino tres. En cuanto a las personas que aparecían deambulando por Jerusalén, Raquel obedeció y les dio una vestimenta contemporánea. Incluso se tomó la libertad creativa de añadir perros, motos y un dron.

Segura de que al grupo de la iglesia le gustaría, una de esas noches que pasaba dibujando en vela envió un escaneado de su obra al padre Cruz en un correo electrónico tan sobrio y breve como el que le había enviado el cura con el encargo.

Pasaban los días y Raquel no obtenía ninguna respuesta. Cada mañana revisaba si había recibido algún correo electrónico, pero cada vez que miraba su bandeja de entrada esta se encontraba tan vacía como el primer barril de cerveza a los pocos minutos del comienzo de la Oktoberfest.

Durante aquellos días pensó en mostrarle la pintura a su familia, hasta que recordó que sus comentarios nada críticos no la motivaban a mejorar y le causaban cierto tedio. Aparte, también tuvo la idea de subir la obra a la red social, pero recordó que allí, por mucho que recibiera muchas respuestas alentadores o críticas, las que hacían más ruido eran las sangrantes y carentes de sentido.

De todas formas, entró en la página web y se quedó contemplando su penúltima creación unos minutos. Allí recordó que lo que más le gustaba era observar cuadros buenos y experimentar con las versiones que hacía. Mientras pintar un cuadro original le costaba horrores, adaptar una pintura ajena le parecía más entretenido y más fructífero. Ahí sentía que podía exprimir su potencial. De ahí en adelante descubrió que le gustaría ser restauradora de cuadros y, por qué no, realizar encargos como el del padre Cruz.

De pronto, recibió una notificación. Hizo clic sin muchas expectativas. Un usuario llamado INRI_12 la había etiquetado como autora de una pintura. Desde el portal, el padre, en nombre del grupo de la iglesia, le agradeció el buen trabajo que había hecho. Poco a poco, Raquel empezó a recibir halagos, a ganar seguidores y recibió otro encargo similar pero mucho más friki que consistía en diseñar una camiseta en la que varios personajes de distintas películas de fantasía aparecieran juntos. Aceptó de inmediato y fue a mostrarle el dibujo a la familia.

Como de costumbre, no le faltaron elogios. A veces sinceros, a veces por cumplir. Algo similar a lo que ocurría con sus amigos, aunque entre ellos hubo unos pocos que compartieron una visión distinta de la pintura. Después de que Raquel les hubiera explicado cómo era el encargo que había recibido y les mostrase ambas pinturas, abrieron la boca. Argumentaron aquella aburrida tarde de verano, antes de volver a clase para repetir curso o para viajar a costa de sus padres a Francia para ver a un excéntrico músico experimental que nunca hacía giras por otros países, que la pintura de Raquel era básicamente un crimen contra la humanidad y un plagio. Sentaron su opinión bajo los argumentos de «en la original había una luna y aquí no, es una traición», «has cambiado a los moros por cristianos, eso lo hago yo por menos dinero» y similares. Otros amigos de Raquel perdieron el tiempo tratando de volverles a explicar cómo funcionaba el mundo del arte y en qué consistía su encargo, sin darse cuenta de que Raquel ya se había marchado para salvaguardar el sentido del oído, según dijo más tarde a sus buenos amigos por privado, y para no alimentar el ego de esas personas cargantes.

Lo que Raquel no se imaginaba es que más tarde, al volver a meterse en la página para ver si su pintura tenía buena recepción, se encontró con otros comentarios hostiles y faltos de sentido bajo su punto de vista, pero mucho más descabellados, entre un montón de opiniones que podrían ser dispares pero las consideraba aceptables. Pese a que algunos eran ininteligibles por su paupérrima ortografía, hubo usuarios que hicieron algo que consideró mucho peor. Tachaban la pintura de censurable y acusaban ante internautas con mejores cosas que hacer a su autora de un delito moral por apropiación cultural contra los musulmanes. Tampoco faltaron los que consideraron esa versión como una traición, como poco más que excremento frente a la original y que pedían que se borrase la pintura del sitio ipso facto. También exigieron unas disculpas por parte de la autora y ella tuvo la impresión de que intentaban arruinar su recién comenzada carrera por una pintura que no habían entendido.

Lo más chocante para esas personas acusadores fue que a los usuarios musulmanes e incluso a los israelitas y otros habitantes de Oriente Medio les encantó la versión de Raquel. Y gracias a la herramienta de traducción automática de la página web los usuarios ofendidos pudieron entender, grosso modo, que quienes tendrían que estar más enfadados y ofendidos se tomaron muy bien el trabajo de Raquel. Al parecer, según los internautas que habían convertido la caja de comentarios del usuario INRI_12 en un campo de batalla virtual, esos internautas no percibían el tufo a racismo y desprecio hacia sus culturas y creencias que emanaba de la pintura y por qué esta debía ofenderles. De nuevo, algunos usuarios les siguieron contestando a esas personas, todas occidentales, blancas y con carreras universitarias, que no había nada de malo para con la pintura y que no tenían por qué sentirse ofendidos ni tenía que tratarse de un caso de apropiación cultural, fuera lo que fuere eso último. No obstante, insistieron en que ellos tenían que tener la razón y tanto Raquel como el padre Cruz acordaron dejar de perder el tiempo con esas personas expertas en agotar su paciencia. Esa misma tarde marcaron un día en sus agendas para tomar un café y que la artista recibiera un pago por su labor.

La tarde en cuestión el padre le confesó a la artista en la mesa de un bar de toda la vida que le habían llamado pedófilo por internet y le habían acusado de violar niños sin pruebas ni testigos, solo por maldad, y que encima él, como acusado, tenía que demostrar su inocencia. En respuesta a eso, Raquel le contó que no era la primera vez que veía un derroche de incultura, de soberbia y de negatividad en internet. El padre Cruz opinaba que la gente ya era inculta, soberbia y negativa mucho antes de internet, pero que gracias a la red de redes esas tendencias cobraron visibilidad y cada vez era más fácil que personas con una mentalidad similar entrasen en contacto y, como resultado, la gente se volvía cada vez más intolerante por motivos más banales, como llevaba ocurriendo desde el principio de los tiempos pero mucho peor, porque en la era de la información quien deseaba creen en la manipulación ya no era considerado un ingenuo, sino otro ingenuo más.

Ni café, ni infusiones, ni refrescos, pidieron dos cervezas. Cuando llegaron, el padre le entregó un sobre a Raquel. En él había una nómina en toda regla y cincuenta euros en billetes de diez.

—Así en la papelería no te dirán que no tienen cambio.

—Muchas gracias —contestó Raquel—. Padre, una pregunta. Verá, nunca he entendido muy bien por qué, ahora que no mucha gente cree en ninguna religión, los seres humanos se siguen peleando unos con otros solo por pensar distinto y se atreven a agredirse, insultarse y buscar acciones legales por tonterías. He llegado a recibir amenazas de muerte y todo. ¿Por qué cree que los humanos nos seguimos llevando tan mal?

—Ojalá tuviera una respuesta clara y objetiva para esa pregunta. Tal como yo lo veo, hija, a lo largo de la historia, el ser humano ha tenido ideas y ha sentido la necesidad de compartirlas con el prójimo, muchas veces sin consultarle al mismo su opinión acerca de esas ideas o llegar a preguntarse si esas ideas eran lo mejor que se les podría ocurrir. Ahora las religiones han perdido buena parte de su poder, como bien has dicho, pero eso no es del todo acertado. Hay ciertos conjuntos de ideas, ciertas ideologías, o ciertos planeamientos acerca de esto y aquello que algunas personas tienen por dogmas y se los autoimponen sin darse cuenta. De este modo, todo aquel que ose demostrarles que en toda la historia del arte se han copiado ideas y se han hecho homenajes entre autores, y que es lo normal, es un hereje o el calificativo que quieran ponerle en la actualidad. Ven traiciones, crímenes y barbaridades donde hay arte, imperfecto pero arte, a la vez que ignoran problemas reales que van mucho más allá de «la idea original, que no cuaja para este público y que incluirla sería una mala idea, decía no sé qué».

Brindaron por el decoro en el trabajo e hicieron chinchín.

guerra

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«Tres enanos y pico» de Ángel Sanchidrián sinopsis de una novela fantástica, en más de un sentido (y algo de turra al final)

La historia comienza con Wifo Medroso preparándose para un viaje. Wifo es un chiquín enclenque, más maniático que un niño pijo y estudiante de Enanología, el cual recibe una beca para hacer una especie de Erasmus y estudiar unos meses a una ciudad enana.

No, no es que la ciudad sea pequeña, sino que está habitada por enanos peludos, borrachos y divertidos, valga la redundancia. Porque esta novela se ambienta en un mundo de fantasía medieval al estilo de El señor de los anillos pero como si Terry Pratchett hubiera metido sus ideas locas para criticar la sociedad y satirizar el género de la novela de fantasía.

Por lo tanto, a Wifo todo le sale mal porque no es un héroe ni en sus sueños más húmedos y se mete en muchos problemas, varios de ellos por no amoldarse a las costumbres locales o por culpa del exceso de alcohol. No obstante en la cultura enana hay sitio para un vegano abstemio a quien no le quitarán el saludo a cabezazos. Cabezazos con saltito incluido, se entiende.

El más gordo de sus problemas es que justo durante su estancia en la ciudad enana de Villatrifulcas se desencadena una guerra entre razas del copón. Los elfos, hartos de verse rodeados de toda esa chusma, que es como se refieren a todo aquel que no sea elfo, deciden planificar un conflicto para exterminarlas. Para ello inventan la cerveza, para atontar sus cuerpos débiles, y luego se organizan para que se maten entre ellas.

Haciendo un paralelismo con la Segunda Guerra Mundial, los elfos serían los nazis y los enanos podrían ser los judíos. Pero más allá de referencias a la reseña furiosa de Lucio y Carlos (¿alguien habrá captado esa referencia?), Tres enanos y pico es el libro perfecto para regalar al amargado de turno solo porque sabes que no le va a gustar.

A lo largo de más de trescientas páginas nos encontraremos con criaturas fantásticas, algunas bastante originales y otras no. Cabe destacar a la madre de Wifo y sus estupendas croquetas hechas con amor, las referencias y sátiras de historias de fantasía que esconden mucha crítica social camuflada, como para que los criticones y ofendiditos no se enteren de nada, y mil cosas con nombres ingeniosos, que es lo que le da la calidad a la novela.

Si bien es cierto que está garantizada al menos una carcajada cada cinco páginas o te devuelven el dinero (o tal vez no), hacia el final de la historia las referencias culturales decaen y la historia se resiente, pero a nadie le importa que un friki se enfurezca por lo que ocurre en mundos ficticios. De todas formas el autor ha prometido una segunda parte y los trollcos de sus fans esperaremos la secuela.

Te la recomiendo si eres un friki que sufre en exceso por obras de ficción o si odias a todos los que no son como tú. Así que ve a la próxima reunión de tu secta con un ejemplar y, no sé, fumad hierba de la risa y gritad «¡Papidoo!» porque es divertido. O si simplemente te gusta reír y los enanos, también te la recomiendo. Te entretendrá un rato, incluso si no eres fan de la fantasía. Pa la gusica 😉

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Imitaciones baratas de las sinopsis de Sanchidrián aparte, no sé que más decir de su libro de fantasía porque ya está todo dicho. Antes de escribir esta entrada me he puesto a investigar qué otras reseñas le han hecho, qué ha dicho la gente y, en mi opinión, quien quiera leer este libro quizá lo haga gracias a las sinopsis, a otros libros del autor, a su Twitter o a otras reseñas que le han hecho. Al final no deja de ser una coña increíble y muy fluida. No pierdas más el tiempo y ve a por él. Si hasta lo tienes gratis en Nubico (ya que lo he podido leer gratis vamos a darles una mención).

¿Qué le saque un fallo? Demasiadas explicaciones, aunque sean graciosas, de lo que acaba de ocurrir a todas horas, que esto no es una sitcom baratucha.

(Un poco de turra y a dormir)

Lo cierto es que cuanto más lo pienso más me doy cuenta de que si quiero que el blog consiga popularidad necesito seguir otra estrategia. Hablar de lo que nadie conoce no da muchas visitas, y hablar bien de libros conocidos funciona hasta cierto punto. Pero lo que me doy cuenta de que lo que funciona, en ausencia del carisma, es la sangre. Revisando las visitas, la entrada de mi blog que más visitas tiene es la de la crítica al libro de Brandon (no es Sanderson, al que aún no le he hincado el diente, sino César Brandon). Ya sé que la culpa es mía por confiar en que un libro de prosa poética barata y entontecida escrita por un tipo que salía por la tele en un talent show no iba a ser decepcionante.

No obstante, no me gusta tener tanta negatividad y con respecto al contenido barato prefiero que caiga en el olvido y su caída no haga ruido. Y, seamos realistas, si la voz recomendadora no es conocida, el contenido recomendado no tendrá mucha difusión por ese canal. Ayuda, y es bueno que cualquiera tenga la libertad que recomendar lo que desee, pero no me compensa. Me está dejando de emocionar.

Publicaré unas pocas entradas más y luego le daré una vuelta al blog. Tengo otras cosas en mente y tengo mucho que aprender antes de continuar por un camino erróneo. No me quedan muchos libros a los que considero que debo una reseña. Y aparte hace tiempo que quiero dar a conocer una sorpresa, pero por el momento me tengo que meter la lengua en el culo, por lo que pueda pasar. Sé que lo puedo hacer mejor, la cosa es que no sé cómo. Y al no tener una señora Medroso en mi vida, tendré que crearla y obligarla a que me empuje, y andando que es gerundio.

¿Qué fue de Aleix Saló?

Estimados lectores, ¿os acordáis de Aleix Saló? Bueno, empecemos por el principio, ¿sabéis quién era? Sí, hombre, el tipo que hizo varios vídeos en dibujos animados explicando de forma sencilla problemas que arrastraba la economía como el estallido de la crisis, la lenta o recuperación que hemos tenido en España (en el caso de que creáis que la hemos superado) o que cuestionan la lógica de la existencia de una Unión Europea.

Bien, han pasado varios años desde su último vídeo, su último cómic y su última entrevista en un gran medio de masas. ¿Qué fue de Aleix Saló? Yo no lo sé, pero no está de más observar su obra en perspectiva, ahora que han pasado varios años desde que se popularizase hacia el 2011 con su primer gran triunfo: Españistán, este país se va a la mierda.

Como casi todo hijo de vecino, la primera vez que supe de este dibujante fue a raíz del vídeo con el título antes mencionado. Dio la casualidad que en ese entonces estaba estudiando bachillerato y por aquella época empecé a sentir cierto sentimiento de rebeldía hacia el mundo de la política y la banca, una profunda misantropía hacia los más idiotas, y uno de los libros que me quería leer era ese cómic. No podía quedarme con las ganas, ya que el vídeo estaba muy bien narrado, explicaba un problema difícil de entender de una forma sencilla, y además me hacía reír con su ironía. Las personas capaces de simplificar una idea compleja, hacerla inteligible para cualquier público y encima hacernos reír en el proceso siempre me han parecido genios. Todo lo contrario de personas y colectivos pseudocultos y postmodernos de cualquier ideología, implicados en la política o la sociedad, que son el combinado perfecto entre somnífero, lenguaje recargado, rancio, barroco y manipulado, y conceptos etéreos o que ya de plano se han sacado de la manga. Por lo tanto, tenía que hacerme con su cómic, aunque fuera en formato digital a través de una tienda online.

No por nada sabía que me encantaría. Después de todo, Aleix era un dibujante y caricaturista para revistas como El Jueves, gracias a su presencia en Glénat publicó su primer cómic, Fills dels 80, y ya tenía algún que otro vídeo como el de la visita del Papa a Barcelona. En su día llegué a ver el vídeo de Españistán un montón de veces y cuando pude leerme el cómic me di cuenta de que no era lo que esperaba, para variar.

El cómic me gustó, me entretuvo y sigo pensando que es una buena obra que gustará a todo aquel que quiera ver como se le tira de las orejas al gobierno, a la oposición, a los bancos, a ciertas empresas, a la población, a la Iglesia… Además, debemos recordar que el término «Españistán» se popularizó a un ritmo vertiginoso durante aquel año 2011 gracias a este artista, y recuerdo con simpatía que cada vez que firmaba algún documento y me preguntaban por mi país de residencia yo deseaba escribir «Españistán». No obstante, en este cómic Saló muestra su lado más friki. Entre la parodia de El señor de los anillos, que el protagonista fuera un poligonero o las referencias a la cultura popular, es sin duda el cómic más divertido de Aleix que haya leído. Y al año siguiente, en 2012, el año del supuesto fin del mundo, fue el momento en que el caricaturista de Ripollet nos dejó la segunda obra que voy a comentar en esta entrada: Simiocracia.

De nuevo, para darle difusión al cómic, Aleix Saló colgó un vídeo en su canal de YouTube. ¿Lo recordáis? Sí, ese donde comparaba a los que nos gobiernan con simios y los tachaba de ineptos. Pues ahora, seis años después, me he leído el cómic y he de decir que, aunque representa una evolución respecto a su antecesor, puede resultar un poco más aburrido. Está lleno de datos, de cifras, de nombres, tras él se esconde una extensa investigación que resultó fructífera, y en cuanto a la comedia deja de lado las referencias frikis para dar paso a un humor mucho más negro. Es muy triste leer este tipo de cómics tan recientes y a la vez tan viejos en perspectiva, porque salvo ciertos puntos no hemos mejorado mucho en mi opinión. No quiero entrar en política ni hacer una masacre con cada simio con traje que os podáis imaginar porque para eso ya está este fantástico cómic. Solo deciros que merece la pena volver a echarle un vistazo.

Y al año siguiente, en 2013, muchos ya dábamos por hecho que Aleix Saló sacaría un cómic y un gran vídeo cada año. Parecíamos estar cerca de esa realidad, porque fuimos bendecidos con el que es, en mi opinión, su mejor cómic de entre los que comento en esta entrada. Europesadilla es una apertura de ojos a todas esas personas que creen que Europa es sola una, creen saber dónde empieza y dónde acaba, le adjudican una mentalidad, valores, etc., y creen que pueden argumentar porqué es el mejor continente para vivir y porqué lo ha sido siempre. Bien, pues mediante hechos históricos, sustentados en muchos casos por alusiones a obras arquitectónicas (insertar referencia a Ayn Rand aquí), Aleix Saló nos hace ver que la historia es muy distinta dependiendo de quién la cuente. Pero lo que no se puede negar es que los egipcios tenían las pirámides, los fenicios eran grandes comerciantes, y los sumerios tenían sociedades muy bien organizadas, mientras que en Europa no había más que tribus enfrentadas entre sí hasta que empezó lo que conocemos como Civilización Griega. Más adelante, en la Edad Media, mientras China contaba con avances que tardaríamos en conocer y el Imperio Árabe aprovechó todos los avances y el saber que los romanos nos habían dejado como legado, en Europa sufríamos monarquías absolutistas, nuestras ciudades apestaban y fuimos víctimas de varias epidemias, además de dejar que las creencias religiosas dominasen nuestra forma de vivir. ¡Cómo han cambiado las cosas! Y hoy en día, con Estados Unidos como el país más influyente, ejemplos como Dubái aflorando en Oriente Medio, un África subsahariana por mostrarnos nuevas formas de ver el mundo y gigantes en Asia que nos superan en tecnología y demuestran ser un caldo de cultivo atractivo para hacer negocios como lo son China, Corea o Japón, en Europa lidiamos con crisis de valores, burocracia, refugiados, el auge de la extrema derecha cada vez más belicosa y de una izquierda más preocupada por de qué ofenderse que de qué puede hacer por mejorar el mundo. Y, para colmo, una profunda crisis de identidad donde ya no sabemos ni qué significa ser europeo. Tal vez porque no significa nada.

¿Y qué ha sido del bueno de Aleix? Después de mostrarnos que España es un país pobre que nunca dejó de serlo, al cual deberíamos llamar «Españistán», de ilustrar a nuestros gobernantes como monos y de sugerir que vivimos en una pesadilla por aceptar una concepción sobre Europa insostenible, ¿qué ha hecho?

Quitando algún vídeo sobre el Sahara Occidental o sobre cómo ven unos países a otros, este señor está desaparecido del mundo virtual. Su cuenta de Twitter no tiene actividad desde hace años, su página web está caída desde hace otros tantos, y no se ven noticias de él. Estamos sin noticias de Aleix.

A sus fans nos habría gustado disfrutar de un cómic anual durante algunos años más, pero no se puede tener todo y a veces tenemos que conformarnos con lo que nos ha dejado. Hubiera querido hablar más en profundidad sobre política, economía o sociedad, pero estos no son ni el lugar ni el formato adecuados para ello. Del mismo modo, tampoco me apetece echar pestes de un libro que dejado a medias porque lo he notado lento, aburrido, me cansan sus microcapítulos de apenas tres páginas y las erratas, y eso que el autor escribe en castellano, no se trata de una mala traducción. En otras ocasiones lo he tolerado en libros descargados, pero en un libro en idioma original y descargado legalmente por una biblioteca virtual de pago no voy a pasar por el aro. Y menos tendiendo otros pendientes. Creo que necesito reírme un poco así que el próximo también será de humor.

Como digo siempre, gracias por leerme y hasta otra entrada.

Reseña de «Código Rojo» de Luis Gonzalo Segura — Cuando un militar se convierte en escritor

Para quien no lo conozca, Luis Gonzalo Segura es un autor que podría decirse que surgió casi por accidente. Hasta hace pocos años este hombre era un militar, un teniente del ejército de tierra, al cual expulsaron del cuerpo por motivos desgraciadamente desalentadores.

Como muchos otros compañeros de profesión, Luis observó que dentro del ejército español había mucha corrupción, grandes cúpulas y pocos soldados, altos mandos haciendo tratos con políticos y empresarios para ganar dinero a costa de terceros, prácticas bélicas sucias que no son nuevas y otras irregularidades que dejaban en evidencia que las fuerzas armadas era otra institución que había acabado podrida por culpa de unos pocos, y no tan pocos.

Ante dicho panorama, el militar comenzó una larga lucha burocrática por denunciar todos los problemas, delitos y secretos oscuros del ejército, pero el proceso burocrático y el poder de los peces gordos del ejército y fuera de él se lo impidieron. De algún modo, las fuerzas armadas se rigen por una estructura interna vertical donde una sola voz dicta sobre las demás y la disidencia o la insolencia no se permiten y se castigan con el calabozo o la tortura, como en una dictadura. Eso puede parecer sacado de la imaginación de algún loco exagerado y conspiranoico, pero Luis nos asegura que no es una idea tan descabellada.

Tras publicar su primer libro, Un paso al frente, en el que narraba varios hechos deshonrosos del ejército, novelizados y con algunos nombres modificados, se destaparon muchas tramas y los problemas para el autor se fueron sumando y haciéndose más graves. En el propio libro se relatan sus noches en los calabozos, que aprovechaba para escribir, y mucho más.

Recuerdo que cuando salió me lo compré como regalo de Navidades y no podía creer lo que leía. Si ya sentía poca simpatía por los ejércitos antes de leerlo, tras asumir que todo eso que contaba en el libro era cierto, el poco respeto que me quedaba se desvaneció. También recuerdo contactar con el autor y ver que recibía mis alabanzas de buen gusto. Y es que los civiles sabemos muy poco del ejército, y gracias a gente valiente como este autor ahora sabemos algo más, y algo que no nos gustaría que fuese real.

Tras la salida del libro surgió un escándalo que hizo ruido durante unos días, otros compañeros de Luis también hablaron del tema, fueron destituidos del ejército y poco más se dijo al respecto. Desde entonces el autor ha seguido escribiendo y publicando, ha aparecido en varios medios y sus libros no se venden mal. Aprovechando la suscripción a la plataforma virtual, decidí leerlo. Tardé varios días en acabármelo, la dureza del relato invita a degustarlo poco a poco y horrorizarse con una realidad que supera a la ficción.

Se nota que Luis es un hombre leído, que cuenta lo que mucha gente silencia sin irse por las ramas ni andarse con pretensiones artísticas, sin perder el hilo de lo que nos quiere contar y creando personajes muy humanos que podrían ser nuestros vecinos y amigos.

En Código Rojo se nos presenta una historia con una mayor dosis de ficción e imaginación que en Un paso al frente, pero no por ello pierde fuerza a la hora de transmitir los horrores de una institución para proteger a los civiles que se comporta como si estuviéramos en guerra, cuando no crea o participa en un conflicto absurdo como lo son casi todos hoy en día y también ayer.

En el libro ha ocurrido un asesinato. Varios, de hecho, y parecen estar relacionados. Altos cargos del ejército, personas que toman decisiones importantes sin que nadie les haya elegido para ello en una democracia, personas que se han beneficiado de los horrores de otros y algún que otro miembro del CNI han sido asesinados o secuestrados. Nuestro trío tratará de desenmascararlo, a la vez que sacan a la luz datos que preferiríamos no conocer. Tenemos a tres militares: uno de ellos ha sido expulsado recientemente y ha perdido mucho por el camino, y representa claramente a Luis. Dejando de lado al otro protagonista masculino, el personaje con el que más he disfrutado es Sira, que representa a la población civil incrédula. Sira duda de casi todo lo que sus compañeros van destapando sobre el ejército, de hechos históricos incluso, y no porque sea mala persona, sino porque así le nace. Le parece que toda esa situación es exagerada, que no puede haber tanta corrupción, pero tampoco deja de participar en la investigación y claramente quiere desenmascarar al asesino en serie.

No ganará ningún premio a la mejor trama, pero tampoco deja de ser un libro entretenido, ameno, ideal para leer en el transporte público o antes de acostarse. Además, hay que tener en cuenta que ya hay novelas negras buenísimas al alcance de cualquiera. Pero esto es diferente. Sin este contexto, este sería un libro más, pero hay que entender qué circunstancias lo han llevado a existir y, de ahí, por qué recomendarlo o no.

Recuerdo que le pregunté a un conocido que quiso ser militar pero no le dieron plaza qué opinaba de este autor y me contestó que no le caía bien por su manera de hablar del ejército, por no querer lo suficiente a su país, por haberlo visto cerca de políticos con los que no comparte su opinión, y acabó hablando de suprimir las autonomías y de centralizar el estado. Y ambos somos y vivimos en Cataluña. Cada vez que lo cuento casi nadie me cree, pero este tipo de personas existen y tienen derecho a existir y pensar como quieran. Que me parezcan pensamientos alocados y peligrosos es otro tema. Yo no voy a censurar a nadie, no soy el ejército ni tengo poder político.

Entiendo que no todo el mundo esté de acuerdo con que hay que destapar las corruptelas de las instituciones, incluso si lo dicen personas que no van a perder poder si se le diera la vuelta al panorama, y que no les haga puta gracia que la mierda salga a flote, hablando claro. El caso es que personas como Luis son necesarias. Pertenecen a profesiones importantes, han visto más allá de lo que vemos los civiles y quieren resolver los problemas que van encontrando. En lugar de enfadarnos con quien nos destapa una trama bochornosa, deberíamos atentar contra quien la ha hecho posible, lo permite y se beneficia de ella. Al final tenemos lo que nos merecemos, por enfadarnos con quien desvela que han robado al vecino en lugar de cabrearnos con los ladrones.

Por mi parte, seguiré leyendo a Luis Gonzalo Segura. Sé que voy un poco atrasado pero algún día me leeré El libro negro del ejército español y los que vayan llegando. Os recomiendo su lectura si queréis tener algo de bagaje sobre estas corruptelas sin renunciar a una narración entretenida. La ficción tiene la capacidad de divulgar cualquier hecho y hacer que cale con mayor fuerza que con datos aburridos sin ningún discurso alentador.

Gracias por leerme y hasta otra entrada.

«Zementerio» de Javier Herce — Como una película delirante de zombis clásica en tus manos que te hará temblar

Buenas, letores. Hoy quiero empezar una sección que me parece muy útil y lo hago única y estrictamente por propia voluntad. Creedme, si me hubieran pagado por esto me habría ido de viaje y estaría escribiendo desde otra ciudad o incluso otro país.

No ha sido mi primera vez con Javier Herce. Hace unos años una chica con la que estaba saliendo compró varios libros por internet y la tienda de la editorial le ofreció por un euro más un libro en formato electrónico, y me cedió el privilegio de elegirlo para enviármelo por correo. De entre todos ellos escogí un libro de este autor: La venganza del vampiro.

Han pasado muchos años y todavía recuerdo muchos detalles de esa época que parece repetirse, como una burla, como si un escritor capullo  con más bilis que sangre estuviera escribiendo mi historia. Por suerte son solo coincidencias y hechos de los que se puede aprender.

Recuerdo que leí La venganza del vampiro poco después de dejar de hablar con esa persona que me lo regaló, casi buscando desahogarme con un poco de terror de carácter victoriano. Por aquel entonces todavía no tenía lector de libros electrónicos. Leía directamente en el ordenador o en una tablet. Me dolían los ojos como si hubiera estado horas mirando al sol o no me hubiera limpiado las gafas en semanas. Y, sin saber mucho de terror, lo disfruté bastante. Era una historia sobre vampiros en la España profunda durante el siglo XIX con muchos guiños a Drácula. Todavía no había leído la gran novela de Bram Stoker, y más tarde al leerla me acordé en muchas ocasiones del libro de Herce. Me pareció un buen libro, entretenido, ameno y un poco loco. Llegué a contactar con el autor, y hasta me dio unos consejos para publicar un proyecto que tenía entre manos y que no salió del todo bien. En fin, viejas historias.

Ahora, años después, un poco más sabio y un poco menos ignorante, sigo tratando que me publiquen. Continúo esperando ganar algún certamen y me asaltan dudas de si debería abrir un canal de YouTube para que me permitan publicar con facilidad. Que conste que no lo he descartado. Pero tengo otras prioridades.

Hace no mucho tiempo conseguí una licencia gratuita por tres meses de una plataforma de libros electrónicos online, cuyo no nombre no diré para no hacer publicidad, y encontré esta novela de Herce que tenía pendiente de leer. Trataré de no spoilear, como siempre, porque se trata de un caso en el que la trama te sorprende una y otra vez. Si sois perspicaces, adivinaréis por qué el título está escrito con «Z».

He de admitir que al principio estaba escéptico. Los dos primeros capítulos son muy cortos y aparentemente no están relacionados. Mi cabeza decidió jugarme una mala pasada y pensé: «No, tú no. ¡Otra puta recopilación de microcuentos que no llevan a ningún lugar no!» Por fortuna el tercer capítulo es más largo y es donde la historia empieza a cobrar vida. Es curioso, porque pensé por un instante en dejarlo a la mitad tras el segundo capítulo. Por suerte decidí seguir y me enganché desde el tercer capítulo. De todas formas no recomiendo saltarse los dos primeros capítulos porque son breves, están bien escritos y tampoco dejan de ser entretenidos.

Del resto de la obra no puedo hablar por razones obvias sin entrar en detalles. Lo que sí puedo decir es que creo que el objetivo de las historias de terror se cumple. Es una historia no demasiado larga, muy entretenida, con giros, con sorpresas, y muy visual. Logra mantener al lector enganchado a un relato de terror. Y si estás leyendo esto, Javier, ya que te pienso dar la turra por Twitter, en más de un momento tus palabras me han provocado angustia. ¿Recuerdas lo de la uña? ¿Y lo de las ventanas? Sentí escalofríos en el metro de camino al trabajo, cabrón. Gracias. Un libro de miedo te mantiene despierto con más eficacia que un café.

Como iba diciendo, la novela resulta increíblemente visual. No tiene largas descripciones de esas que aburren y que he de reconocer que me gustan, así que me formé mis propias imágenes para los escenarios y los personajes.

Y este es otro punto a favor de decir de este libro. Los personajes resultan creíbles, realistas, un poco locos, casi tanto como el autor, y bastante apegados a su persona por lo que cuenta Javier en el epílogo. No en balde, este señor se denomina gótico, como algunos de los personajes, y he de darle la razón de que los cementerios son lugares tranquilos, silenciosos, llenos de paz y de esculturas, donde se puede respirar en calma y cuyos muros no dejan entrar el bullicio y la infelicidad del exterior. Sí, estar rodeado de muertos puede ser más cómodo que codearse con ciertos vivos. Esta alma solitaria te comprende. Y, aparte, me resulta muy gracioso ponerles caras a los personajes: de un villano de un videojuego, de una youtuber, de un personaje televisivo que cogió fama por hacer el ridículo, e inclusive yo mismo. ¿Y por qué no?

Quisiera terminar esta entrada con una invitación a conocer a este escritor luchador, músico y amante de la paz. No solo narra con mucha naturalidad y te atrapa con su voz narradora, sino que es muy gratificante descubrir a un autor fascinante cuya historia parece una película de esas por las que vale la pena pagar una entrada. No esperéis ningún apocalipsis ni una recopilación de clichés. Y sí, vale la pena pagar por él. Tengo que hacerme con el resto de sus libros de terror. Podéis encontrar también varios libros de temática LGBT+, deduzco que se debe a que el autor pertenece a dicho grupo.

Pero mucho más allá que un gótico, un autor que parece más lector que escritor o una persona LGBT, el creador de Zementerio es un alma cándida que te invita a soñar con muertos para resurgir de una experiencia macabra siendo una mejor persona, aunque sea para aprender a aceptar a quien te dejó de amar.

Joder, he vuelto a hablar más de mí que del libro o del autor prácticamente. Me tengo que controlar. Pero eso es para otro día. Te recomiendo a Javier Herce, te recomiendo Zementerio y si algún día me paso por Madrid te atosigaré para que me des un ejemplar firmado de La casa Ferrer.

Gracias y hasta otra entrada.

CancerVixen: «Al cáncer cabronazo, buena cara» — Novelas gráficas con algo que ofrecer

No voy a negar que no soy lector habitual de cómic, novela gráfica o como quieras llamar al arte secuencial. Como casi todos mis compatriotas, algo de Ibáñez he leído en mi vida, también algo de Quino y Maitena, algo de Astérix, Tintín y demás cómics para niños, algún manga, pero no soy fan de este tipo de lectura. Simplemente no me llega a enganchar. Pero de ahí a cerrarse en banda, nunca.

Hace unos años recuerdo que me propuse leer algún cómic para adultos. Llegué a comprar en formato digital un título de Aleix Salò y me gustó bastante. Luego busqué algo de Frank Miller, concretamente 300, ya que me esperaba algo mejor que la película, pero qué va. En mi opinión, es un cómic que no vale la pena. El dibujo es muy bueno y la idea de dar a conocer algo de la vida de los espartanos me pareció brillante, pero esos toques de fantasía y las ideas locas, pues como que no me convence. ¿Iba a dejar de leer cómics por eso? Pues va a ser que no. Si aparece una oportunidad, ahí estaré.

Hace unos meses hice una entrevista a una traductora literaria, cuyo enlace os dejo aquí, por si queréis a conocer a Verónica Canales, cuyo blog os dejo aquí. En ella me hablaba de libros curiosos que había traducido. Desde clásicos hasta literatura juvenil, pasando por esta novela gráfica que os presentaré a continuación, sin hacer spoilers. Debo decir que de todos los que me comentó y recomendó, este era el que más me llamaba la atención. Poco antes de escribir esta entrada, encontré un ejemplar a buen precio, teniendo en cuenta que se encontraba en perfecto estado, es un libro de más de doscientas páginas y está editado en tapa dura. Recuerdo que le dije al vendedor que si no lo había traducido ella, no lo quería. Y hasta que no encontré su nombre en una de las primeras páginas, la favorita de los editores, no le pagué.

Por cuestiones de la vida, paso demasiadas horas a la semana metido en un tren, autobús, metro o lo que me toque para desplazarme, y eso me da la oportunidad para leer cosillas que tengo pendientes. ¿Y por qué no leer una novela gráfica durante esos viajes?

Para empezar, hablemos de la autora. Porque esta obra es casi inseparable de quien la escribe, dibuja y nos hace reír con ella. Marisa Acocella Marchetto es esa dibujante de viñetas para periódicos y revistas que vive en Nueva York, en uno de esos apartamentos minúsculos tan caros, rodeada de gente estupenda que lleva una vida envidiable, a priori. Tiene un buen trabajo, una familia cariñosa, montones de amigos, un novio que siempre ve el lado positivo de las cosas, y un día siente un dolor extraño en el pecho.

(Ojo, cuidado: aquí vienen spoilers. Si no quieres comerte ninguno, te recomiendo que lo dejes aquí)

Tengamos en cuenta que Nueva York está representada como una ciudad soñada, donde hay muchas oportunidades de trabajo, donde cumplir tus sueños parece una posibilidad palpable y no una fantasía, pero ni la mala suerte puede caer sobre ella. Tal vez en forma de avión directo al World Trade Center.

Lejos de especular sobre las causas del atentado más famoso de este siglo, descubrimos que una de las consecuencias del ataque es que respirar continuamente ese aire tóxico puede derivar en que las células cancerígenas se reproduzcan a mayor velocidad.

Marisa nos relata su experiencia con el cáncer, desde que descubre que tiene un cáncer de mama hasta que termina sus fases de quimio. Me encanta como dibuja las células cancerígenas, las visiones del espacio, como hace juegos de palabras, su forma de dibujar a Dios, su dura madre, las fotografías, las parodias de la estructura de un tablero o un periódico, y muchas otras cosas.

Creo que ha representado como nadie las consecuencias de tener cáncer. ¿Qué pasará con el trabajo? ¿Voy a perder el pelo? ¿Me dejará mi pareja? ¿Podré tener hijos después del cáncer? ¿Me lo cubrirá el seguro? Y, digo yo, ¿por qué ponerle buena cara al cáncer? Pues no porque supuestamente la positividad ayude a que todo vaya bien, sino porque no vale la pena estar triste todo el tiempo. Si me llegasen a decir antes de leerlo que al cáncer hay que ponerle buena cara, no creería lo que oigo, pero en fin, lo bueno de los seres humanos es que podemos rectificar.

CancerVixen es, desde mi punto de vista, una novela gráfica para cualquier persona adulta capaz de ver más allá de dibujos chorras y lenguaje soez. Sus páginas me han hecho sentir dolor físico, como si se me estremecieran las manos, en la parte de las dolorosas inyecciones. Pero también me ha hecho reír muchísimo, como si fuera un crío de nuevo viendo Rugrats. Es un relato realista, crudo, agridulce y un poco loco de lo que vive una paciente de cáncer de mama, aunque se podría extrapolar a cualquier tipo de cáncer. No hace falta haber padecido uno ni haber conocido a nadie que lo haya sufrido, ni siquiera ser mujer, para disfrutarlo, entenderlo y llevarse una lección de vida. Sé que lo volveré a leer, sé que lo prestaré a alguna conocida si algún día, Dios no lo quiera, atraviesan un cáncer.

Bajo todos esos dibujos hay una historia llena de frases memorables, mucha originalidad a la hora de representación de cualquier idea, crítica social, y un mensaje positivo que me ha encantado: cuando tienes cáncer, aunque pretendas ocultarlo, el mensaje se propaga rápidamente, cala en las personas, y se apiadan de la paciente, y descubres a quién le importas de verdad.

Ese último elemento me fascina. No es que desee tener un cáncer, pero no me importaría saber cuántos de mis conocidos me mostrarían su preocupación. Pero entre el máster, el trabajo y estas lecturas, tengo cosas más importantes por las que preocuparme. Por ejemplo: he conseguido acceso durante tres meses a un servicio de libros en formato digital, entre los cuales hay libros a los que tengo ganas de hincarle el diente. El próximo: una novela de terror de alguien que me ayudó bastante a tomar decisiones a la hora de escribir. Un gótico que canta y a quien le atrae bastante la literatura queer y ha escrito cuatro o cinco libros de esa temática.

Gracias por leerme y hasta otra entrada.

«The Revelation», de Bentley Little. ¿Habré saldado ya mi deuda con él?

Como ya comenté hace tiempo en este blog, utilicé una novela de este autor norteamericano desconocido, o quizás olvidado, para mi trabajo de fin de grado. Ha pasado el tiempo y no estoy descontento con el resultado. Podría haber mejorado ciertas partes del trabajo, haber sacado mejor nota, haber mantenido un contacto más cercano con mis profesores, pero creo que un notable es una calificación aceptable. Después de todo, si no lo hice mejor fue responsabilidad mía y está en mis manos presentar mejores trabajos en el futuro. Lo único que me provocaba incomodidad al respecto fue no haber podido contactar con ese ermitaño que vive escondido en algún punto del oeste de Estados Unidos y que escribió aquel libro que tango me gustó que es His Father’s Son. Tras darle vueltas, decidí que un buen homenaje sería leer su ópera prima, The Revelation, y hacerme con un ejemplar de su única novela publicada en castellano, El almacén.

He empezado por la primera idea y, con la mano en el corazón, no tengo ganas de llevar a cabo la segunda ni leer nada más de este hombre durante un tiempo. Estoy un poco decepcionado, y trataré de explicar por qué.

No es que The Revelation sea una novela horrible, tal como afirman varios de sus lectores en Goodreads. En lo personal me parece una novela de género, una historia de suspense, que está muy bien para ser la obra con la que el escritor se dio a conocer. Es entretenida, a ratos es asquerosa, y presenta un tema interesante, sobre todo para los fans de la subcultura friki: satanismo y bebés prematuros que vuelven a la vida para aterrorizar a la gente. El problema, diría yo, es que no va mucho más allá. Por mucho Premio Bram Stoker a la mejor primera novela que llegase a ganar, me da igual, mi opinión es la que es.

Aparte de los asesinatos y las escenas traumáticas de la infancia, lo que más me gustó de His Father’s Son fue la personalidad bien desarrollada de sus personajes, en especial de Steve, en su papel de hombre normal que se convierte en un demente asesino en serie. He encontrado paralelismos entre ambas obras, como le personaje del escritor frustrado atrapado en un trabajo que no le gusta, la mujer que desea ser madre pero no dejan de surgirle impedimentos, la falsa idea de que un hijo soluciona los problemas de pareja y la presencia tenebrosa de la iglesia. No obstante, el desarrollo de esas ideas no está bien llevado. Es demasiado simple, casi digno de una comedia de terror de serie B.

Imagino que este libro no pretendía destacar por sus aspiraciones artísticas. Es solo entretenimiento. Puedo confesar sin esconderme que me ha gustado, pero no me caben dudas de que podría haber sido algo mucho mejor. A estas alturas no me conformo con la mediocridad que envuelve estos títulos que da la impresión que son malos porque son de determinado género, y no porque no se hayan escrito con el cariño y talento necesarios.

Estoy convencido de que Bentley Little es un buen escritor a día de hoy, y que sus últimos libros no deben de estar tan mal. Sin embargo, mirando sus críticas empiezo a notar cierto patrón: la crítica profesional es muy buena, Stephen King lo alaba, pero los lectores tienen opiniones mixtas que coinciden en un aspecto: no es para tanto. En otras palabras, que mi vida no va a cambiar por leerle más.

Si tuviera más tiempo libre o menos libros pendientes sí que me leería más. Pero el contexto en el que me encuentro no está para lecturas mediocres, sino para grandes descubrimientos o para devolver favores. De hecho, esto era casi un favor, que consideraré saldado. No voy a leer más novelas de Little, por ahora.

Deduzco que le otorgué valor de más a este escritor en mi TFG. Pero así somos los humanos. Cambiamos de opinión y tenemos puntos de vista diferentes entre nosotros. Muchos consideran a Fargo como una película excepcional, pero a mí me pareció demasiado lenta como para ser disfrutable. Creo que es buena, pero no me gusta tanto como a la crítica.

Esto me recuerda a un tiempo en el que apoyaba demasiado a músicos underground de mi entorno solo porque me caían bien o me gustaba su música, hasta que me cansé de lo uno y de lo otro, y esas amistades superficiales desaparecieron. Es como si sobrevalorásemos lo que tenemos cerca o aquello a lo que estamos acostumbrados, o algo que pasa desapercibido, más por las circunstancia que nos han llevado a conocerlo que por la obra y el contenido en sí, e ignorásemos tesoros que pueden estar ahí, esperando a que arrasemos con ellos.

La semana que viene quiero empezar una nueva serie en el blog que no sé cuánto durará, pero me hace mucha ilusión. Es sobre novelas gráficas.

Gracias por leerme y hasta otra entrada.

Domingo Negro, por Thomas Harris — Crónica de un atentado plausible

Gracias a mis frecuentes trayectos en transporte público me he terminado Domingo Negro en relativamente pocas semanas. La ironía es que como consecuencia de que algunos son muy cortos y en otros hay gente muy ruidosa, o acabo muy cansado, he tardado más de lo que me gustaría. Pero, en fin, ya me he leído la bibliografía entera de Thomas Harris hasta la fecha.

Respecto a qué me ha parecido, pues prefiero la saga de Hannibal Lecter. De todas formas, entiendo que era el primer libro de este hombre y que nunca llueve a gusto de todos. No es un mal libro, para nada, pero me esperaba algo distinto. Ahora que lo pienso, esta es la novela con la sinopsis más generalista que he leído en mucho tiempo.

No sé por qué, en mi cabeza creía que se trataría de una historia sobre un atentado terrorista en Estados Unidos y sus consecuencias. Pero no, lo cierto es que (y va a haber spoilers) el argumento nos relata cómo es posible que un ataque de esas magnitudes se lleve a cabo.

La historia comienza en Israel, donde unos terroristas palestinos envían un vídeo, al más puro estilo Bin Laden, a los americanos para avisarles de que cometerán un atentado en un lugar muy concurrido durante las Navidades, a menos que dejen de subministrar armamento a Israel. Por supuesto, eso no va a ocurrir, y los dos miembros mejor preparados de la organización, Fasil y Dahila, cogen sus explosivos plásticos y se embarcan hacia Estados Unidos. Pero, ¿cómo transportas esa mercancía tan peligrosa hasta un punto tan lejano del planeta? Ahí entra mi personaje preferido de la obra: Michael Lander.

Lander es un veterano de guerra, traumatizado de por vida por unas experiencias que vivió en Vietnam, y a quien el gobierno de su país abandonó a su suerte. Nuestro amigo Rambo también es un hombre divorciado, alejado de sus hijos y sumido en una depresión que le va demasiado grande. Así que se une a estos canallas para vengarse de su país y se apoya en el resentimiento para ignorar que lo que planea hacer está mal. No obstante, en su corazón sabe que obra como un monstruo y sus compañeros terroristas se darán cuenta.

Tras la llegada al país de las barras y estrellas se suceden problemas, visitas al hospital, interacciones entre personajes cada vez más grises y en general las escenas se vuelven lentas y poco emocionantes hasta que, al fin, ocurre el ataque. Se hace mucho hincapié en la actuación de las fuerzas de inteligencia y en que gran parte de los personajes americanos son judíos.

No es un libro que pueda recomendar a todo el mundo. Solo si eres una persona reflexiva, empática y con la suficiente paciencia como para entender que esto no es una película palomitera ni un refrito de patriotismo barato: esto es un relato amargo que podría hacerse realidad.

Y lo más terrorífico es que data del año 1975. Han pasado más de cuarenta años y no cambiamos nuestras costumbres deleznables. Y ni tan siquiera cambiamos de enemigos.

La lectura de Domingo Negro me ha empujado a investigar más sobre el conflicto palestino-israelí, en lugar de quedarme con las ideas superficiales que triunfan entre los inexpertos que pueblan este mundo. Tengo una opinión, pero no quiero meterme en política ni crearme enemigos innecesarios. Y el hecho de que un libro de ficción sobre algo tan común en el mundo como es el terrorismo, desgraciadamente, haya conseguido que me informe un poco más sobre el mundo, lo convierte en un libro que merece la pena si te gusta que te hagan preguntas sobre conflictos mundiales difíciles de resolver.

Hoy no tengo ganas de decir nada más. Ni criticar que la traducción de mi edición tenía muchos problemas ni darle demasiadas vueltas a otros temas. Además, hay muchas reseñas que me hace mucha ilusión redactar y hay por ahí libros a los que les debo una buena lectura. Así que, poco a poco, los iré tachando de la lista.

Gracias por leerme y hasta otra entrada.