Ensayo narrativo sobre las peleas modernas de traducción: Una cruz por una media luna

Advertencia: El siguiente relato pretende presentar cuan ridículas son las discusiones acerca de aspectos de la traducción, en especial la traducción audiovisual, e invita a las personas a informarse y conocer ese mundo que tanto les entusiasma, aparentemente, antes de dar una opinión fundamentada sobre la desinformación e ideas sin sustento que resultan ridículas. El autor es consciente que no va a cambiar el mundo con el relato, solo fue un ejercicio para desahogarse y tomarse esas peleas bobas con un poco de humor. A veces la ficción funciona mejor para entretener que para enseñar.

De forma similar a muchos pintores, Raquel comenzó su carrera artística calcando cuadros consagrados en la historia del arte. En sus ratos libres, en su pequeño escritorio, a sus apenas quince años, Raquel buscaba imágenes en internet de obras de Da Vinci, de Rembrandt, de Goya, de Kahlo, de Delacroix, y en definitiva de cualquier pintura que le gustase o le atrajera. Cada día, en cuanto tenía un rato libre, sacaba sus témperas, sus folios y una vieja camisa de su madre y se ponía a pintar. Observaba los cuadros, memorizaba las formas y colores, empatizaba con los sentimientos que los artistas habían volcado sobre los lienzos y los copiaba.

No hacía añadidos, más allá de su firma en una esquina. Simplemente calcaba. Pensaba que estaba haciendo un buen trabajo y que con eso bastaba, y se abstuvo de darle vueltas a si podía hacer algo distinto.

Una vez secas, escaneaba las pinturas y las colgaba en su perfil en una red social dedicada al arte, antes de enmarcarlas o regalarlas. Mientras la mayoría de usuarios dibujaba directamente en el ordenador o experimentaba con el retoque de imágenes mediante programas de edición, Raquel pintaba a la no tan antigua usanza. De todos modos, sus trabajos obtenían visitas y buenos comentarios, en especial por parte de los extranjeros.

A medida que sus creaciones cosechaban visitas, también comenzó a recibir críticas negativas y odio por parte de otros internautas, así como algún baboso que le pedía que mostrase sus pechos. Pero ella los ignoraba.

Por supuesto, nunca le faltaron elogios por parte de sus seres queridos, quienes la consideraban toda una gran artista. Sin embargo, su propia opinión sobre sí misma era mucho más modesta. Ella no se consideraba una pintora, sino más bien una copiona. Así era como firmaba sus dibujos en folios: Raquel copiona.

En una ocasión, un seguidor le sugirió que cambiase su nombre de usuario por otro más comercial y vistoso, como «Rachel Copycat». Pero Raquel no vio el mensaje hasta mucho más tarde. Para aquel entonces habían pasado dos años y ya se había cansado de hacer lo mismo una y otra vez.

Estaba harta de recibir encargos por parte de su familia o amigos, que la felicitaban por lo bien que dibujaba pero nunca le preguntaban cómo estaba o si quería estudiar arte. Del mismo modo, no quería recibir más encargos para amigos de amigos. No le apetecía, incluso si le pagaban, calcar la foto de las vacaciones de Fulanito para regalarle la pintura a Menganito.

La familia de Raquel no era rica y lo poco que podía ahorrar lo invertía en practicar su pasatiempo favorito. Al final, tras decenas de encargos demasiado idénticos, dejó los folios y las acuarelas guardados en un cajón. También quitó los cuadros de su habitación que ella misma había pintado. A fin de cuentas, todo lo que quería era que se terminase el verano, buscar algún curso de pintura y que le enseñasen técnicas nuevas que rompiesen con su tedio.

Incluso, cuando entraba en internet y veía sus pinturas, pensaba que había estado tirando el tiempo a la basura haciendo decenas de copias. De hecho, tampoco le gustaba mirar otras versiones de cuadros famosos que hacían otros usuarios. A ella le gustaban las pinturas cuanto más originales mejor, sin hacerle ascos a las parodias y las obras críticas.

Por muchos dibujos interesantes que viese, seguía sin ganas de pintar. Hasta que leyó un mensaje privado que no se esperaba.

Entre mensajes llenos de peticiones que no le despertaban la vena artística, ese correo electrónico le hizo merecer quedarse trasnochando hasta tarde frente al ordenador. El mensaje decía:

Estimada Raquel, permítame que me presente.

Le escribo en nombre del grupo de la iglesia de la ciudad. Yo soy el padre Cruz y soy seguidor de su trabajo en DeviantArt. Si se lo pregunta, mi nombre de usuario es INRI_12 y he tenido una idea que le puede interesar.

Queremos añadir una nueva imagen para usar como fondo para nuestra página web y yo he propuesto ante el grupo de la iglesia contratarla a usted para que realice un dibujo que le encargaremos, usted nos lo ceda y de este modo nuestro portal en internet, que cada día recibe más visitas, será todavía más bello.

El grupo ha aceptado al ver la calidad de sus dibujos, aunque a algunos hermanos casi se les cambia el color de la piel al ver su última subida. Desde luego, El Cristo crucificado de Velázquez no resultaba tan tétrico comparado a su obscura versión con caras de demonios en las esquinas y sangre a borbotones fluyendo de los agujeros.

Teníamos la idea de imitar una pintura que el imam con quien suelo conversar sobre fe en nuestras reuniones mensuales me mostró el mes pasado. Se la adjunto en este correo.

Sufrí tal flechazo al verla que deseo algo similar para mi iglesia. Pero le pediré que realice ciertas modificaciones bastante obvias. La vestimenta de los personajes debe ser la típica combinación occidental de camiseta y pantalón vaquero, en lugar de media luna queremos una estrella fugaz en el firmamento, una catedral donde se encuentra la mezquita y una cruz romana en lo alto de la montaña arenosa y pelada del sector izquierdo de la pintura. El resto lo puede dejar tal como se encuentra.

Si le interesa el encargo, por favor, contésteme a la mayor brevedad posible. No podemos pagar mucho, pero abonaremos la cantidad que podamos reunir.

Muchas gracias por su interés, tenga un buen día, reciba cordiales saludos y muchas bendiciones.

Atentamente, el padre Cruz.

Raquel no pudo evitar emitir un leve grito de emoción, seguido de una sonrisa infantilizada. Por primera vez había recibido un encargo serio, y al mismo tiempo tenía frente a sus manos un reto curioso. Había pasado tantos días sin pintar que no lograba recordar la versión del Cristo que citaba el padre Cruz. Al buscarla en su perfil de DeviantArt, se tomó los cumplidos del cura con modestia. Pintó dicho dibujo sin motivación, solo para matar el tiempo en una aburrida tarde de domingo.

No obstante, esto era distinto. Se trataba de un encargo que recibiría una pintora o diseñadora gráfica profesional. Podría ser la primera vez que le pagasen por hacer un trabajo que le gustaba sin sentir que lo hacía desmotivada por una obligación moral. Pero antes de contestar decidió abrir el archivo adjuntado.

Tenía las expectativas de encontrarse con un dibujo superficial o mal encuadrado hecho por una persona poco diestra con unas acuarelas, pero para su asombro la realidad era totalmente opuesta. Aquel dibujo, aunque modesto, escondía capas y capas de trabajo y tenía un acabado profesional. En primer lugar, habían pintado el fondo de un azul tirando a negro que formaba con las estrellas un buen soporte bajo el cual se localizaba la parte central de la pintura. Un poco más abajo, se hallaba un barrio de la ciudad de Jerusalén donde los musulmanes eran la mayoría, lejos de sus vecinos judíos. Y, yendo a los detalles, las figuras humanas parecían sacadas de Lawrence de Arabia y la montaña del fondo podría tratarse del Monte de los Olivos libre de edificaciones. A pesar de los anacronismos, Raquel llegó a la conclusión de que la pintura era muy bella y contestó al cura que haría una versión cristianizada con sumo gusto.

En la iglesia celebraron que por fin habían encontrado quien les crease el fondo que tanto deseaban. Querían distinguirse todo lo posible de páginas web religiosas hechas por creyentes fanáticos que contenían imágenes robadas, publicaciones con pésima ortografía y que dejaban en mal lugar a una institución con cada vez menos adeptos. De hecho, Raquel les confesó en su respuesta que ella no creía en ningún dios y no profesaba ninguna religión, a lo que al padre Cruz no le vio nada de malo, pero de todas formas mantuvo esa información en secreto para prevenir que el grupo de la iglesia rechazase un trabajo providente de una adolescente atea.

En unos días, Raquel había terminado la pintura. Y, a diferencia de la ocasión anterior, disfrutó durante el proceso como toda una niña pequeña a la que le encantaba dibujar cada día, cuya foto estaba en el monedero de su madre. Durante aquellos días estuvo dibujando hasta tarde, incluso durante la noche, pese a la insistencia de sus padres de que se acostase. A altas horas de la mañana aprovechó para reflexionar, ya que no podía dormir. Y gracias a que se tomó unos minutos para buscar en internet información acerca del cristianismo y el islam, descubrió que tienen más similitudes de lo que la gente seguía imaginando después de más de mil años. En ambas creencias estaban los profetas de Moisés y Jesús, en ambas hay un cielo solo para los seguidores de su religión, en ambas hay prácticamente el mismo dios con sus ángeles y Satanás con sus demonios, en ambos casos hay una virgen con un hijo y a lo largo de la historia se habían utilizado ambos sistemas de creencias para la guerra.

A Raquel le habría gustado incluir en su pintura alguna imagen en la que personas de distintos credos dejasen de pelear por trivialidades en lugar de centrarse en sus semejanzas, pero eso se saldría drásticamente de su encargo. De modo que apuntó esas ideas en su libreta y dejó reposar el folio con su versión cristianizada de aquella pintura musulmana en un cajón.

Tal como le encargaron, en el cielo de la pintura había una estrella fugaz rodeada de otros tantos cuerpos celestes. Se reemplazaron las mezquitas por iglesias y sobre el monte no había una cruz sino tres. En cuanto a las personas que aparecían deambulando por Jerusalén, Raquel obedeció y les dio una vestimenta contemporánea. Incluso se tomó la libertad creativa de añadir perros, motos y un dron.

Segura de que al grupo de la iglesia le gustaría, una de esas noches que pasaba dibujando en vela envió un escaneado de su obra al padre Cruz en un correo electrónico tan sobrio y breve como el que le había enviado el cura con el encargo.

Pasaban los días y Raquel no obtenía ninguna respuesta. Cada mañana revisaba si había recibido algún correo electrónico, pero cada vez que miraba su bandeja de entrada esta se encontraba tan vacía como el primer barril de cerveza a los pocos minutos del comienzo de la Oktoberfest.

Durante aquellos días pensó en mostrarle la pintura a su familia, hasta que recordó que sus comentarios nada críticos no la motivaban a mejorar y le causaban cierto tedio. Aparte, también tuvo la idea de subir la obra a la red social, pero recordó que allí, por mucho que recibiera muchas respuestas alentadores o críticas, las que hacían más ruido eran las sangrantes y carentes de sentido.

De todas formas, entró en la página web y se quedó contemplando su penúltima creación unos minutos. Allí recordó que lo que más le gustaba era observar cuadros buenos y experimentar con las versiones que hacía. Mientras pintar un cuadro original le costaba horrores, adaptar una pintura ajena le parecía más entretenido y más fructífero. Ahí sentía que podía exprimir su potencial. De ahí en adelante descubrió que le gustaría ser restauradora de cuadros y, por qué no, realizar encargos como el del padre Cruz.

De pronto, recibió una notificación. Hizo clic sin muchas expectativas. Un usuario llamado INRI_12 la había etiquetado como autora de una pintura. Desde el portal, el padre, en nombre del grupo de la iglesia, le agradeció el buen trabajo que había hecho. Poco a poco, Raquel empezó a recibir halagos, a ganar seguidores y recibió otro encargo similar pero mucho más friki que consistía en diseñar una camiseta en la que varios personajes de distintas películas de fantasía aparecieran juntos. Aceptó de inmediato y fue a mostrarle el dibujo a la familia.

Como de costumbre, no le faltaron elogios. A veces sinceros, a veces por cumplir. Algo similar a lo que ocurría con sus amigos, aunque entre ellos hubo unos pocos que compartieron una visión distinta de la pintura. Después de que Raquel les hubiera explicado cómo era el encargo que había recibido y les mostrase ambas pinturas, abrieron la boca. Argumentaron aquella aburrida tarde de verano, antes de volver a clase para repetir curso o para viajar a costa de sus padres a Francia para ver a un excéntrico músico experimental que nunca hacía giras por otros países, que la pintura de Raquel era básicamente un crimen contra la humanidad y un plagio. Sentaron su opinión bajo los argumentos de «en la original había una luna y aquí no, es una traición», «has cambiado a los moros por cristianos, eso lo hago yo por menos dinero» y similares. Otros amigos de Raquel perdieron el tiempo tratando de volverles a explicar cómo funcionaba el mundo del arte y en qué consistía su encargo, sin darse cuenta de que Raquel ya se había marchado para salvaguardar el sentido del oído, según dijo más tarde a sus buenos amigos por privado, y para no alimentar el ego de esas personas cargantes.

Lo que Raquel no se imaginaba es que más tarde, al volver a meterse en la página para ver si su pintura tenía buena recepción, se encontró con otros comentarios hostiles y faltos de sentido bajo su punto de vista, pero mucho más descabellados, entre un montón de opiniones que podrían ser dispares pero las consideraba aceptables. Pese a que algunos eran ininteligibles por su paupérrima ortografía, hubo usuarios que hicieron algo que consideró mucho peor. Tachaban la pintura de censurable y acusaban ante internautas con mejores cosas que hacer a su autora de un delito moral por apropiación cultural contra los musulmanes. Tampoco faltaron los que consideraron esa versión como una traición, como poco más que excremento frente a la original y que pedían que se borrase la pintura del sitio ipso facto. También exigieron unas disculpas por parte de la autora y ella tuvo la impresión de que intentaban arruinar su recién comenzada carrera por una pintura que no habían entendido.

Lo más chocante para esas personas acusadores fue que a los usuarios musulmanes e incluso a los israelitas y otros habitantes de Oriente Medio les encantó la versión de Raquel. Y gracias a la herramienta de traducción automática de la página web los usuarios ofendidos pudieron entender, grosso modo, que quienes tendrían que estar más enfadados y ofendidos se tomaron muy bien el trabajo de Raquel. Al parecer, según los internautas que habían convertido la caja de comentarios del usuario INRI_12 en un campo de batalla virtual, esos internautas no percibían el tufo a racismo y desprecio hacia sus culturas y creencias que emanaba de la pintura y por qué esta debía ofenderles. De nuevo, algunos usuarios les siguieron contestando a esas personas, todas occidentales, blancas y con carreras universitarias, que no había nada de malo para con la pintura y que no tenían por qué sentirse ofendidos ni tenía que tratarse de un caso de apropiación cultural, fuera lo que fuere eso último. No obstante, insistieron en que ellos tenían que tener la razón y tanto Raquel como el padre Cruz acordaron dejar de perder el tiempo con esas personas expertas en agotar su paciencia. Esa misma tarde marcaron un día en sus agendas para tomar un café y que la artista recibiera un pago por su labor.

La tarde en cuestión el padre le confesó a la artista en la mesa de un bar de toda la vida que le habían llamado pedófilo por internet y le habían acusado de violar niños sin pruebas ni testigos, solo por maldad, y que encima él, como acusado, tenía que demostrar su inocencia. En respuesta a eso, Raquel le contó que no era la primera vez que veía un derroche de incultura, de soberbia y de negatividad en internet. El padre Cruz opinaba que la gente ya era inculta, soberbia y negativa mucho antes de internet, pero que gracias a la red de redes esas tendencias cobraron visibilidad y cada vez era más fácil que personas con una mentalidad similar entrasen en contacto y, como resultado, la gente se volvía cada vez más intolerante por motivos más banales, como llevaba ocurriendo desde el principio de los tiempos pero mucho peor, porque en la era de la información quien deseaba creen en la manipulación ya no era considerado un ingenuo, sino otro ingenuo más.

Ni café, ni infusiones, ni refrescos, pidieron dos cervezas. Cuando llegaron, el padre le entregó un sobre a Raquel. En él había una nómina en toda regla y cincuenta euros en billetes de diez.

—Así en la papelería no te dirán que no tienen cambio.

—Muchas gracias —contestó Raquel—. Padre, una pregunta. Verá, nunca he entendido muy bien por qué, ahora que no mucha gente cree en ninguna religión, los seres humanos se siguen peleando unos con otros solo por pensar distinto y se atreven a agredirse, insultarse y buscar acciones legales por tonterías. He llegado a recibir amenazas de muerte y todo. ¿Por qué cree que los humanos nos seguimos llevando tan mal?

—Ojalá tuviera una respuesta clara y objetiva para esa pregunta. Tal como yo lo veo, hija, a lo largo de la historia, el ser humano ha tenido ideas y ha sentido la necesidad de compartirlas con el prójimo, muchas veces sin consultarle al mismo su opinión acerca de esas ideas o llegar a preguntarse si esas ideas eran lo mejor que se les podría ocurrir. Ahora las religiones han perdido buena parte de su poder, como bien has dicho, pero eso no es del todo acertado. Hay ciertos conjuntos de ideas, ciertas ideologías, o ciertos planeamientos acerca de esto y aquello que algunas personas tienen por dogmas y se los autoimponen sin darse cuenta. De este modo, todo aquel que ose demostrarles que en toda la historia del arte se han copiado ideas y se han hecho homenajes entre autores, y que es lo normal, es un hereje o el calificativo que quieran ponerle en la actualidad. Ven traiciones, crímenes y barbaridades donde hay arte, imperfecto pero arte, a la vez que ignoran problemas reales que van mucho más allá de «la idea original, que no cuaja para este público y que incluirla sería una mala idea, decía no sé qué».

Brindaron por el decoro en el trabajo e hicieron chinchín.

guerra

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Pésame Street (el libro de la webserie) — Risas, emociones y nostalgia caliquera

Si eres como yo y en la segunda mitad de la década de los 2000 y durante toda la siguiente disfrutaste las animaciones de Niko, el creador de Cálico Electrónico, y todavía no has leído ese libro, ¿a qué esperas? Está repleto de buenos dibujos, ese humor tan característico que se mueve entre lo absurdo, lo vulgar y lo satírico, y bastantes sorpresas gratas.

No sabría qué más decir al respecto sin destriparlo. Claro que si estás viendo Pésame Street (estrí), la última creación de Niko, el libro para ti no será más que una extensión de lo que ves en los vídeos: anécdotas tras la creación de los capítulos, presentación de colaboradores y aportes de expertos en distintas materias.

Los temas que trata, como puede intuirse, están relacionados con el animalismo, el veganismo, el medio ambiente, y en cualquier caso contienen bastante humor. El autor comenta que es una de las mejores herramientas para decirle a la gente que no te parece bien lo que están haciendo sin que quieran matarte. Teniendo en cuenta que Berlanga pudo saltarse la censura franquista gracias a su humor, y sus películas sobre la posguerra son geniales, el argumento está bien cimentado.

Por lo demás, considero que es un libro al que es mejor llegar sin saber mucho más, así que podríamos dejar la entrada aquí, amigüito o amigüita. No obstante, para ser vago ya hay muchos otros momentos y la comedia es un tema muy serio, de modo que lo que sigue no son más que anécdotas relacionadas con el libro o con Cálico Electrónico. ¿Te vas a quedar?

Para empezar, lo adquirí en Sant Jordi. Salí del trabajo y pude caminar un ratejo por Barcelona, ver puestos de libros y reencontrarme con antiguos compañeros de la universidad. Sabía que Niko estaba cerca, en la parada del PACMA. Así que me dirigí allí, le pedí el libro firmado y he perdido la cuenta de las veces que le dije que me gustaron bastante los capítulos como «Cuento de Navidad», «7 vidas tiene un gato» o «Querido omnívoro». Y unas cámaras me grabaron, pero no he encontrado imágenes mías en la página web del partido. Lo más parecido que hay es una foto que he sacado de la cuenta de Twitter de Niko, firmándome el libro:

Screenshot_2019-06-17 Tweets con contenido multimedia de Nikotxan ( Nikotxan) Twitter

No era la primera vez que lo iba a ver. Hace años en el Salón del Manga de 2013 (creo) le compré un póster de Cálico Electrónico que aún conservo. Pero esta vez era distinto, y podría haber ido mejor. No es que me quiera quejar, ni voy a culpar a nadie, pero me dieron el ejemplar más castigado de todos xD. Tiene marcas de golpes en la solapa y está algo rayado. Debía de estar en un extremo de la caja y debió de haber un golpe durante el transporte o vete a saber. El caso es que no tiene la menor importancia para lo que quiero tratar. Y aparte lo tengo firmado y dedicado, que es lo que quería.

Por cuestiones varias he tardado en empezarlo, pero leerlo se puede leer en una tarde. Sin embargo he ido lento para disfrutarlo y absorber toda la información posible. Es una lectura amena que incluso si no tienes costumbre de leer lo vas a poder seguir sin ningún problema. No deja de ser un producto accesible, como cualquier objeto de divulgación que se precie, y si quieres saber más sobre cualquier tema de los que se tratan, hay referencias dentro para los más curiosos y sedientos de sabiduría.

Si tuviera que sacarle algún fallo, diría que ciertos divulgadores que participan han expuesto unas opiniones con la que no concuerdo del todo en lo referente a economía y sociedad. Y es normal, un amigo me decía que cada persona tiene una opinión y que si todos tuviéramos los mismos pensamientos no solo todo sería mucho más aburrido, sino que estaríamos adoctrinados y alguien o alguna entidad pensaría por nosotros. Por otro lado, me gustaría puntualizar que en algunas partes se utiliza el llamado lenguaje inclusivo, pero de una forma curiosa: se utilizan los nombres, adjetivos y demás en femenino (con la «a»), en lugar de arrobas, equis y con la «e», como si utilizaran el bable o asturiano 😉 Personalmente, utilizado de esta forma y en este contexto, no me molesta. Y, para acabar, algunos párrafos no acaban en un punto sino que este está ausente. Espero que la editorial lo corrija en las siguientes ediciones. Que uno es de letras y, quieras que no, se fija en estas cosas.

Por lo demás, el libro es muy disfrutable gracias al factor nostalgia. Recuerdo aquellas tardes y noches, hastiado por el instituto, por problemas con los estudios, la familia, por el bullying que sufría o cualquier otro problema, y viendo Cálico Electrónico o cualquiera de sus vertientes (Huérfanos Electrónicos, capítulos sobre personajes secundarios, Cápsulas, Entremeses, etc.) se me pasaba la tristeza por unos minutos, no pensaba en los problemas y me meaba de risa. Con la edad aprendes a canalizar las emociones y adoptas una postura para que no te afecten las mierdas que el mundo te echa encima, como si fuera el personaje del Pollo. Es interesante recordar esa época que no querría revivir y alegrarme que de algún modo no haya dolor en recordar escenas bochornosas, innecesarias y angustiantes. No hace mucho volví a mi antiguo instituto y no me dolió estar allí. Esas cosas se superan.

Quisiera alargarme más pero todo lo que diría no sería más que paja; estaría cayendo en una mala costumbre que me propuse reducir en lo propósitos de año nuevo, el non plus turra, como diría Miguel de Lys. Si queréis paja… mejor me callo, je, je, marranotes.

Gracias a por leerme. Me hubiera gustado ser más gracioso, pero a esto me ha llevado pensar en qué poner en la reseña.

¿Qué creo que nos dirían los animales si pudieran hablar? Pues que están decepcionados con la especie humana, que somos despreciables y que somos una plaga que no mata por necesidad sino por placer, y eso es devastador para ellos.

¿Qué les contestaría? Que tienen razón, que necesitamos aprender más de ellos, que hemos perdido la esencia animal más sana, que nos enseñen a ser un poco más naturales, pero sin perder las cosas buenas que ha traído la humanidad, como el frikismo.

Poco más tengo que añadir. Gracias por leerme y hasta otra entrada. Os dejo con un café solo y sin azúcar, no vayan a sufrir las vacas y también nuestro organismo.

«El club de los ángeles», de Luís Fernando Veríssimo — cuando la ruleta rusa es divertida e incluso invita a la reflexión

(Spoilers inside – todo el argumento se incluye en la entrada)

Desde que, por circunstancias casuales, acabé en una clase de lengua portuguesa en la universidad, me he ido encontrado con autores lusófonos que desconocía y que se han hecho un hueco en mis estanterías. Gracias a aquella casualidad, que quizá fue providencia, he podido descubrir y disfrutar a Antunes, uno de los eternos nominados al premio Nobel; a Mia Couto, el autor mozambicano que recomiendo a cualquiera que desee dejarse embelesar por una historia de emociones duras; o a Peixoto, de quien ya hablé una vez y cuyo libro Te me moriste me encantó, así como Saramago, uno de mis grandes favoritos.

No obstante, cuando toca hablar de buena comedia, de esa del día a día, surrealista, absurda, algo mordaz y que, irónicamente, hay que tomarse muy en serio, el nombre que debe retumbar en las paredes es Veríssimo. Este periodista que escribe su columna diaria en un periódico y ciertos relatos cortos de vez en cuando, aprovecha para publicar recopilaciones de sus escritos en libros impresos. Recuerdo irme a la biblioteca y tratar de contener la risa mientras leía sus cuentos allí. Desde una versión modernizada de la historia del príncipe en cuerpo de rana que acaba siendo cocinado hasta una narración de una princesa mentirosa, Veríssimo consigue hacerme reír como muy pocos lo logran. No por nada, es uno de los autores más vendidos en su país natal. Por desgracia, a pesar de que sus obras están disponibles en diversas lenguas, no es muy conocido en estas tierras. Por contraparte, el autor brasileño que triunfa es el fabricante de libros de autoayuda Paulo Coelho, cuya calidad como escritor deja bastante que desear en mi opinión.

Hace unos años, cuando me dedicaba a buscar libros que me interesaban para conseguirlos de segunda mano y encontré uno de Veríssimo llamado El club de los ángeles. Hablé con el propietario y… resultó que lo había perdido. No me hizo ni pizca de gracia, pero por fortuna este título en concreto no se encuentra descatalogado en España y pude hacerme con una copia en portugués no hace mucho.

Es una novela muy corta, de a duras penas 150 páginas, sobre un club de cocina de las altas esferas, en el cual unos cuantos chefs, de los mejores del mundo, de los más experimentales y sofisticados, se reúnen una vez al mes para hacer una cena y en cada una de ellas la toca a un cocinero diferente preparar el refrigerio. Tras años de salir en las portadas de las revistas, en programas de televisión y de tener restaurantes exclusivos que recaudan muchísimo dinero, todos coinciden en algo: no son felices.

Este es el contexto que utiliza Veríssimo para reflexionar sobre el papel del placer de la buena comida, porque es un placer que nunca se sacia del todo, en el caso de sus personajes al menos. Ellos siempre quieren comer más, siempre quieren comer mejor y están hartos de la vida que llevan y de lo que les rodea. Es entonces cuando se deciden a incluir en estas cenas un nuevo ingrediente: veneno.

En uno de los platos habrá veneno, el cual matará a uno de ellos, luego habrá un funeral, y poco después otra cena. Y así sucesivamente hasta que quede uno, como en la ruleta rusa. ¿Recordáis la escena inicial de la película Airbag? Es parecido, pero a escala repetitiva durante todo el libro. Y al final todo resulta en un modelo de negocio nuevo para los que quedan vivos, el cual puede devolverles la felicidad. Y durante el libro se hacen diversos chistes, bromas irónicas, reflexiones con toques macabros y demás demencias de esas que tanto gustan a sus lectores.

Sí, sé que he contado todo el argumento. No obstante, lo cierto es que no es lo mismo leerlo que leer una reseña, puesto que el fuerte de este autor son las bromas internas y el contexto en el que se integran. Así que, si te apetece una lectura ligera, entretenida y demente, te recomiendo que le des una oportunidad a uno de mis maestros de comedia absurda escrita.

Muchas gracias por leerme. Ahora tengo algo de margen para dedicar tiempo al blog, de modo que podré publicar más a menudo durante algunas semanas.

¡Hasta otra entrada!

PD: Documentándome he visto que este señor tiene 82 añazos. Es posible que nos deje pronto, y ya me veo coleccionando toda su obra escrita. ¿Alguna alma caritativa que me quiera hacer un regalito?

Viaje a la nostalgia 4: «El príncipe y el mendigo» – Mark Twain y Disney

Hace unos años rescaté un viejo libro de Mark Twain de una estantería de casa de mis abuelos. Y era viejo con creces: los bordes de las páginas están amarillentos, parte de la cubierta tiene un corte y se debió comprar con pesetas. Era uno de los libros de mi padre o mi tía durante su juventud. Se trata de Tom Sawyer, considerada la primera novela escrita en su integridad a máquina de escribir. Y aunque dudo que hoy se catalogase como novela infantil, noté en la narrativa del autor estadounidense una maestría para relatar historias e introducir en ellas crítica social sin que esta rompa con la fluidez de la obra, sino que dichas sátiras intervienen con naturalidad y le aportan al texto un toque distintivo de su creador. Sus frases, en la actualidad, serían consideradas «cortes» o «zascas», y aparecerían en memes que se compartirían en las redes sociales. Ya en aquel entonces pensé que gracias a autores como Twain o Poe, la literatura americana decimonónica nada tiene que envidiar a la europea a nivel de entretenimiento y capacidad de convertir a niños y jóvenes en lectores sin renunciar a un contenido de calidad.

Mucho se puede decir sobre Twain, pero quisiera centrarme en su primera novela histórica, la cual apenas ahonda en el contexto histórico, ya que se centra en las relaciones humanas y las desigualdades: El príncipe y el mendigo.

Cierto es que, sin haberla leído, es fácil intuir de qué irá la historia. No es para menos, esta obra ha tenido multitud de adaptaciones, algunas más fieles que otras, en la televisión, el cine y los cómics. Es más, la idea de que un muerto de hambre y el heredero al trono compartan un aspecto físico casi idéntico y se intercambien los roles sigue siendo fascinante tras más de un siglo desde su primera publicación. Gracias a estos personajes pueden explorarse conceptos como la responsabilidad tras el poder, la escasa libertad de un heredero al trono, el adoctrinamiento, la corrupción, los golpes de estado y las conspiraciones, o que ni siquiera los poderosos escapan a la enfermedad; todo ello desde una perspectiva con aires de cuentos de hadas que no se aplicarían en la sociedad contemporánea tal como en el siglo XVI. Así mismo, Twain no teme en mostrar la pobreza, la mano dura de padres déspotas, la injusticia, la violencia contra los infantes y otras penurias que se darían y se dan en sociedades incluso «normales».

Os invito a rebuscar en casas de familiares, en el desván, en puestos de libros de segunda mano, y leerlo. O lo podéis descargar de internet. Yo lo hice para leerlo en inglés y, puesto que los derechos de autor han expirado, no se estaría contribuyendo a mantener la piratería que perjudica a autores contemporáneos.

Respecto a sus adaptaciones, aunque no se mencione a menudo, quisiera destacar la extraña pero interesante película Las aventuras de Mark Twain muestra ciertos personajes del dramaturgo, así como detalles sobre su vida personal que encantarán a los más curiosos.

Ahora bien, si vamos a hablar de adaptaciones cuanto menos sorprendentes, hay que hablar de la que hicieron los amigos de Disney en el año 1990, en la que los dos protagonistas tienen la apariencia de Mickey Mouse. Bien es cierto que la idea noble de la productora en la que pretendía adaptar grandes clásicos protagonizados por Mickey, Donald, Goofy, Pluto, Minnie, Pite y demás personajes no llegó a funcionar demasiado bien. Sin embargo, no deja de ser una iniciativa valiente y creo que merece la pena echarle un vistazo. Después de todo, es un corto de unos 20 minutos muy entretenido, muy bien animado y en la que José Padilla tuvo que dejarse la voz para interpretar al ratón orejudo en la versión castellana. Es verdad que hay muchos cambios respecto a la fuente original, pero a estas alturas lo importante es que me entretengan. Además, las ideas originales que introduce están bastante logradas, y que no se le pueden buscar tantos peros a un dibujo animado tratando de adaptar para un público noventero una novela de un siglo atrás. Y está en YouTube, así que cero excusas.

No recuerdo si llegué a verla de pequeño, supongo que sí, pero no estoy del todo seguro. ¿Sería injusto llamar a esto un Viaje a la nostalgia? ¿Y eso importaría mucho? Lo importante es que ha sido un viaje placentero y enriquecedor. Os recomiendo, en una u otra forma, El príncipe y el mendigo.

Para acabar, me gustaría anunciar algo importante. Es posible que este verano de 2019 haga una campaña de mecenazgo (crowdfounding) para financiar la publicación de una novela negra que tengo escrita desde hace unos meses. Si alguno/a de mis seguidores/as tiene curiosidad, daré detalles próximamente.

También publicaré algo al respecto en mi página de Facebook y mi perfil de Twitter. O podéis escribirme directamente por donde os vaya mejor.

Un saludo y hasta otra entrada.

La Fundación VS Dune: ¿Cuál es mejor?

Motivos para ausentarse de la escritura, pretendiendo escribir, hay muchos. En cualquier caso, innecesarios. ¿Por qué se debería dar explicaciones? La propia obra dirá lo que el artista calla.

Sea como sea, durante los pasados meses me he dedicado a leer dos grandes clásicos de la ciencia ficción del siglo pasado: La trilogía de la fundación de Isaac Asimov y Dune de Frank Herbert. Echaba de menos volver a la rutina de lector en transporte público, y lo cierto es que también me apetecía bucear en libros gruesos. Ya daré mi opinión sobre si prefiero leer libros cortos o largos. Dado mi carácter antidogmático y antiestupideces varias, cualquiera se la puede imaginar. Pero en estos tiempos de afirmaciones sesgadas, simplistas y poco balanceadas que tratan de darse por verdades absolutas, acompañadas por un aire de sofisticación más falsa que un Judas de plástico, no veo el momento de decirles a los culturetas que si no quieren que les rebatan sus teorías como se le lleva haciendo durante más de un siglo a Freud y Marx, que salgan de esa burbuja de tabaco, alcohol y demás sustancias antes de tratar de imponer ideas inhumanas con su tozudez y su ego desmedido, tal como hicieron los dos anteriores pensadores.

Me estoy desviando del tema. Y a fin de cuentas hay personas capaces de rebatir las ideologías mejor que un servidor. Lo mío es soltar pullas. Así que vamos con la comparación, que no reseña, de ambas obras. Hay muchas reseñas excelentes de La Fundación ahí fuera, y de Dune… hay intentos muy nobles, más o menos satisfactorios.

La primera que leí fue La Fundación, en un tomo que incluye la trilogía entera, traducida por Pilar Giralt. Sí, sé que hay más libros de la saga, hay precuelas, secuelas, y relatos relacionados, pero no los he leído y no sé si algún día lo haré. Lo que sí sé es que no me arrepiento de haberlo hecho. Sí, es muy larga y compleja, pero Asimov lo sabe y por ello se preocupa de que sus libros sean accesibles. Como de costumbre, su escritura es fluida, sencilla, invita al lector a quedarse hasta el final, y gracias a esa aparente simpleza logra explicar los misterios del universo, como la manera de viajar de una punta a otra para encontrar otro lugar como la fundación, qué es la fundación, sus causas y consecuencias, cómo afecta a la sociedad, cómo se organiza una ciudad de dentro de diez siglos, o cuáles son los efectos de la aplicación de la psicohistoria.

La verdad es que se nota que es ciencia ficción clásica. Escribirla debió conllevar mucha investigación, es lenta pero cumple como para entretener, y se aleja años luz de lo que se entiende por ciencia ficción desde que se hicieron las películas de Star Wars. Que nadie lo malentienda, me gusta la saga y de hecho tengo pendiente volver a ver la trilogía original, y quizá el episodio III, para compararlas con Dune. El caso es que no es para principiantes, pero tampoco es nada que no se pueda leer en esta vida. Es como un Señor de los anillos de ciencia ficción; una obra clásica que todo fan acaba recomendando por todo lo que influyó y significó para el género, pero no es la mejor vía para adentrarse en la lectura dada su complejidad, extensión y los temas que se tratan. Recomendada para todo fan de la ciencia ficción.

Y hablando de obras complejas y de Dune, este segundo libro me costó mucho más terminarlo. En parte fue por problemas de redacción, fruto seguramente de una traducción hecha en Latinoamérica con un léxico al que no estoy acostumbrado. O que hubo problemas con la edición de Domingo Santos, lo desconozco. Pero más allá de líos lingüísticos, Dune es otra historia que nada tiene que ver con la obra de Asimov.

Mientras el maestro de origen soviético se apegaba a lo que algún día podría suceder desde el punto de vista del avance tecnológico fundamentado en sus grandes conocimientos, Frank Herbert era más bien un narrador y no tanto un sabio. Aquí no hay ni explicaciones verosímiles ni tampoco detalles sobre el universo. Por contraparte, Dune se asemeja más a un libro de fantasía épica.

Para empezar trata mucho el tema de la política. No es para menos, está ligeramente inspirado en el fin del Imperio Otomano durante la primera guerra mundial. Hay un desierto, nombres árabes y un héroe inspirado en Lawrence: un chico imperfecto que se vuelve un gran guerrero. Hay un planeta con escasez de agua, un imperio totalitario al más puro estilo de una monarquía absolutista, una sociedad feudal con un populacho extremadamente pobre, hay luchas de espadas, un maestro verde con enanismo… ¿No os dije que recuerda mucho a Star Wars? Sí, George Lucas se inspiró mucho en este libro para su saga de películas. Y ninguna queja, oye.

De nuevo, quien esté esperando una historia llena de batallas y gusanos enormes, que se haga a un lado. Para no dar pie a confusiones, hay peleas y gusanos gigantes, pero son una pequeña parte de todo lo que contiene. Lo cierto es que Dune funciona más bien como un libro de filosofía en el que se habla de política, de ecología o de estrategias militares. Vuelve a ser lento, en algunas partes puede hacerse aburrido, y no es para principiantes. Y no, no veré la película, que ya me han contado lo que acabó saliendo.

No soy aficionado a la fantasía épica, ni a la fantasía a secas. Lo he disfrutado, pero no tanto como podría hacerlo si hubiera sido un gran fan de las historias de espada y brujería. No es mi estilo, y nada más que añadir salvo verborrea que nadie ha pedido.

La cuestión es que he leído por ahí que ambas sagas son «La mejor saga de ciencia ficción de todos los tiempos». Entonces, ¿cuál es mejor? ¿Qué opino después de haber leídos ambas?

Personalmente me ha gustado más La trilogía de la fundación. En Dune veo que hay mucho trasfondo y mucho material para debatir, aún 50 años más tarde de la publicación de la novela. Pero no creo que una sea mejor que otra. Ambas son muy buenas a su manera, recomiendo ambas a cualquiera que busque un gran viaje del que no volver indiferente. En otros casos sería muy fácil decir cuál supera por mucho al otro. Sin embargo, las dos están a un nivel tal que no puedo sino sincerarme, aparcar a un lado la mala baba del crítico aficionado con un blog más y decirle a quien esté al otro lado de la pantalla que ha sido como comparar dos capítulos excelentes de tu serie favorita. La mala baba la guardo para escupirle a problemas reales.

Así que nada más que añadir. Si os apetece un retiro para leer un gran libro enriquecedor, os podéis leeros ambas novelas, ambos ladrillos, de los más amenos que encontraréis en la estantería de ciencia ficción de vuestra librería de confianza.

Hasta la próxima entrada.

Reminiscencia de moralejas positivas escondidas en una serie de mi adolescencia – Goddard era un perro de verdad

Esto en un principio iba a ser un viaje a la nostalgia. Una entrada acerca de en una serie de la que tengo buenos recuerdos en la cual contaría alguna curiosidad, trataría de hilar varios temas que se tocan en la serie y la recomendaría (o no) para los jóvenes de hoy en día. Hablaría de su magnífico doblaje o de la animación en 3D con una calidad más que aceptable. Pero, por cómo está la vida y los temas que preocupan a gente joven, sobre todo de Estados Unidos, le daré una vuelta de tuerca, sin ser hacer sangre. ¿Os suenan esas moralejas de las series de la infancia en la que los personajes aprenden que no se puede juzgar a una persona por su apariencia? Qué tiempos. Dudo que en las series que ven los niños de hoy en día se den estos mensajes. Si me equivoco, comentadme qué moralejas positivas le dan a los chavales.

Si eras joven durante los años 2000 es muy probable que te suene Jimmy Neutrón, el niño inventor. Era una serie infantil más, aparentemente. Un niño de unos 10 años, muy inteligente, que creaba inventos. Aparte de él y su perro robot, podríamos destacar sus dos mejores amigos: el arquetipo del niño gordo con gafas, alérgico a casi todo y con voz chillona, y por otro lado un mal estudiante, fanático de su serie favorita y un poco rebelde pero con buen fondo. Vamos, un Milhouse y un Bart Simpson con ligeros cambios y bastante más planos. Había más personajes interesantes, como una chica rubia con la que Jimmy tenía una relación amor/odio, una chica negra apasionada se la música, una profesora que parecía una momia, etc. Pero centrémonos en Goddard, el perro robot de Jimmy que él mismo construyó. Daba opciones a su dueño para resolver los problemas que le surgían, tenía mil funciones acordes a la situación, se propulsaba… me encantaba Goddard.

Hace poco, durante una tediosa jornada de trabajo, me puse a pensar en esas personas que formaron parte de mi entorno durante una temporada hasta que me aparté de ellas por su toxicidad.

[Lejos de tener una mente abierta y no juzgar a nadie sin conocer a esa persona, juzgaban a la gente por su color de piel, sexo, orientación sexual o ideología política, especialmente este último rasgo cambiante. Hacían como si la personalidad no existiera, como si no fuéramos seres individuales (puede que ellos no lo fueran) y juzgaban a la gente por su cáscara o basándose en criterios ideológicos. Y eso tiene un nombre: sectarismo.

Si te ha pasado, te recomiendo que te alejes de esas personas. No te aportarán nada a menos que te amoldes a sus dogmas. Y si tienes esos dogmas, que sepas que son una construcción social, tal vez fruto del victimismo y el lloriqueo constante. Con esa actitud no vas a ayudar a nadie, solo lavas cerebros o simplemente haces el ridículo.]

Volviendo al tema, en un capítulo de esa serie hay un concurso de mascotas. Goddard iba a ganar el primer premio por ser un perro brutal capaz de propulsarse, como ya he dicho. La niña rubia pesada (así la llama un personaje secundario a pesar de que su nombre es Cindy) se queja de que Goddard es un robot, el juez le da la razón y el premio es para ella y su bulldog. Más adelante, en el mismo capítulo, el bulldog está harto de su dueña autoritaria, la cual lo está paseando sin correa. El bulldog ve un gato en mitad de la calzada y lo empieza a perseguir. La niña sale detrás de él, llegan al centro de un carril, una limusina con un conductor distraído pasa por la carretera y se aproxima a ellos, el gato huye, pero para la niña y el perro es demasiado tarde. Con una simple orden, Goddard va a salvarlos y los deja en un lugar seguro. Incluso después de que la chica dijera cosas bastante crueles contra el perro robot.

El tipo distraído de la limusina ve lo que acaba de pasar y le da un premio honorífico a Goddard por su rescate. Durante su breve discurso menciona la bondad y lealtad de Goddard, propias de cualquier perro, y menciona que tal vez sea una máquina, pero por dentro es todo un perro de verdad.

Y, volviendo a mis examigos sectarios quejicas, ¿veis la moraleja? En la serie ven más allá de la carcasa. Por el contrario, esos modernos «superprogresistas» de los que alguna vez formé parte creen que una persona puede ser de cualquier género siempre y cuando lo sienta (y estoy de acuerdo con ellos), pero también defienden que lo más importante es poner etiquetas y defender las suyas como si estas los convirtieran en seres de luz. Más que progresistas, son gente regresionista que juzga a las personas por lo que no han podido elegir, con la diferencia de que muestran su desprecio por el hombre blanco, occidental, heterosexual, que asume su género y otras nimiedades que les importan mucho. Ni que les pagaran por emitir prejuicios del siglo XXI traídos de Estados Unidos. No, lo hacen gratis, aunque sus entidades se mantienen gracias a subvenciones.

Ni el carácter, ni los pensamientos, ni los cambios internos, ni los estudios, logros, gustos, preferencias, trabajo, moral, ética, valores, visión de futuro ni nada que se te ocurra definen lo que eres, según ellos. Lo que te define según su doctrina es lo que no puedes elegir (sexo, color de piel, origen étnico, orientación sexual…), y si no eres como les gustaría (no hace falta que especifique que les gusta lo que digan sus agendas políticas), se inventan que hay opresión y violencia estructural e histórica por gente como tú hacia el resto. Y que si no te afliges en todo momento estás contribuyendo a la opresión. Porque sí, porque lo dicen ellos, y porque no aceptan el debate.

Ya dijo Churchill que: «Intentar mantener buenas relaciones con un comunista es como cortejar a un cocodrilo. Cuando abre su boca, no puedes decir si está intentando sonreír o preparándose para engullirte». Sí, se declaran comunistas. Al menos los que conozco. Y muchos se dedican a la enseñanza. Compadezco a sus alumnos.

Más referentes como Goddard y el caballero despistado, y menos victimismo e infantilización de las personas, por favor.

PD: Sí, sé que si este blog tuviera más difusión lloverían comentarios negativos o explicaciones que nadie ha pedido. Y si te ha disgustado y no quieres seguir leyéndome, pues no lo hagas.

«L’inferno» de 1911, ¿el comienzo de cuántas cosas?

Por su 108 aniversario, que se dice pronto y no se reflexiona tanto como se debería, vi la película que nos ocupa hoy: L’inferno. La primera adaptación al séptimo arte de la Divina Comedia de Dante. Considerada también el largometraje más antiguo hecho en Europa que se conoce, la primera película surrealista de la historia, posiblemente también la primera película de terror… una cinta pionera en toda regla.

Tras un rodaje que duró tres años y que necesitó de la colaboración de 150 personas, se logró estrenar en Nápoles y enseguida rozó el éxito como si los responsables hubieran hecho un pacto con el diablo. Poco después se proyectó en Estados Unidos, donde recaudó 2 millones de dólares, una cifra impresionante para la época. Claro que en el país de la libertad los dueños de los cines aprovecharon el éxito para subir los precios de las entradas para este film. Ah, la ley de mercado en todo su esplendor.

Las imágenes que nos brinda son lo que se puede ver: muchos efectos especiales para su época. Podría ser también la primera película en incluirlos en grandes cantidades.

Pero que nadie espere nada más allá de cabezas gigantes y planos que crean ilusión de grandeza o pequeñez. Si habéis visto cortos de los inicios de Buñuel o Segundo de Chomón ya sabréis a lo que me refiero. Tiene su gracia ver a los personajes flotar, salir volando, aterrizar y esas cosas que veríamos en un espectáculo de magia. El momento más destacable, sin dudarlo ni un suspiro, es también el más polémico, en el que Mahoma aparece en el inferno sujetando su propia cabeza al estilo de Perseo y la Gorgona. Me pregunto si esa imagen herirá la sensibilidad de los creyentes. Si algún musulmán la ve espero que no entre en cólera. Después de todo, podemos deducir que la mayoría de los condenados que salen en la película serían cristianos. En fin, en estos tiempos en los que la gente se enfada por cualquier nimiedad como una película de hace tiempo, paso de tomarme más molestias. Pues, uno de los motivos que me empujaron a ver la película fue esta escena. Hasta día de hoy la representación de personajes de la religión dan de qué hablar, y esta en concreto dejaría sin palabras a muchas personas impresionables.

En serio, cuando salió esta película Buster Keaton y Charlie Chaplin no habían empezado a hacer películas. Es incluso anterior a la I Guerra Mundial. Y ya que no puede competir tecnológicamente con una película de terror actual, por lo menos tiene algo de controversia que hoy en día no podría producirse en una película de un gran estudio. Por eso me gusta el cine sin tabúes, sea de la época que sea.

Respecto a la banda sonora, es otro acierto. Parecería que es muy posterior a la fecha de realización de la película, pero todo apunta a que no. Creo que si se pusiera de fondo en una discoteca gótica no desentonaría demasiado. Y en una fiesta de Halloween también sería bien recibida como acompañamiento mientras desconocidos disfrazados interactúan entre ellos envueltos en alcohol y nocturnidad.

La cinta tiene puntos fuertes, como la inspiración en las ilustraciones de Gustave Doré o la desnudez de múltiples personajes, la cual no genera excitación sino repulsión. A menos que sea vista desde la perspectiva de un necrofílico, supongo. El caso es que pone los pelos de punta en varias escenas.

A lo largo de uso 70 minutos, Dante y Virgilio recorren el infierno tal como en el poema, con alguna variaciones como que aparezca Mahoma y no salga Judas, pero eso lo achaco a limitaciones técnicas, licencias poéticas y que el director tuviera preferencias o fobias un tanto antirreligiosas. Mezclado todo con escenarios sucios donde llueve sin cesar y carteles para explicar lo que ocurre.

Gracias a YouTube se puede ver online con los carteles traducidos en forma de subtítulos. Así que si tienes algo más de una hora para quemar y te apetece ver una cinta de los orígenes del cine con algo que aportar, te la recomiendo. Aviso de antemano que no es ninguna obra maestra, que puede hacerse aburrida y que lo que podría motivar su visionado es la mera voluntad de ver un producto transgresor y controversial que solo por eso puede superar la barrera del tiempo. Más bien, la roza. Pero en una época en la que las buenas películas de terror se cuentan con los dedos de una mano y cintas del montón o mediocres hay decenas, puede adquirir cierto valor relativo por comparación.

Y poco más queda por decir.

Esos libros regalados por los autores. Paso de leer «tonteridas». Traicionando principios otra vez.

Trataré de ser breve. No, no soy un influencer (detesto esa palabra y la comparo con la gripe, pero eso es otro tema). Sin embargo, desde que comencé el blog me han regalado tres libros. Y no podían ser más variados. Uno digital en castellano, otro digital en inglés, y otro en castellano y en papel, que aún estoy por ir a recoger.

Supongo que por inseguridad o por empatía, mi idea era leerlos y hacer una gran reseña para cada uno a la altura de la generosidad que los autores tuvieron conmigo.

No obstante uno crece y pasa por experiencias. Recuerdo cuando hacía reseñas de discos en Metalkorner y nos llegaban discos normalillos o aburridos. Por norma general los ignorábamos o hacíamos una crítica en la que hablábamos de forma genérica sobre ellos. No estaba de acuerdo del todo con esa idea, pero tampoco me parecía que darle importancia valiese la pena. Después de todo, nos los enviaban para que hablásemos bien de ellos, y a veces llegaban discos en físico y promociones.

Como el vaivén de un péndulo, la historia vuelve a repetirse. Hace algo más de una semana abrí uno de los libros, el digital en castellano más concretamente, y no aguanté 20 minutos y 15 páginas con muy poco texto. Muy poco. Parecía un cuento infantil escrito por los niños de South Park a modo de fanfic sobre el señor Garrison en la época en la iba travestido de mujer.

Traté de leerlo despacio para disfrutarlo y sacarle todo lo bueno que tenía. Es más, la autora me aseguró que le gustaría que la recordasen como su protagonista: una adulta fracasada, malhablada y sin apenas amigos que no cuenta nada interesante y ni siquiera su desastrosa existencia es divertida. Se pone metas que no cumple porque no se esfuerza y se frustra más que ese tío con Asperger de esa serie que no dejan de repetir a todas horas en una cadena de televisión española. Y yo creía que era inseguro, madre de Dios.

El día que me lo regaló me dijo que contó con la ayuda de amigos suyos a los que les gusta escribir pero no muestran casi nada de lo escriben, y empiezo a entender por qué. Lamento ser cruel, pero tengo poco tiempo para leer. De hecho, raro es que pueda estar escribiendo esta entrada.

Además, el libro está plagado de códigos QR para darle un toque interactivo. Esos códigos conducen a un vídeo en YouTube de apenas 30 o 40 visitas cada uno. Encima, el segundo vídeo era de gatos. Si necesitas poner enlaces en un libro a un vídeo de un gato para que tengan visitas, y aún así no lo logras, tu vida tiene que ser muy triste. En el prólogo hay varias advertencias, como que hay palabras inventadas y palabrotas, pero no dice que vas a perder el tiempo.

De modo, si un/a escritor/a te regala un libro que ha escrito y resulta ser una plasta de vaca, díselo para que mejore. Solo el necio se enfada de que lo corrijan.

Yo mismo recuerdo haber regalado el único libro que tengo publicado, y es una absoluta basura. Así que lo siento por esa gente. Procuraré escribir mejor. ¿Me mereceré estas malas lecturas por aquella porquería? Menos mal que lo publiqué bajo un pseudónimo, la editorial quebró y casi nadie lo tiene.

He mantenido el nombre de la autora en el anonimato por respeto y porque no quiero causarle malestar. Si la vuelvo a ver, le diré que me pareció horrendo y me provocó dolor de cabeza. En serio, si un libro no te entretiene, si en lugar de transportarte a una historia o un mundo interesante te presenta todo aquello de lo huirías en la vida real, ¿para qué lo vas a leer? Lo lamento, pero una amistad no justifica tanto sufrimiento. ¿Y qué me iba a aportar un libro tan insulso? Lo reitero, lamento la crueldad pero la honestidad es objetiva y nada más.

Para rizar el rizo, al día siguiente de abandonar el libro, cogí La fundación de Asimov de mi estantería, ya que me lo compré hace casi un año y ahí estaba, y me lo leí en siete días, invirtiendo una hura y cuarto al día aproximadamente. Es una obra maestra, y en breve leeré toda la trilogía de esta especie de Canción de hielo y fuego en el futuro, como dijo Dross años ha, en el sentido de que tiene una trama política bien trabajada. Siempre hay libros buenos al alcance de un lector molesto por un producto de calidad menor aportado por una amistad.

En fin, lamento la sinceridad sin filtros de mi bocaza. Sed felices y si podéis disfrutar de un libro como ese pues os envidio. Y no tengáis tanta inseguridad, preciosos y preciosas.

Hasta la próxima entrada.