Ensayo narrativo sobre las peleas modernas de traducción: Una cruz por una media luna

Advertencia: El siguiente relato pretende presentar cuan ridículas son las discusiones acerca de aspectos de la traducción, en especial la traducción audiovisual, e invita a las personas a informarse y conocer ese mundo que tanto les entusiasma, aparentemente, antes de dar una opinión fundamentada sobre la desinformación e ideas sin sustento que resultan ridículas. El autor es consciente que no va a cambiar el mundo con el relato, solo fue un ejercicio para desahogarse y tomarse esas peleas bobas con un poco de humor. A veces la ficción funciona mejor para entretener que para enseñar.

De forma similar a muchos pintores, Raquel comenzó su carrera artística calcando cuadros consagrados en la historia del arte. En sus ratos libres, en su pequeño escritorio, a sus apenas quince años, Raquel buscaba imágenes en internet de obras de Da Vinci, de Rembrandt, de Goya, de Kahlo, de Delacroix, y en definitiva de cualquier pintura que le gustase o le atrajera. Cada día, en cuanto tenía un rato libre, sacaba sus témperas, sus folios y una vieja camisa de su madre y se ponía a pintar. Observaba los cuadros, memorizaba las formas y colores, empatizaba con los sentimientos que los artistas habían volcado sobre los lienzos y los copiaba.

No hacía añadidos, más allá de su firma en una esquina. Simplemente calcaba. Pensaba que estaba haciendo un buen trabajo y que con eso bastaba, y se abstuvo de darle vueltas a si podía hacer algo distinto.

Una vez secas, escaneaba las pinturas y las colgaba en su perfil en una red social dedicada al arte, antes de enmarcarlas o regalarlas. Mientras la mayoría de usuarios dibujaba directamente en el ordenador o experimentaba con el retoque de imágenes mediante programas de edición, Raquel pintaba a la no tan antigua usanza. De todos modos, sus trabajos obtenían visitas y buenos comentarios, en especial por parte de los extranjeros.

A medida que sus creaciones cosechaban visitas, también comenzó a recibir críticas negativas y odio por parte de otros internautas, así como algún baboso que le pedía que mostrase sus pechos. Pero ella los ignoraba.

Por supuesto, nunca le faltaron elogios por parte de sus seres queridos, quienes la consideraban toda una gran artista. Sin embargo, su propia opinión sobre sí misma era mucho más modesta. Ella no se consideraba una pintora, sino más bien una copiona. Así era como firmaba sus dibujos en folios: Raquel copiona.

En una ocasión, un seguidor le sugirió que cambiase su nombre de usuario por otro más comercial y vistoso, como «Rachel Copycat». Pero Raquel no vio el mensaje hasta mucho más tarde. Para aquel entonces habían pasado dos años y ya se había cansado de hacer lo mismo una y otra vez.

Estaba harta de recibir encargos por parte de su familia o amigos, que la felicitaban por lo bien que dibujaba pero nunca le preguntaban cómo estaba o si quería estudiar arte. Del mismo modo, no quería recibir más encargos para amigos de amigos. No le apetecía, incluso si le pagaban, calcar la foto de las vacaciones de Fulanito para regalarle la pintura a Menganito.

La familia de Raquel no era rica y lo poco que podía ahorrar lo invertía en practicar su pasatiempo favorito. Al final, tras decenas de encargos demasiado idénticos, dejó los folios y las acuarelas guardados en un cajón. También quitó los cuadros de su habitación que ella misma había pintado. A fin de cuentas, todo lo que quería era que se terminase el verano, buscar algún curso de pintura y que le enseñasen técnicas nuevas que rompiesen con su tedio.

Incluso, cuando entraba en internet y veía sus pinturas, pensaba que había estado tirando el tiempo a la basura haciendo decenas de copias. De hecho, tampoco le gustaba mirar otras versiones de cuadros famosos que hacían otros usuarios. A ella le gustaban las pinturas cuanto más originales mejor, sin hacerle ascos a las parodias y las obras críticas.

Por muchos dibujos interesantes que viese, seguía sin ganas de pintar. Hasta que leyó un mensaje privado que no se esperaba.

Entre mensajes llenos de peticiones que no le despertaban la vena artística, ese correo electrónico le hizo merecer quedarse trasnochando hasta tarde frente al ordenador. El mensaje decía:

Estimada Raquel, permítame que me presente.

Le escribo en nombre del grupo de la iglesia de la ciudad. Yo soy el padre Cruz y soy seguidor de su trabajo en DeviantArt. Si se lo pregunta, mi nombre de usuario es INRI_12 y he tenido una idea que le puede interesar.

Queremos añadir una nueva imagen para usar como fondo para nuestra página web y yo he propuesto ante el grupo de la iglesia contratarla a usted para que realice un dibujo que le encargaremos, usted nos lo ceda y de este modo nuestro portal en internet, que cada día recibe más visitas, será todavía más bello.

El grupo ha aceptado al ver la calidad de sus dibujos, aunque a algunos hermanos casi se les cambia el color de la piel al ver su última subida. Desde luego, El Cristo crucificado de Velázquez no resultaba tan tétrico comparado a su obscura versión con caras de demonios en las esquinas y sangre a borbotones fluyendo de los agujeros.

Teníamos la idea de imitar una pintura que el imam con quien suelo conversar sobre fe en nuestras reuniones mensuales me mostró el mes pasado. Se la adjunto en este correo.

Sufrí tal flechazo al verla que deseo algo similar para mi iglesia. Pero le pediré que realice ciertas modificaciones bastante obvias. La vestimenta de los personajes debe ser la típica combinación occidental de camiseta y pantalón vaquero, en lugar de media luna queremos una estrella fugaz en el firmamento, una catedral donde se encuentra la mezquita y una cruz romana en lo alto de la montaña arenosa y pelada del sector izquierdo de la pintura. El resto lo puede dejar tal como se encuentra.

Si le interesa el encargo, por favor, contésteme a la mayor brevedad posible. No podemos pagar mucho, pero abonaremos la cantidad que podamos reunir.

Muchas gracias por su interés, tenga un buen día, reciba cordiales saludos y muchas bendiciones.

Atentamente, el padre Cruz.

Raquel no pudo evitar emitir un leve grito de emoción, seguido de una sonrisa infantilizada. Por primera vez había recibido un encargo serio, y al mismo tiempo tenía frente a sus manos un reto curioso. Había pasado tantos días sin pintar que no lograba recordar la versión del Cristo que citaba el padre Cruz. Al buscarla en su perfil de DeviantArt, se tomó los cumplidos del cura con modestia. Pintó dicho dibujo sin motivación, solo para matar el tiempo en una aburrida tarde de domingo.

No obstante, esto era distinto. Se trataba de un encargo que recibiría una pintora o diseñadora gráfica profesional. Podría ser la primera vez que le pagasen por hacer un trabajo que le gustaba sin sentir que lo hacía desmotivada por una obligación moral. Pero antes de contestar decidió abrir el archivo adjuntado.

Tenía las expectativas de encontrarse con un dibujo superficial o mal encuadrado hecho por una persona poco diestra con unas acuarelas, pero para su asombro la realidad era totalmente opuesta. Aquel dibujo, aunque modesto, escondía capas y capas de trabajo y tenía un acabado profesional. En primer lugar, habían pintado el fondo de un azul tirando a negro que formaba con las estrellas un buen soporte bajo el cual se localizaba la parte central de la pintura. Un poco más abajo, se hallaba un barrio de la ciudad de Jerusalén donde los musulmanes eran la mayoría, lejos de sus vecinos judíos. Y, yendo a los detalles, las figuras humanas parecían sacadas de Lawrence de Arabia y la montaña del fondo podría tratarse del Monte de los Olivos libre de edificaciones. A pesar de los anacronismos, Raquel llegó a la conclusión de que la pintura era muy bella y contestó al cura que haría una versión cristianizada con sumo gusto.

En la iglesia celebraron que por fin habían encontrado quien les crease el fondo que tanto deseaban. Querían distinguirse todo lo posible de páginas web religiosas hechas por creyentes fanáticos que contenían imágenes robadas, publicaciones con pésima ortografía y que dejaban en mal lugar a una institución con cada vez menos adeptos. De hecho, Raquel les confesó en su respuesta que ella no creía en ningún dios y no profesaba ninguna religión, a lo que al padre Cruz no le vio nada de malo, pero de todas formas mantuvo esa información en secreto para prevenir que el grupo de la iglesia rechazase un trabajo providente de una adolescente atea.

En unos días, Raquel había terminado la pintura. Y, a diferencia de la ocasión anterior, disfrutó durante el proceso como toda una niña pequeña a la que le encantaba dibujar cada día, cuya foto estaba en el monedero de su madre. Durante aquellos días estuvo dibujando hasta tarde, incluso durante la noche, pese a la insistencia de sus padres de que se acostase. A altas horas de la mañana aprovechó para reflexionar, ya que no podía dormir. Y gracias a que se tomó unos minutos para buscar en internet información acerca del cristianismo y el islam, descubrió que tienen más similitudes de lo que la gente seguía imaginando después de más de mil años. En ambas creencias estaban los profetas de Moisés y Jesús, en ambas hay un cielo solo para los seguidores de su religión, en ambas hay prácticamente el mismo dios con sus ángeles y Satanás con sus demonios, en ambos casos hay una virgen con un hijo y a lo largo de la historia se habían utilizado ambos sistemas de creencias para la guerra.

A Raquel le habría gustado incluir en su pintura alguna imagen en la que personas de distintos credos dejasen de pelear por trivialidades en lugar de centrarse en sus semejanzas, pero eso se saldría drásticamente de su encargo. De modo que apuntó esas ideas en su libreta y dejó reposar el folio con su versión cristianizada de aquella pintura musulmana en un cajón.

Tal como le encargaron, en el cielo de la pintura había una estrella fugaz rodeada de otros tantos cuerpos celestes. Se reemplazaron las mezquitas por iglesias y sobre el monte no había una cruz sino tres. En cuanto a las personas que aparecían deambulando por Jerusalén, Raquel obedeció y les dio una vestimenta contemporánea. Incluso se tomó la libertad creativa de añadir perros, motos y un dron.

Segura de que al grupo de la iglesia le gustaría, una de esas noches que pasaba dibujando en vela envió un escaneado de su obra al padre Cruz en un correo electrónico tan sobrio y breve como el que le había enviado el cura con el encargo.

Pasaban los días y Raquel no obtenía ninguna respuesta. Cada mañana revisaba si había recibido algún correo electrónico, pero cada vez que miraba su bandeja de entrada esta se encontraba tan vacía como el primer barril de cerveza a los pocos minutos del comienzo de la Oktoberfest.

Durante aquellos días pensó en mostrarle la pintura a su familia, hasta que recordó que sus comentarios nada críticos no la motivaban a mejorar y le causaban cierto tedio. Aparte, también tuvo la idea de subir la obra a la red social, pero recordó que allí, por mucho que recibiera muchas respuestas alentadores o críticas, las que hacían más ruido eran las sangrantes y carentes de sentido.

De todas formas, entró en la página web y se quedó contemplando su penúltima creación unos minutos. Allí recordó que lo que más le gustaba era observar cuadros buenos y experimentar con las versiones que hacía. Mientras pintar un cuadro original le costaba horrores, adaptar una pintura ajena le parecía más entretenido y más fructífero. Ahí sentía que podía exprimir su potencial. De ahí en adelante descubrió que le gustaría ser restauradora de cuadros y, por qué no, realizar encargos como el del padre Cruz.

De pronto, recibió una notificación. Hizo clic sin muchas expectativas. Un usuario llamado INRI_12 la había etiquetado como autora de una pintura. Desde el portal, el padre, en nombre del grupo de la iglesia, le agradeció el buen trabajo que había hecho. Poco a poco, Raquel empezó a recibir halagos, a ganar seguidores y recibió otro encargo similar pero mucho más friki que consistía en diseñar una camiseta en la que varios personajes de distintas películas de fantasía aparecieran juntos. Aceptó de inmediato y fue a mostrarle el dibujo a la familia.

Como de costumbre, no le faltaron elogios. A veces sinceros, a veces por cumplir. Algo similar a lo que ocurría con sus amigos, aunque entre ellos hubo unos pocos que compartieron una visión distinta de la pintura. Después de que Raquel les hubiera explicado cómo era el encargo que había recibido y les mostrase ambas pinturas, abrieron la boca. Argumentaron aquella aburrida tarde de verano, antes de volver a clase para repetir curso o para viajar a costa de sus padres a Francia para ver a un excéntrico músico experimental que nunca hacía giras por otros países, que la pintura de Raquel era básicamente un crimen contra la humanidad y un plagio. Sentaron su opinión bajo los argumentos de «en la original había una luna y aquí no, es una traición», «has cambiado a los moros por cristianos, eso lo hago yo por menos dinero» y similares. Otros amigos de Raquel perdieron el tiempo tratando de volverles a explicar cómo funcionaba el mundo del arte y en qué consistía su encargo, sin darse cuenta de que Raquel ya se había marchado para salvaguardar el sentido del oído, según dijo más tarde a sus buenos amigos por privado, y para no alimentar el ego de esas personas cargantes.

Lo que Raquel no se imaginaba es que más tarde, al volver a meterse en la página para ver si su pintura tenía buena recepción, se encontró con otros comentarios hostiles y faltos de sentido bajo su punto de vista, pero mucho más descabellados, entre un montón de opiniones que podrían ser dispares pero las consideraba aceptables. Pese a que algunos eran ininteligibles por su paupérrima ortografía, hubo usuarios que hicieron algo que consideró mucho peor. Tachaban la pintura de censurable y acusaban ante internautas con mejores cosas que hacer a su autora de un delito moral por apropiación cultural contra los musulmanes. Tampoco faltaron los que consideraron esa versión como una traición, como poco más que excremento frente a la original y que pedían que se borrase la pintura del sitio ipso facto. También exigieron unas disculpas por parte de la autora y ella tuvo la impresión de que intentaban arruinar su recién comenzada carrera por una pintura que no habían entendido.

Lo más chocante para esas personas acusadores fue que a los usuarios musulmanes e incluso a los israelitas y otros habitantes de Oriente Medio les encantó la versión de Raquel. Y gracias a la herramienta de traducción automática de la página web los usuarios ofendidos pudieron entender, grosso modo, que quienes tendrían que estar más enfadados y ofendidos se tomaron muy bien el trabajo de Raquel. Al parecer, según los internautas que habían convertido la caja de comentarios del usuario INRI_12 en un campo de batalla virtual, esos internautas no percibían el tufo a racismo y desprecio hacia sus culturas y creencias que emanaba de la pintura y por qué esta debía ofenderles. De nuevo, algunos usuarios les siguieron contestando a esas personas, todas occidentales, blancas y con carreras universitarias, que no había nada de malo para con la pintura y que no tenían por qué sentirse ofendidos ni tenía que tratarse de un caso de apropiación cultural, fuera lo que fuere eso último. No obstante, insistieron en que ellos tenían que tener la razón y tanto Raquel como el padre Cruz acordaron dejar de perder el tiempo con esas personas expertas en agotar su paciencia. Esa misma tarde marcaron un día en sus agendas para tomar un café y que la artista recibiera un pago por su labor.

La tarde en cuestión el padre le confesó a la artista en la mesa de un bar de toda la vida que le habían llamado pedófilo por internet y le habían acusado de violar niños sin pruebas ni testigos, solo por maldad, y que encima él, como acusado, tenía que demostrar su inocencia. En respuesta a eso, Raquel le contó que no era la primera vez que veía un derroche de incultura, de soberbia y de negatividad en internet. El padre Cruz opinaba que la gente ya era inculta, soberbia y negativa mucho antes de internet, pero que gracias a la red de redes esas tendencias cobraron visibilidad y cada vez era más fácil que personas con una mentalidad similar entrasen en contacto y, como resultado, la gente se volvía cada vez más intolerante por motivos más banales, como llevaba ocurriendo desde el principio de los tiempos pero mucho peor, porque en la era de la información quien deseaba creen en la manipulación ya no era considerado un ingenuo, sino otro ingenuo más.

Ni café, ni infusiones, ni refrescos, pidieron dos cervezas. Cuando llegaron, el padre le entregó un sobre a Raquel. En él había una nómina en toda regla y cincuenta euros en billetes de diez.

—Así en la papelería no te dirán que no tienen cambio.

—Muchas gracias —contestó Raquel—. Padre, una pregunta. Verá, nunca he entendido muy bien por qué, ahora que no mucha gente cree en ninguna religión, los seres humanos se siguen peleando unos con otros solo por pensar distinto y se atreven a agredirse, insultarse y buscar acciones legales por tonterías. He llegado a recibir amenazas de muerte y todo. ¿Por qué cree que los humanos nos seguimos llevando tan mal?

—Ojalá tuviera una respuesta clara y objetiva para esa pregunta. Tal como yo lo veo, hija, a lo largo de la historia, el ser humano ha tenido ideas y ha sentido la necesidad de compartirlas con el prójimo, muchas veces sin consultarle al mismo su opinión acerca de esas ideas o llegar a preguntarse si esas ideas eran lo mejor que se les podría ocurrir. Ahora las religiones han perdido buena parte de su poder, como bien has dicho, pero eso no es del todo acertado. Hay ciertos conjuntos de ideas, ciertas ideologías, o ciertos planeamientos acerca de esto y aquello que algunas personas tienen por dogmas y se los autoimponen sin darse cuenta. De este modo, todo aquel que ose demostrarles que en toda la historia del arte se han copiado ideas y se han hecho homenajes entre autores, y que es lo normal, es un hereje o el calificativo que quieran ponerle en la actualidad. Ven traiciones, crímenes y barbaridades donde hay arte, imperfecto pero arte, a la vez que ignoran problemas reales que van mucho más allá de «la idea original, que no cuaja para este público y que incluirla sería una mala idea, decía no sé qué».

Brindaron por el decoro en el trabajo e hicieron chinchín.

guerra

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Reminiscencia de moralejas positivas escondidas en una serie de mi adolescencia – Goddard era un perro de verdad

Esto en un principio iba a ser un viaje a la nostalgia. Una entrada acerca de en una serie de la que tengo buenos recuerdos en la cual contaría alguna curiosidad, trataría de hilar varios temas que se tocan en la serie y la recomendaría (o no) para los jóvenes de hoy en día. Hablaría de su magnífico doblaje o de la animación en 3D con una calidad más que aceptable. Pero, por cómo está la vida y los temas que preocupan a gente joven, sobre todo de Estados Unidos, le daré una vuelta de tuerca, sin ser hacer sangre. ¿Os suenan esas moralejas de las series de la infancia en la que los personajes aprenden que no se puede juzgar a una persona por su apariencia? Qué tiempos. Dudo que en las series que ven los niños de hoy en día se den estos mensajes. Si me equivoco, comentadme qué moralejas positivas le dan a los chavales.

Si eras joven durante los años 2000 es muy probable que te suene Jimmy Neutrón, el niño inventor. Era una serie infantil más, aparentemente. Un niño de unos 10 años, muy inteligente, que creaba inventos. Aparte de él y su perro robot, podríamos destacar sus dos mejores amigos: el arquetipo del niño gordo con gafas, alérgico a casi todo y con voz chillona, y por otro lado un mal estudiante, fanático de su serie favorita y un poco rebelde pero con buen fondo. Vamos, un Milhouse y un Bart Simpson con ligeros cambios y bastante más planos. Había más personajes interesantes, como una chica rubia con la que Jimmy tenía una relación amor/odio, una chica negra apasionada se la música, una profesora que parecía una momia, etc. Pero centrémonos en Goddard, el perro robot de Jimmy que él mismo construyó. Daba opciones a su dueño para resolver los problemas que le surgían, tenía mil funciones acordes a la situación, se propulsaba… me encantaba Goddard.

Hace poco, durante una tediosa jornada de trabajo, me puse a pensar en esas personas que formaron parte de mi entorno durante una temporada hasta que me aparté de ellas por su toxicidad.

[Lejos de tener una mente abierta y no juzgar a nadie sin conocer a esa persona, juzgaban a la gente por su color de piel, sexo, orientación sexual o ideología política, especialmente este último rasgo cambiante. Hacían como si la personalidad no existiera, como si no fuéramos seres individuales (puede que ellos no lo fueran) y juzgaban a la gente por su cáscara o basándose en criterios ideológicos. Y eso tiene un nombre: sectarismo.

Si te ha pasado, te recomiendo que te alejes de esas personas. No te aportarán nada a menos que te amoldes a sus dogmas. Y si tienes esos dogmas, que sepas que son una construcción social, tal vez fruto del victimismo y el lloriqueo constante. Con esa actitud no vas a ayudar a nadie, solo lavas cerebros o simplemente haces el ridículo.]

Volviendo al tema, en un capítulo de esa serie hay un concurso de mascotas. Goddard iba a ganar el primer premio por ser un perro brutal capaz de propulsarse, como ya he dicho. La niña rubia pesada (así la llama un personaje secundario a pesar de que su nombre es Cindy) se queja de que Goddard es un robot, el juez le da la razón y el premio es para ella y su bulldog. Más adelante, en el mismo capítulo, el bulldog está harto de su dueña autoritaria, la cual lo está paseando sin correa. El bulldog ve un gato en mitad de la calzada y lo empieza a perseguir. La niña sale detrás de él, llegan al centro de un carril, una limusina con un conductor distraído pasa por la carretera y se aproxima a ellos, el gato huye, pero para la niña y el perro es demasiado tarde. Con una simple orden, Goddard va a salvarlos y los deja en un lugar seguro. Incluso después de que la chica dijera cosas bastante crueles contra el perro robot.

El tipo distraído de la limusina ve lo que acaba de pasar y le da un premio honorífico a Goddard por su rescate. Durante su breve discurso menciona la bondad y lealtad de Goddard, propias de cualquier perro, y menciona que tal vez sea una máquina, pero por dentro es todo un perro de verdad.

Y, volviendo a mis examigos sectarios quejicas, ¿veis la moraleja? En la serie ven más allá de la carcasa. Por el contrario, esos modernos «superprogresistas» de los que alguna vez formé parte creen que una persona puede ser de cualquier género siempre y cuando lo sienta (y estoy de acuerdo con ellos), pero también defienden que lo más importante es poner etiquetas y defender las suyas como si estas los convirtieran en seres de luz. Más que progresistas, son gente regresionista que juzga a las personas por lo que no han podido elegir, con la diferencia de que muestran su desprecio por el hombre blanco, occidental, heterosexual, que asume su género y otras nimiedades que les importan mucho. Ni que les pagaran por emitir prejuicios del siglo XXI traídos de Estados Unidos. No, lo hacen gratis, aunque sus entidades se mantienen gracias a subvenciones.

Ni el carácter, ni los pensamientos, ni los cambios internos, ni los estudios, logros, gustos, preferencias, trabajo, moral, ética, valores, visión de futuro ni nada que se te ocurra definen lo que eres, según ellos. Lo que te define según su doctrina es lo que no puedes elegir (sexo, color de piel, origen étnico, orientación sexual…), y si no eres como les gustaría (no hace falta que especifique que les gusta lo que digan sus agendas políticas), se inventan que hay opresión y violencia estructural e histórica por gente como tú hacia el resto. Y que si no te afliges en todo momento estás contribuyendo a la opresión. Porque sí, porque lo dicen ellos, y porque no aceptan el debate.

Ya dijo Churchill que: «Intentar mantener buenas relaciones con un comunista es como cortejar a un cocodrilo. Cuando abre su boca, no puedes decir si está intentando sonreír o preparándose para engullirte». Sí, se declaran comunistas. Al menos los que conozco. Y muchos se dedican a la enseñanza. Compadezco a sus alumnos.

Más referentes como Goddard y el caballero despistado, y menos victimismo e infantilización de las personas, por favor.

PD: Sí, sé que si este blog tuviera más difusión lloverían comentarios negativos o explicaciones que nadie ha pedido. Y si te ha disgustado y no quieres seguir leyéndome, pues no lo hagas.

«L’inferno» de 1911, ¿el comienzo de cuántas cosas?

Por su 108 aniversario, que se dice pronto y no se reflexiona tanto como se debería, vi la película que nos ocupa hoy: L’inferno. La primera adaptación al séptimo arte de la Divina Comedia de Dante. Considerada también el largometraje más antiguo hecho en Europa que se conoce, la primera película surrealista de la historia, posiblemente también la primera película de terror… una cinta pionera en toda regla.

Tras un rodaje que duró tres años y que necesitó de la colaboración de 150 personas, se logró estrenar en Nápoles y enseguida rozó el éxito como si los responsables hubieran hecho un pacto con el diablo. Poco después se proyectó en Estados Unidos, donde recaudó 2 millones de dólares, una cifra impresionante para la época. Claro que en el país de la libertad los dueños de los cines aprovecharon el éxito para subir los precios de las entradas para este film. Ah, la ley de mercado en todo su esplendor.

Las imágenes que nos brinda son lo que se puede ver: muchos efectos especiales para su época. Podría ser también la primera película en incluirlos en grandes cantidades.

Pero que nadie espere nada más allá de cabezas gigantes y planos que crean ilusión de grandeza o pequeñez. Si habéis visto cortos de los inicios de Buñuel o Segundo de Chomón ya sabréis a lo que me refiero. Tiene su gracia ver a los personajes flotar, salir volando, aterrizar y esas cosas que veríamos en un espectáculo de magia. El momento más destacable, sin dudarlo ni un suspiro, es también el más polémico, en el que Mahoma aparece en el inferno sujetando su propia cabeza al estilo de Perseo y la Gorgona. Me pregunto si esa imagen herirá la sensibilidad de los creyentes. Si algún musulmán la ve espero que no entre en cólera. Después de todo, podemos deducir que la mayoría de los condenados que salen en la película serían cristianos. En fin, en estos tiempos en los que la gente se enfada por cualquier nimiedad como una película de hace tiempo, paso de tomarme más molestias. Pues, uno de los motivos que me empujaron a ver la película fue esta escena. Hasta día de hoy la representación de personajes de la religión dan de qué hablar, y esta en concreto dejaría sin palabras a muchas personas impresionables.

En serio, cuando salió esta película Buster Keaton y Charlie Chaplin no habían empezado a hacer películas. Es incluso anterior a la I Guerra Mundial. Y ya que no puede competir tecnológicamente con una película de terror actual, por lo menos tiene algo de controversia que hoy en día no podría producirse en una película de un gran estudio. Por eso me gusta el cine sin tabúes, sea de la época que sea.

Respecto a la banda sonora, es otro acierto. Parecería que es muy posterior a la fecha de realización de la película, pero todo apunta a que no. Creo que si se pusiera de fondo en una discoteca gótica no desentonaría demasiado. Y en una fiesta de Halloween también sería bien recibida como acompañamiento mientras desconocidos disfrazados interactúan entre ellos envueltos en alcohol y nocturnidad.

La cinta tiene puntos fuertes, como la inspiración en las ilustraciones de Gustave Doré o la desnudez de múltiples personajes, la cual no genera excitación sino repulsión. A menos que sea vista desde la perspectiva de un necrofílico, supongo. El caso es que pone los pelos de punta en varias escenas.

A lo largo de uso 70 minutos, Dante y Virgilio recorren el infierno tal como en el poema, con alguna variaciones como que aparezca Mahoma y no salga Judas, pero eso lo achaco a limitaciones técnicas, licencias poéticas y que el director tuviera preferencias o fobias un tanto antirreligiosas. Mezclado todo con escenarios sucios donde llueve sin cesar y carteles para explicar lo que ocurre.

Gracias a YouTube se puede ver online con los carteles traducidos en forma de subtítulos. Así que si tienes algo más de una hora para quemar y te apetece ver una cinta de los orígenes del cine con algo que aportar, te la recomiendo. Aviso de antemano que no es ninguna obra maestra, que puede hacerse aburrida y que lo que podría motivar su visionado es la mera voluntad de ver un producto transgresor y controversial que solo por eso puede superar la barrera del tiempo. Más bien, la roza. Pero en una época en la que las buenas películas de terror se cuentan con los dedos de una mano y cintas del montón o mediocres hay decenas, puede adquirir cierto valor relativo por comparación.

Y poco más queda por decir.

Esos libros regalados por los autores. Paso de leer «tonteridas». Traicionando principios otra vez.

Trataré de ser breve. No, no soy un influencer (detesto esa palabra y la comparo con la gripe, pero eso es otro tema). Sin embargo, desde que comencé el blog me han regalado tres libros. Y no podían ser más variados. Uno digital en castellano, otro digital en inglés, y otro en castellano y en papel, que aún estoy por ir a recoger.

Supongo que por inseguridad o por empatía, mi idea era leerlos y hacer una gran reseña para cada uno a la altura de la generosidad que los autores tuvieron conmigo.

No obstante uno crece y pasa por experiencias. Recuerdo cuando hacía reseñas de discos en Metalkorner y nos llegaban discos normalillos o aburridos. Por norma general los ignorábamos o hacíamos una crítica en la que hablábamos de forma genérica sobre ellos. No estaba de acuerdo del todo con esa idea, pero tampoco me parecía que darle importancia valiese la pena. Después de todo, nos los enviaban para que hablásemos bien de ellos, y a veces llegaban discos en físico y promociones.

Como el vaivén de un péndulo, la historia vuelve a repetirse. Hace algo más de una semana abrí uno de los libros, el digital en castellano más concretamente, y no aguanté 20 minutos y 15 páginas con muy poco texto. Muy poco. Parecía un cuento infantil escrito por los niños de South Park a modo de fanfic sobre el señor Garrison en la época en la iba travestido de mujer.

Traté de leerlo despacio para disfrutarlo y sacarle todo lo bueno que tenía. Es más, la autora me aseguró que le gustaría que la recordasen como su protagonista: una adulta fracasada, malhablada y sin apenas amigos que no cuenta nada interesante y ni siquiera su desastrosa existencia es divertida. Se pone metas que no cumple porque no se esfuerza y se frustra más que ese tío con Asperger de esa serie que no dejan de repetir a todas horas en una cadena de televisión española. Y yo creía que era inseguro, madre de Dios.

El día que me lo regaló me dijo que contó con la ayuda de amigos suyos a los que les gusta escribir pero no muestran casi nada de lo escriben, y empiezo a entender por qué. Lamento ser cruel, pero tengo poco tiempo para leer. De hecho, raro es que pueda estar escribiendo esta entrada.

Además, el libro está plagado de códigos QR para darle un toque interactivo. Esos códigos conducen a un vídeo en YouTube de apenas 30 o 40 visitas cada uno. Encima, el segundo vídeo era de gatos. Si necesitas poner enlaces en un libro a un vídeo de un gato para que tengan visitas, y aún así no lo logras, tu vida tiene que ser muy triste. En el prólogo hay varias advertencias, como que hay palabras inventadas y palabrotas, pero no dice que vas a perder el tiempo.

De modo, si un/a escritor/a te regala un libro que ha escrito y resulta ser una plasta de vaca, díselo para que mejore. Solo el necio se enfada de que lo corrijan.

Yo mismo recuerdo haber regalado el único libro que tengo publicado, y es una absoluta basura. Así que lo siento por esa gente. Procuraré escribir mejor. ¿Me mereceré estas malas lecturas por aquella porquería? Menos mal que lo publiqué bajo un pseudónimo, la editorial quebró y casi nadie lo tiene.

He mantenido el nombre de la autora en el anonimato por respeto y porque no quiero causarle malestar. Si la vuelvo a ver, le diré que me pareció horrendo y me provocó dolor de cabeza. En serio, si un libro no te entretiene, si en lugar de transportarte a una historia o un mundo interesante te presenta todo aquello de lo huirías en la vida real, ¿para qué lo vas a leer? Lo lamento, pero una amistad no justifica tanto sufrimiento. ¿Y qué me iba a aportar un libro tan insulso? Lo reitero, lamento la crueldad pero la honestidad es objetiva y nada más.

Para rizar el rizo, al día siguiente de abandonar el libro, cogí La fundación de Asimov de mi estantería, ya que me lo compré hace casi un año y ahí estaba, y me lo leí en siete días, invirtiendo una hura y cuarto al día aproximadamente. Es una obra maestra, y en breve leeré toda la trilogía de esta especie de Canción de hielo y fuego en el futuro, como dijo Dross años ha, en el sentido de que tiene una trama política bien trabajada. Siempre hay libros buenos al alcance de un lector molesto por un producto de calidad menor aportado por una amistad.

En fin, lamento la sinceridad sin filtros de mi bocaza. Sed felices y si podéis disfrutar de un libro como ese pues os envidio. Y no tengáis tanta inseguridad, preciosos y preciosas.

Hasta la próxima entrada.

Viaje a la nostalgia 3: «El libro de la selva» — Cuando se dieron cuenta de que Shere Khan era cojo, cobarde y un mal cazador tuvieron que cambiarle la personalidad

(Esta entrada está llena de spoilers. Quien avisa no es traidor, así que tuya es la decisión de aventurarte a que te destrocen la infancia o te muestren una historia que ya conocías con un toque distinto)

Para este viaje a la nostalgia he leído por fin la obra de Rudyard Kipling y mi sentido común me dice que he hecho bien en haber esperado. Si lo hubiera hecho unos años atrás no me cabe duda que mi desprecio por las adaptaciones que poco o nada tienen que ver con el material original se habría lanzado sobre todas las adaptaciones por no ser fieles al texto del autor premiado con el Nobel. O tal vez me habría enfadado con el libro por haberme «destrozado la infancia». La obstinación del bebé gordo y chillón que habita en el corazón de todo nostálgico o ser inseguro no es la parte más bonita de la personalidad de un friki de mierda, se ve a leguas. No obstante, los tiempos cambian, los gustos también y he podido disfrutar de una de las obras que le dio el galardón a un escritor joven, el primero en escribir en lengua inglesa y lograrlo, y que da la casualidad que vino de oriente para darnos a occidente una lección de respeto hacia los animales y de cómo un mini Tarzán tampoco se adaptaría a una vida civilizada con otros seres humanos. Sí, todo lo contrario de lo que nos dijo Disney con aquella maravillosa película.

Recuerdo con mucho cariño aquellos días, pegado a la tele con mi preciada cinta en VHS. Mientras la mayoría de los críos de mi generación prefería las películas de los 90 (Aladdín, El Rey León, La Bella y la Bestia, Hércules…), mis clásicos de Disney favoritos eran títulos de los 50-60 como La Cenicienta, 101 Dálmatas o, la que era mi favorita, El libro de la selva. No hace mucho tiempo volví a verla con una persona tan fan o más que yo y fue muy raro vernos a los dos cantando Lo más vital y otros temas. Ojo, repetiría la experiencia todos los años. Pocas amistades hay más bonitas que la de dos frikis de mierda. Tal vez una entre dos idiotas, pero de eso hablaremos otro día.

Bien, olvidaos de la película si pretendéis leer a Kipling. El libro original ni es infantil ni tiene un final feliz. En su lugar hay crudeza, maldad y la segunda mitad del libro no tiene nada que ver con la historia que todos conocemos. Quien no lo sepa, que tenga en cuenta lo siguiente antes de ponerse a ello: El libro de la selva es una recopilación de cuentos. Y los cuatro últimos nada tienen que ver con Mowgli y compañía. En su lugar son historias sobre otras criaturas, como los camellos, las focas, las serpientes y las mangostas o los elefantes, en los que se pone de manifiesto que el mayor peligro para ellos es la maldad del hombre. No me parecieron interesantes, la verdad sea dicha. Entiendo que en la época, finales del siglo XIX, serían revolucionarios y rememorarían a San Francisco de Asís, pero a día de hoy no son más que un puñado de historias anecdóticas anticuadas. Algo así como ver Emmanuelle buscando erotismo y sentir picores.

Volviendo al cachorro humano, sus cuentos muestran un niño criado por lobos a quien un tigre pretende cazar por miedo a que lo cace a él cuando crezca. Hasta que lo leí no me di cuenta de un hecho que de pequeño pasó desapercibido ante mis ojos: Shere Khan es un cobarde. Y no solo eso. En los cuentos también es cojo de nacimiento y un mal cazador. Los lobos, organizados, lo podrían matar en un santiamén. Pero los caninos se rigen por la ley de la selva y no atacan si no es para comer o defenderse. Y es raro ver a Shere Khan suplicar a los lobos que le dejen comerse al niño, dar argumentos para que se lo den a él, tener amigos como chacales que lo ayuden o caminar con torpeza. El tío solo caza el ganado custodiado por los hombres, razón por la cual los humanos se la tienen jurada y un cazador pretende matarlo y colgarse una medalla, y tal vez extender su piel en el suelo del salón y colgar la cabeza en la pared.

También es raro que en esta historia Baloo sea un personaje bastante civilizado, serio y amigo de los lobos. Todos recordamos al oso bailón, cantarín e incluso representante de ciertas características del anarquismo de la película de Disney. No obstante, aquí ejerce de maestro para el chiquillo, como en la película, pero sin canciones ni diversión, solo mano dura. En su lugar, es Bagheera quien vive solitario en la selva y le da otras lecciones que no consisten en luchar, sino en ver el lado bueno de los hombres.

Pero para cambio significativo, la escena del fuego. En el cuento es mucho más corta, no hay buitres que parodien a los Beatles y definitivamente me quedo con la lucha de la película, la cual sigo considerando una genialidad muy bien ejecutada. Aunque peor decepción fue darme cuenta de lo que pasó después del secuestro de los monos. Ahí el chico también disfruta hasta cierto punto de la locura que desatan los simios, que en el cuento supera y por mucho a la de cualquier adaptación. Lo que le falta es el rey Louie y sus andares paródicos de la cultura del jazz, que en la actualidad se han interpretado como un estereotipo racista. Quién sabe. Walt tuvo sus flaquezas en cuanto a opiniones sobre otras razas. Ay, si hoy levantara la cabeza y descubriera que la compañía que lleva su nombre la dirigen judíos.

Es lo que tiene la vida, que te da sorpresas. ¿Queréis otra sorpresa? Pues en los cuentos la serpiente Ka es buena y ayuda en el rescate de Mowgli. Lo cierto es sin ella y con Shere Khan como un gatito incapaz de capturar un niño pequeño, me quedo con el cazador como mejor villano de esta historia. Si recordáis, la película terminaba con el chiquillo volviendo con los humanos. Esto también ocurre en uno de los últimos cuentos, pero todavía queda un giro. El protagonista es como un lobato asilvestrado sobre dos patas que no soporta vivir en comunidad y huye de nuevo a la jungla, tal como Disney plasmó en la secuela. La diferencia está en que el niño rana y el cazador se retan a ver quién captura antes al tigre. Gracias a una manada de búfalos, Mowgli derrota a su enemigo felino. Pero cuando el cazador trata de adjudicarse el mérito, Mowgli por poco no envía a un lobo con el que se crió, hermano Gris, a que lo despedace. El cazador cuenta en el pueblo que Mowgli es un brujo capaz de controlar la voluntad de los búfalos, los humanos le tiran piedras al niño y el asilvestrado envía a la manada a destrozar la aldea. Y fin. Hale, a otra cosa. Existe por ahí una segunda parte, pero no fue muy popular y diría que ni siquiera está traducida. ¿Pero qué digo? Si lo leí en inglés. Lo que me lleva a admitir que pese a que es de otra época y que tiene ciertos modismos propios de India, se puede leer sin ningún problema. En PlanetPDF lo tenéis gratis.

Recapitulando que es gerundio, si hubiera leído estos cuentos de joven estoy seguro de que los habría odiado con toda mi alma pueril. Con el paso de los años y de las decepciones he aprendido a canalizar esta postura hacia aguas más puras. No dejo de adorar la vieja película de Disney, sigue siendo una de mis cintas favoritas de la factoría. Incluso he escrito esta entrada con la banda sonora puesta. Es maravillosa, es la infancia de uno.

Respecto al libro, tampoco dejo de recomendarlo si aún no lo has hecho y te encantó la película de los años 60. Bien es cierto que va dirigido a un público adulto, que es mordaz en algunos puntos y que podría destrozar la infancia de muchos. ¿Y? ¿Qué ocurre con los que necesitan saciar su curiosidad?

Hablando de curiosidad, según he consultado, hay otras adaptaciones por ahí que no sé hasta qué punto pueden considerarse adaptaciones. Ya sabéis, series y películas educativas o meramente pasables dirigidas a niños pequeños. Incluso existe una película india anterior a la de Disney en la que ya utilizaron actores y animales reales. No obstante, parece alejarse demasiado del original y no la he visto. Pero era obvio que filmar una historia así, en cualquier época, sin recurrir a la animación es un reto ambicioso que no se justifica.

Antes de ponerme a escribir la entrada decidí ver el remake de Disney de hace un par de años. Ahora que la productora ha decidido rescatar sus mejores clásicos para sacar más dinero (seamos claros), le eché un vistazo. Honestamente, me la esperaba peor. A riesgo de ser repetitivo, no me habría gustado de haberla visto hace muchos años. Pero no es más que eso, una pieza más de entretenimiento para matar el tiempo.

Entiendo que en la vieja tuvieran que rellenar el argumento con elefantes, una niña recogiendo agua y una serpiente retorcida. Tenían que llegar a la hora y veinte minutos, se dirigían a un público infantil y algo había que hacer. Sin embargo, no está claro a qué público va dirigido el remake. Por ejemplo, hay un momento en que se vuelve algo oscura al contar el pasado de Mowgli, y muestra cómo matan a los padres. Pero más adelante se vuelve una comedia en la que Baloo trata de utilizar a Mowgli para que le ayude a conseguir miel para el invierno. Sí, sí, un oso hablando de invernar, del mismo modo que hay un Shere Khan mucho más inteligente que trata de manipular a los lobatos. Por no hablar de un rey Louie nada divertido o de momentos en los que el niño demuestra su capacidad de manipular objetos para recoger agua con un cubo improvisado o sacar a una cría de elefante de las arenas movedizas.

Tras tantas decepciones con las adaptaciones, esto ya no me afecta. Es una película entretenida, perfecta para un domingo con mantita, y los efectos especiales están muy bien. Coño, si les dieron un Óscar. Desde luego, son mejores que la idea del fuego como hilo conductor de la historia. A fin de cuentas, si vas a verla, no creo que te arrepientas. Y sí, esta vez el niño no regresa con los humanos.

Desde luego, es muchísimo mejor que otro intento que hizo Disney hace unos años al intentar adaptar a imagen real sus clásicos. ¿Recordáis los 101 dálmatas con Glenn Close? Pues imagínate unos animales salvajes reales que a duras penas mueven la mandíbula con voces humanas de fondo. Me da igual que eligieran a Constantino Romero para poner la voz a Shere Khan, decisión que también se tomó con la secuela en dibujos animados, porque da mucha grima. Es una película aburrida hasta decir basta.

¿Y ahora qué? ¿Habrá nuevas versiones? Estoy seguro de que sí. Y si son realmente buenas o increíblemente decepcionantes es posible que caiga una reedición de esta entrada. Ya veremos.

Hablando del futuro, tengo por ahí unos cuantos libros a los que les debo una reseña. Puede que dentro de poco escriba una de un libro que me regaló su autora (en formato digital pero es un regalo al fin y al cabo). Lo que me echa hacia atrás es que tiene colaboraciones de amigos suyos, amigos cuyo estilo conozco y detesto. Tiene todos los números para que no me guste. Si no hay una entrada con esas características en los próximos meses, es que ha sido una decepción más gorda que el rey Louie. Tanto que si lo tuviera en papel, no me gustase y tuviera más seguidores haría un concurso y el ganador o ganadora se llevaría el libro como premio. ¿Qué clase de concurso? Uno de sujetarme la polla a pulso.

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«Tres enanos y pico» de Ángel Sanchidrián sinopsis de una novela fantástica, en más de un sentido (y algo de turra al final)

La historia comienza con Wifo Medroso preparándose para un viaje. Wifo es un chiquín enclenque, más maniático que un niño pijo y estudiante de Enanología, el cual recibe una beca para hacer una especie de Erasmus y estudiar unos meses a una ciudad enana.

No, no es que la ciudad sea pequeña, sino que está habitada por enanos peludos, borrachos y divertidos, valga la redundancia. Porque esta novela se ambienta en un mundo de fantasía medieval al estilo de El señor de los anillos pero como si Terry Pratchett hubiera metido sus ideas locas para criticar la sociedad y satirizar el género de la novela de fantasía.

Por lo tanto, a Wifo todo le sale mal porque no es un héroe ni en sus sueños más húmedos y se mete en muchos problemas, varios de ellos por no amoldarse a las costumbres locales o por culpa del exceso de alcohol. No obstante en la cultura enana hay sitio para un vegano abstemio a quien no le quitarán el saludo a cabezazos. Cabezazos con saltito incluido, se entiende.

El más gordo de sus problemas es que justo durante su estancia en la ciudad enana de Villatrifulcas se desencadena una guerra entre razas del copón. Los elfos, hartos de verse rodeados de toda esa chusma, que es como se refieren a todo aquel que no sea elfo, deciden planificar un conflicto para exterminarlas. Para ello inventan la cerveza, para atontar sus cuerpos débiles, y luego se organizan para que se maten entre ellas.

Haciendo un paralelismo con la Segunda Guerra Mundial, los elfos serían los nazis y los enanos podrían ser los judíos. Pero más allá de referencias a la reseña furiosa de Lucio y Carlos (¿alguien habrá captado esa referencia?), Tres enanos y pico es el libro perfecto para regalar al amargado de turno solo porque sabes que no le va a gustar.

A lo largo de más de trescientas páginas nos encontraremos con criaturas fantásticas, algunas bastante originales y otras no. Cabe destacar a la madre de Wifo y sus estupendas croquetas hechas con amor, las referencias y sátiras de historias de fantasía que esconden mucha crítica social camuflada, como para que los criticones y ofendiditos no se enteren de nada, y mil cosas con nombres ingeniosos, que es lo que le da la calidad a la novela.

Si bien es cierto que está garantizada al menos una carcajada cada cinco páginas o te devuelven el dinero (o tal vez no), hacia el final de la historia las referencias culturales decaen y la historia se resiente, pero a nadie le importa que un friki se enfurezca por lo que ocurre en mundos ficticios. De todas formas el autor ha prometido una segunda parte y los trollcos de sus fans esperaremos la secuela.

Te la recomiendo si eres un friki que sufre en exceso por obras de ficción o si odias a todos los que no son como tú. Así que ve a la próxima reunión de tu secta con un ejemplar y, no sé, fumad hierba de la risa y gritad «¡Papidoo!» porque es divertido. O si simplemente te gusta reír y los enanos, también te la recomiendo. Te entretendrá un rato, incluso si no eres fan de la fantasía. Pa la gusica 😉

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Imitaciones baratas de las sinopsis de Sanchidrián aparte, no sé que más decir de su libro de fantasía porque ya está todo dicho. Antes de escribir esta entrada me he puesto a investigar qué otras reseñas le han hecho, qué ha dicho la gente y, en mi opinión, quien quiera leer este libro quizá lo haga gracias a las sinopsis, a otros libros del autor, a su Twitter o a otras reseñas que le han hecho. Al final no deja de ser una coña increíble y muy fluida. No pierdas más el tiempo y ve a por él. Si hasta lo tienes gratis en Nubico (ya que lo he podido leer gratis vamos a darles una mención).

¿Qué le saque un fallo? Demasiadas explicaciones, aunque sean graciosas, de lo que acaba de ocurrir a todas horas, que esto no es una sitcom baratucha.

(Un poco de turra y a dormir)

Lo cierto es que cuanto más lo pienso más me doy cuenta de que si quiero que el blog consiga popularidad necesito seguir otra estrategia. Hablar de lo que nadie conoce no da muchas visitas, y hablar bien de libros conocidos funciona hasta cierto punto. Pero lo que me doy cuenta de que lo que funciona, en ausencia del carisma, es la sangre. Revisando las visitas, la entrada de mi blog que más visitas tiene es la de la crítica al libro de Brandon (no es Sanderson, al que aún no le he hincado el diente, sino César Brandon). Ya sé que la culpa es mía por confiar en que un libro de prosa poética barata y entontecida escrita por un tipo que salía por la tele en un talent show no iba a ser decepcionante.

No obstante, no me gusta tener tanta negatividad y con respecto al contenido barato prefiero que caiga en el olvido y su caída no haga ruido. Y, seamos realistas, si la voz recomendadora no es conocida, el contenido recomendado no tendrá mucha difusión por ese canal. Ayuda, y es bueno que cualquiera tenga la libertad que recomendar lo que desee, pero no me compensa. Me está dejando de emocionar.

Publicaré unas pocas entradas más y luego le daré una vuelta al blog. Tengo otras cosas en mente y tengo mucho que aprender antes de continuar por un camino erróneo. No me quedan muchos libros a los que considero que debo una reseña. Y aparte hace tiempo que quiero dar a conocer una sorpresa, pero por el momento me tengo que meter la lengua en el culo, por lo que pueda pasar. Sé que lo puedo hacer mejor, la cosa es que no sé cómo. Y al no tener una señora Medroso en mi vida, tendré que crearla y obligarla a que me empuje, y andando que es gerundio.

¿Qué fue de Aleix Saló?

Estimados lectores, ¿os acordáis de Aleix Saló? Bueno, empecemos por el principio, ¿sabéis quién era? Sí, hombre, el tipo que hizo varios vídeos en dibujos animados explicando de forma sencilla problemas que arrastraba la economía como el estallido de la crisis, la lenta o recuperación que hemos tenido en España (en el caso de que creáis que la hemos superado) o que cuestionan la lógica de la existencia de una Unión Europea.

Bien, han pasado varios años desde su último vídeo, su último cómic y su última entrevista en un gran medio de masas. ¿Qué fue de Aleix Saló? Yo no lo sé, pero no está de más observar su obra en perspectiva, ahora que han pasado varios años desde que se popularizase hacia el 2011 con su primer gran triunfo: Españistán, este país se va a la mierda.

Como casi todo hijo de vecino, la primera vez que supe de este dibujante fue a raíz del vídeo con el título antes mencionado. Dio la casualidad que en ese entonces estaba estudiando bachillerato y por aquella época empecé a sentir cierto sentimiento de rebeldía hacia el mundo de la política y la banca, una profunda misantropía hacia los más idiotas, y uno de los libros que me quería leer era ese cómic. No podía quedarme con las ganas, ya que el vídeo estaba muy bien narrado, explicaba un problema difícil de entender de una forma sencilla, y además me hacía reír con su ironía. Las personas capaces de simplificar una idea compleja, hacerla inteligible para cualquier público y encima hacernos reír en el proceso siempre me han parecido genios. Todo lo contrario de personas y colectivos pseudocultos y postmodernos de cualquier ideología, implicados en la política o la sociedad, que son el combinado perfecto entre somnífero, lenguaje recargado, rancio, barroco y manipulado, y conceptos etéreos o que ya de plano se han sacado de la manga. Por lo tanto, tenía que hacerme con su cómic, aunque fuera en formato digital a través de una tienda online.

No por nada sabía que me encantaría. Después de todo, Aleix era un dibujante y caricaturista para revistas como El Jueves, gracias a su presencia en Glénat publicó su primer cómic, Fills dels 80, y ya tenía algún que otro vídeo como el de la visita del Papa a Barcelona. En su día llegué a ver el vídeo de Españistán un montón de veces y cuando pude leerme el cómic me di cuenta de que no era lo que esperaba, para variar.

El cómic me gustó, me entretuvo y sigo pensando que es una buena obra que gustará a todo aquel que quiera ver como se le tira de las orejas al gobierno, a la oposición, a los bancos, a ciertas empresas, a la población, a la Iglesia… Además, debemos recordar que el término «Españistán» se popularizó a un ritmo vertiginoso durante aquel año 2011 gracias a este artista, y recuerdo con simpatía que cada vez que firmaba algún documento y me preguntaban por mi país de residencia yo deseaba escribir «Españistán». No obstante, en este cómic Saló muestra su lado más friki. Entre la parodia de El señor de los anillos, que el protagonista fuera un poligonero o las referencias a la cultura popular, es sin duda el cómic más divertido de Aleix que haya leído. Y al año siguiente, en 2012, el año del supuesto fin del mundo, fue el momento en que el caricaturista de Ripollet nos dejó la segunda obra que voy a comentar en esta entrada: Simiocracia.

De nuevo, para darle difusión al cómic, Aleix Saló colgó un vídeo en su canal de YouTube. ¿Lo recordáis? Sí, ese donde comparaba a los que nos gobiernan con simios y los tachaba de ineptos. Pues ahora, seis años después, me he leído el cómic y he de decir que, aunque representa una evolución respecto a su antecesor, puede resultar un poco más aburrido. Está lleno de datos, de cifras, de nombres, tras él se esconde una extensa investigación que resultó fructífera, y en cuanto a la comedia deja de lado las referencias frikis para dar paso a un humor mucho más negro. Es muy triste leer este tipo de cómics tan recientes y a la vez tan viejos en perspectiva, porque salvo ciertos puntos no hemos mejorado mucho en mi opinión. No quiero entrar en política ni hacer una masacre con cada simio con traje que os podáis imaginar porque para eso ya está este fantástico cómic. Solo deciros que merece la pena volver a echarle un vistazo.

Y al año siguiente, en 2013, muchos ya dábamos por hecho que Aleix Saló sacaría un cómic y un gran vídeo cada año. Parecíamos estar cerca de esa realidad, porque fuimos bendecidos con el que es, en mi opinión, su mejor cómic de entre los que comento en esta entrada. Europesadilla es una apertura de ojos a todas esas personas que creen que Europa es sola una, creen saber dónde empieza y dónde acaba, le adjudican una mentalidad, valores, etc., y creen que pueden argumentar porqué es el mejor continente para vivir y porqué lo ha sido siempre. Bien, pues mediante hechos históricos, sustentados en muchos casos por alusiones a obras arquitectónicas (insertar referencia a Ayn Rand aquí), Aleix Saló nos hace ver que la historia es muy distinta dependiendo de quién la cuente. Pero lo que no se puede negar es que los egipcios tenían las pirámides, los fenicios eran grandes comerciantes, y los sumerios tenían sociedades muy bien organizadas, mientras que en Europa no había más que tribus enfrentadas entre sí hasta que empezó lo que conocemos como Civilización Griega. Más adelante, en la Edad Media, mientras China contaba con avances que tardaríamos en conocer y el Imperio Árabe aprovechó todos los avances y el saber que los romanos nos habían dejado como legado, en Europa sufríamos monarquías absolutistas, nuestras ciudades apestaban y fuimos víctimas de varias epidemias, además de dejar que las creencias religiosas dominasen nuestra forma de vivir. ¡Cómo han cambiado las cosas! Y hoy en día, con Estados Unidos como el país más influyente, ejemplos como Dubái aflorando en Oriente Medio, un África subsahariana por mostrarnos nuevas formas de ver el mundo y gigantes en Asia que nos superan en tecnología y demuestran ser un caldo de cultivo atractivo para hacer negocios como lo son China, Corea o Japón, en Europa lidiamos con crisis de valores, burocracia, refugiados, el auge de la extrema derecha cada vez más belicosa y de una izquierda más preocupada por de qué ofenderse que de qué puede hacer por mejorar el mundo. Y, para colmo, una profunda crisis de identidad donde ya no sabemos ni qué significa ser europeo. Tal vez porque no significa nada.

¿Y qué ha sido del bueno de Aleix? Después de mostrarnos que España es un país pobre que nunca dejó de serlo, al cual deberíamos llamar «Españistán», de ilustrar a nuestros gobernantes como monos y de sugerir que vivimos en una pesadilla por aceptar una concepción sobre Europa insostenible, ¿qué ha hecho?

Quitando algún vídeo sobre el Sahara Occidental o sobre cómo ven unos países a otros, este señor está desaparecido del mundo virtual. Su cuenta de Twitter no tiene actividad desde hace años, su página web está caída desde hace otros tantos, y no se ven noticias de él. Estamos sin noticias de Aleix.

A sus fans nos habría gustado disfrutar de un cómic anual durante algunos años más, pero no se puede tener todo y a veces tenemos que conformarnos con lo que nos ha dejado. Hubiera querido hablar más en profundidad sobre política, economía o sociedad, pero estos no son ni el lugar ni el formato adecuados para ello. Del mismo modo, tampoco me apetece echar pestes de un libro que dejado a medias porque lo he notado lento, aburrido, me cansan sus microcapítulos de apenas tres páginas y las erratas, y eso que el autor escribe en castellano, no se trata de una mala traducción. En otras ocasiones lo he tolerado en libros descargados, pero en un libro en idioma original y descargado legalmente por una biblioteca virtual de pago no voy a pasar por el aro. Y menos tendiendo otros pendientes. Creo que necesito reírme un poco así que el próximo también será de humor.

Como digo siempre, gracias por leerme y hasta otra entrada.